El sector agropecuario de Colombia se perfila como un pilar fundamental para el crecimiento económico del país en 2026, impulsado por un entorno comercial favorable caracterizado por la estabilidad de la demanda en Estados Unidos y la apertura estratégica de nuevos nichos en el mercado asiático. Las proyecciones indican que, pese a las dificultades estructurales en otras regiones como la Unión Europea, la resiliencia del consumo en las dos mayores economías del mundo ofrecerá una ventana de oportunidad única para diversificar la canasta exportadora nacional y fortalecer los ingresos de los productores rurales.

Según Contexto Ganadero, China se ha consolidado durante el 2025 como el principal destino de las exportaciones de carne de res colombiana, un hito que marca el inicio de una nueva etapa comercial que promete extenderse a otros productos clave como el banano, el café y el cacao, tras los anuncios realizados en la reciente Exposición Internacional de Importaciones (CIIE). El reporte subraya que, aunque Estados Unidos mantiene una demanda sólida y menores barreras arancelarias tras superar sus propios retos fiscales, el éxito de Colombia dependerá de su capacidad para derribar las barreras logísticas y culturales que aún limitan el acceso pleno, tal como lo han logrado competidores regionales como Perú y Chile.

Para capitalizar este escenario, los expertos señalan que el reto para el próximo año será la implementación de estrategias de largo plazo que integren sostenibilidad y eficiencia en la cadena de suministro. La consolidación de estos mercados no solo dependerá de la calidad del producto, sino de la agilidad para adaptarse a los protocolos internacionales, permitiendo que el agro juegue un rol decisivo en la balanza comercial y en la generación de empleo formal en el campo colombiano.

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El mercado de criptoactivos enfrenta una corrección que ha impactado desproporcionadamente a los pequeños ahorradores, con el Bitcoin registrando una caída acumulada del 28,2% desde sus máximos históricos de octubre de 2025. Este descenso, que ha borrado gran parte de las ganancias recientes de los particulares, se aceleró tras las tensiones comerciales geopolíticas, desencadenando la mayor liquidación en la historia del sector, con más de US$19.000 millones en posiciones cerradas en un lapso de 24 horas.

Según Cinco Días, la popularización de los fondos cotizados (ETF) facilitó la entrada masiva de capital minorista, acumulando más de €50.000 millones en activos bajo gestión a finales de noviembre de 2025. Sin embargo, esta accesibilidad expuso a los pequeños inversores, quienes representan 3 de cada 4 euros en estos fondos, dejándolos vulnerables ante la volatilidad del mercado frente a grandes gestoras que sí cuentan con mecanismos de cobertura.

El daño financiero se profundizó en productos apalancados, donde algunos vehículos registraron pérdidas del 80,0% tras el desplome del 34,0% en acciones de empresas vinculadas al sector como Strategy. Estudios de comportamiento revelan que la tendencia a comprar en subidas y vender en bajadas limita drásticamente la rentabilidad real; un inversor promedio en un fondo con retorno teórico del 45,0% apenas lograría un 10,0% efectivo en un lapso de 12 meses, un desempeño inferior al que habría ofrecido un índice tradicional como el S&P 500.

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  • El consumo privado ha sido el héroe inesperado de la economía colombiana en 2025, actuando como el principal motor de crecimiento y compensando la persistente debilidad de la inversión.

Las proyecciones indican que este gasto de los hogares, que representa cerca del 77,0% del Producto Interno Bruto (PIB), continuará siendo el pilar de la demanda interna en 2026, impulsando un crecimiento del PIB que se espera acelere a un rango de 2,7% a 3,2%. El dinamismo estará respaldado por la moderación de la inflación, que, aunque aún desafía el rango objetivo del Emisor, se estima que cierre entre el 4,1% y el 4,3% para 2026, junto con el flujo sostenido de remesas y un mercado laboral resiliente. No obstante, la gran incógnita para 2026 radica en si este impulso enfrentará límites debido a las todavía elevadas tasas de interés y la baja inversión, o si la esperada normalización de la política monetaria liberará un mayor potencial de consumo.

Factores clave del repunte del consumo en 2025

En 2025, el consumidor colombiano destacó por su notable capacidad de adaptación y resiliencia. A pesar de las altas tasas de interés del Banco de la República, que cerrarán el año en un 9,25%, limitando el acceso al crédito, diversos factores de apoyo contribuyeron a que el consumo se mantuviera sólido y estable, algunos de ellos fueron:

Flujo de remesas: el envío de dinero desde el exterior se ha consolidado como un salvavidas de la renta disponible de los hogares, contrarrestando el efecto de la indexación inflacionaria. Aquí será clave a 2026 la mejora en la situación de la diáspora colombiana en Estados Unidos.

Mercado laboral: aunque con desafíos, la tasa de ocupación se mantuvo en niveles que, sumados a los ingresos por remesas, permitieron un gasto continuo, especialmente en servicios.

Cambio en el patrón de gasto: el consumidor se volvió más estratégico y planificador, optando por un consumo más racional y enfocado en valor. Esto se evidenció en la estabilidad de los discounters y el aumento del gasto por ocasión de compra, compensando la menor frecuencia.

Este impulso condujo a una aceleración del PIB en el tercer trimestre de 2025, con el consumo privado y público liderando, lo que permitió un sesgo positivo en las proyecciones de crecimiento.

¿Qué oportunidades y riesgos tiene el consumo de cara al 2026?

La proyección para 2026 anticipa una aceleración gradual del crecimiento económico, con el consumo manteniéndose como el principal motor, aunque influenciado por las decisiones de política monetaria. Se espera que los recortes graduales en la tasa de intervención del Emisor comiencen, en un escenario optimista, hacia el tercer trimestre de 2026. Para finales del año, las proyecciones sitúan la tasa de política en torno al 7,5% o incluso menos, dependiendo del ritmo de convergencia de la inflación, lo que constituye el factor más determinante.

Mientras las tasas permanezcan elevadas, la adquisición de bienes duraderos como vehículos y electrodomésticos, así como la demanda de créditos de consumo e hipotecarios, continuará limitada. Este entorno afectará especialmente a las empresas de los sectores de construcción y manufactura, que dependen en gran medida de la inversión, enfrentándose a una recuperación más lenta.

En el mediano plazo, una vez que los recortes se materialicen y se transmitan a las tasas comerciales, se espera un repunte significativo del crédito y la inversión, lo que liberaría el consumo reprimido, especialmente el financiado. Esto consolidaría la aceleración del PIB.

Sectores ganadores y perdedores en consumo a 2026

Sectores Dinamizadores (Corto y Mediano Plazo):

Servicios: especialmente en entretenimiento, turismo de experiencia y actividades financieras.

Comercio (Alimentos y servicios esenciales): mantendrá su resiliencia. Las marcas propias seguirán ganando cuota, reflejando el consumidor estratégico y sensible al precio.

Sectores en Recuperación (Mediano Plazo – finales de 2026 y principios de 2027):

Construcción y manufactura: si bien han enfrentado contracciones, las señales de recuperación para 2026 son mejores. La estabilización de costos de insumos importados y la expectativa de nuevos proyectos de vivienda e infraestructura impulsarán la inversión fija, un componente clave que debe sumarse al motor del consumo.

Una visión cautelosa de la situación de consumo a 2026, también debe considerar que sin una fuerte recuperación de la inversión fija (estancada en niveles bajos, cerca del 17,0% del PIB) el crecimiento es insostenible. El consumo de 2025 fue, en parte, el resultado de una normalización postpandemia y de la absorción de los choques inflacionarios. Si la inflación no converge rápido y las tasas no bajan antes de lo esperado, el nivel de endeudamiento de los hogares podría volverse una restricción más fuerte en 2026.

En conclusión, la economía colombiana en 2026 navegará entre la resiliencia del consumo y la recuperación incipiente de la inversión. La sostenibilidad del crecimiento del PIB en el rango de 3,0% dependerá de un aterrizaje suave de la inflación que permita al Banco de la República desatar el canal crediticio. El consumo no ha alcanzado su límite, sino que está a la espera de un desbloqueo monetario. Las empresas y sectores que se anticipen a esta dinámica, invirtiendo en eficiencia y experiencia de cliente, serán los que capitalicen la aceleración de la demanda interna en el mediano plazo.

La actividad industrial en Colombia registró un comportamiento favorable durante el décimo mes del año, alcanzando una variación anual del 1,1 % en su índice de producción real. El resultado positivo marca una recuperación frente a la volatilidad observada en ciclos previos y fue jalonado principalmente por el desempeño de tres de los cuatro grandes sectores que componen el indicador, logrando contrarrestar la caída persistente en el rubro de explotación de minas y canteras, que continúa restando impulso al agregado nacional.

Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), el sector manufacturero y el de suministro de electricidad y gas presentaron crecimientos idénticos del 1,9%, mientras que la captación, tratamiento y distribución de agua lideró las variaciones positivas con un alza del 2,7%. Al desglosar las 26 actividades industriales monitoreadas, se evidencia que 18 de ellas reportaron cifras favorables, destacándose la fabricación de otros tipos de equipo de transporte y la de vehículos automotores, las cuales se dispararon un 23,1% y un 19,2% respectivamente, consolidándose como los motores de la reactivación fabril.

En el consolidado del año corrido, que cubre de enero a octubre de 2025, el Índice de Producción Industrial (IPI) acumula un leve crecimiento del 0,4% frente al mismo periodo del año anterior. Esta cifra refleja, por un lado, la industria manufacturera ha logrado expandirse un 2,2% en lo que va del año, mientras que el sector de explotación de minas y canteras profundiza su crisis con una contracción acumulada del 6,3%, afectada principalmente por la menor extracción de carbón y petróleo.

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La Comisión Séptima del Senado archivó por segunda vez el proyecto de reforma a la salud del Gobierno Nacional con 8 votos a favor del archivo y 5 en contra. A pesar del intento del Ejecutivo por reestructurar el sistema y modificar el rol de las EPS, la falta de consenso político frenó la iniciativa. Sin embargo, el senador Fabián Díaz radicó una apelación de última hora firmada por cinco congresistas. EL intento busca revivir el debate en otra comisión o en sesiones extraordinarias convocadas por el presidente.

Según La República, el principal detonante del hundimiento fue la incertidumbre financiera, denunciada por senadores. Ellos cuestionaron la solidez del aval fiscal. El Ministerio de Hacienda había proyectado ingresos para el nuevo sistema por $112,0 billones. Estos ingresos se repartían en $44,0 billones de aportes de la Nación, $37,5 billones de cotizaciones y $20,0 billones del Sistema General de Participaciones. Sin embargo, informes técnicos de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF) advirtieron que las cuentas de cotizaciones no eran realistas. Esto se debe a una informalidad laboral superior al 50,0%.

El análisis de ANIF subrayó además que la implementación paralela de la reforma laboral podría destruir 180.000 puestos de trabajo en su primer año. Lo anterior golpearía directamente la base de cotizantes necesaria para sostener el modelo. Adicionalmente, se cuestionó la dependencia de los impuestos saludables, cuyo recaudo es volátil. Dado que el consumo de estos productos cayó del 24,2% en 2022 al 19,2% en 2023, se puso en riesgo los $2,3 billones anuales que el Gobierno esperaba obtener por este concepto.

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El Congreso de la República aprobó en último debate la histórica reforma a los artículos 86 y 87 de la Ley 30 de 1992. Esta reforma establece un nuevo esquema de financiamiento para las Instituciones de Educación Superior (IES) públicas. Además, promete transformar la sostenibilidad del sector. La iniciativa desvincula el presupuesto del Índice de Precios al Consumidor (IPC) y adopta el Índice de Costos de la Educación Superior (ICES) como base de cálculo. Lo anterior permitirá cerrar la brecha estructural de recursos. Así se garantizará un flujo de caja acorde con los gastos reales de funcionamiento e inversión de las universidades.

Según Caracol Radio, la modificación legal proyecta un impacto fiscal positivo de $18,7 billones constantes entre 2027 y 2040. Los recursos serán fundamentales para subsanar un déficit acumulado que supera los $17,0 billones. El nuevo modelo no solo beneficia a las universidades tradicionales. Por primera vez incluye una base presupuestal permanente para las Instituciones Técnicas, Tecnológicas y Universitarias (ITTU) equivalente al 0,05% del PIB. Además, asegura equidad en la distribución de los fondos estatales. Así fortalece la cobertura en las regiones más apartadas.

La reforma, que ahora pasa a sanción presidencial, representa una victoria significativa para el movimiento estudiantil. Busca elevar progresivamente la inversión en educación superior pública hasta alcanzar el 1,0% del PIB en los próximos 15 años. Al eliminar la dependencia exclusiva de la inflación y atar los aportes al crecimiento económico real de la nación, se espera estabilizar las finanzas de 64 instituciones públicas. También se busca mejorar la calidad académica sin comprometer la gratuidad para los estudiantes de menores ingresos.

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  • Informalidad del 55 %, incremento en el terrorismo, crisis en salud, riesgo de racionamiento y déficit fiscal superior al -7 % marcan un escenario complejo; innovación, biodiversidad y tecnología emergen como palancas de crecimiento.

Colombia entrará a 2026 en medio de un panorama económico marcado por tensiones internas y externas. Mientras el país afronta retos estructurales en materia fiscal, de formalidad y seguridad en un año electoral decisivo, emergen sectores estratégicos que podrían compensar parcialmente la desaceleración proyectada.

El escenario internacional para el próximo año presenta señales de desaceleración. El fenómeno de frontloading —exportaciones anticipadas para evitar aranceles— impulsó artificialmente el comercio en el primer trimestre de 2025, pero una vez implementadas las medidas proteccionistas, el flujo comercial cayó notablemente.

“Lo que vimos en el primer trimestre de 2025 fue un espejismo comercial”, explica Alejandro Escobar Correa, gerente estratégico de Sectorial.co. “Las empresas adelantaron exportaciones para evitar aranceles, pero esa ola no era sostenible. Ahora enfrentamos la resaca: una desaceleración que afectará especialmente a economías emergentes dependientes del comercio exterior”.

Las proyecciones difieren entre organismos: la OCDE estima un crecimiento mundial del 3,2% para 2025, ajustándose a 2,9% en 2026 por el impacto arancelario. El Banco Mundial adopta un enfoque más conservador, calculando entre 2,3% y 2,6% para los próximos años. La principal preocupación es la caída de la inversión global, factor crítico para sostener la expansión económica.

Estados Unidos enfrenta siete meses sin repuntes industriales significativos, mientras China se enfriaría progresivamente: de un 4,5% en 2025 a 3,9% en 2027. Por el contrario, India lidera el crecimiento con expansiones superiores al 6%, y economías del Golfo, África subsahariana y Asia no china mantienen ritmos entre 3,7% y 4%.

Por su parte, la región latinoamericana registrará un crecimiento entre 2,3% y 2,7%, limitado por la dependencia de commodities y tasas de interés elevadas. Argentina sale de la recesión con un 4,5% en 2025, estabilizándose en 4% en 2026 y 2027. Perú sorprende con cifras consistentes: 2,7% este año, 2,5% en 2026 y 2,7% en 2027, impulsado por inversión privada que crece 6,5% y sectores agrícolas y mineros sólidos.

Colombia crecerá 2,8% en 2025, impulsado principalmente por el consumo, pero Sectorial advierte que esta dinámica no es sostenible. La incertidumbre política y el desorden fiscal limitarían la inversión, recortando el crecimiento a 2,3% en 2026.

“Colombia está creciendo por consumo, no por inversión. Es como quemar los muebles para calentar la casa”, advierte Escobar. “Sin una corrección fiscal creíble y sin señales claras en el frente político, la inversión privada seguirá contenida. El 2026 será un año de consolidación, no de expansión”.

Entre los factores clave a tener en cuenta están:

Finanzas públicas bajo presión: El déficit fiscal proyectado para 2025 será superior al 7 %, limitando el espacio de inversión y aumentando los costos de endeudamiento. Esta situación restringe la capacidad del Estado para impulsar la economía.

Mercado laboral estancado: Colombia registra una tasa de desempleo del 8,6% con una informalidad del 55% en 2025. La ocupación total promedio se mantiene cerca de 23,5 millones de personas, en un contexto donde más de la mitad de los ocupados trabaja en condiciones informales.

Inflación y política monetaria: La inflación supera el 5 % para 2025, convergiendo gradualmente al rango meta del Banco de la República hacia 2027. Las tasas de interés cerrarán 2025 en 9,25 %, bajarían a 7,5 % en 2026 y a 5 % en 2027. Sin embargo, las tasas efectivas para empresas y hogares continuarían alrededor del 15% anual, frenando el crédito y la expansión económica.

Crisis de seguridad territorial: El control de grupos armados ilegales en gran parte del territorio colombiano ha aumentado, marcando una fragmentación territorial y un repunte de delitos como secuestros y extorsiones. La disputa territorial mantiene en alerta al país, complicando la estabilidad y seguridad del Estado.

AÑO ELECTORAL Y FRAGMENTACIÓN POLÍTICA

El panorama político apunta a seis candidaturas en la primera vuelta: un candidato de izquierda, dos de centro, uno de centro derecha y dos de derecha. La fragmentación en el centro-derecha es notable, sin un liderazgo unificado.

En la izquierda, Iván Cepeda del Pacto Histórico se consolidó como el principal candidato tras ganar la consulta interna con aproximadamente 1,5 millones de votos (65,1%) en octubre de 2025. La consulta interpartidista con el Frente Amplio está programada para marzo de 2026.

“La fragmentación política es el reflejo de una sociedad polarizada y sin consensos claros”, observa Escobar. “Seis candidaturas en primera vuelta significan incertidumbre prolongada. Los inversionistas odian la incertidumbre. Eso se traduce en proyectos pospuestos y capital que espera a ver qué pasa. El costo económico de esta fragmentación no aparece en ninguna cifra oficial, pero es enorme”.

Colombia enfrenta 2026 con una economía heterogénea. Los desafíos estructurales —déficit fiscal, informalidad laboral, fragmentación territorial y tensión política electoral— coexisten con sectores capaces de apalancar crecimiento mediante biodiversidad, innovación tecnológica y cambios en patrones de consumo.

Según Alejandro Escobar Correa, gerente de Sectorial, “el panorama proyecta un año de ajustes y cautela. Entre políticas contractivas, shocks externos y tensiones comerciales, la adopción tecnológica se perfila como el camino para que las empresas amortigüen costos y mantengan competitividad.”

La combinación de un contexto global adverso, restricciones macroeconómicas internas y un proceso electoral decisivo definirá el rumbo de Colombia. Sin embargo, la capacidad de capitalizar ventajas competitivas en sectores estratégicos podría marcar la diferencia entre el estancamiento y una recuperación sostenible.

Monday, 15 December 2025 13:18

Nuevo decreto amenaza a plataformas como Airbnb

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El Ministerio de Comercio, Industria y Turismo ha propuesto un borrador de decreto que pretende modificar radicalmente el sistema de Registro Nacional de Turismo (RNT), transformándolo de un modelo declarativo a uno de preverificación administrado por las cámaras de comercio. La iniciativa ha generado un fuerte rechazo por parte de la Cámara Colombiana de Informática y Telecomunicaciones (CCIT), la cual advierte que los nuevos requisitos técnicos y documentales, como la validación semestral del RNT y la supervisión de anuncios, impondrán cargas operativas desproporcionadas a las plataformas digitales, poniendo en riesgo la continuidad de miles de pequeños prestadores de servicios turísticos.

Según El Espectador, la agremiación estima que las plataformas como Airbnb han generado más de 215.000 empleos en el país y aportado US$554 millones al PIB turístico nacional. La preocupación radica en que las nuevas exigencias podrían excluir del mercado formal a numerosas familias de clase media que dependen de estos ingresos para sostener sus viviendas, empujando la actividad hacia la informalidad y concentrando la oferta en grandes operadores, lo que afectaría negativamente la competencia y la innovación en el sector.

El impacto económico de estas medidas se extendería a toda la cadena de valor del turismo, dado que por cada US$ 10 gastados en alojamiento a través de estas aplicaciones, se generan US$ 48 adicionales en sectores complementarios como gastronomía, transporte y entretenimiento. Mientras el Gobierno defiende la necesidad de armonizar la normativa para evitar fraudes y garantizar la seguridad, los gremios insisten en que la falta de un periodo de transición y la imposición de requisitos propios de grandes comerciantes harían inaplicable la norma, dejando a zonas rurales y municipios PDET sin opciones viables de desarrollo turístico.

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El gigante inmobiliario chino Vanke ha iniciado una ronda de negociaciones críticas con sus acreedores, buscando extender el plazo de vencimiento de un bono por valor de 2.000 millones de yuanes (aproximadamente US$ 283 millones). La compañía, que hasta hace poco se consideraba una de las más sólidas del sector estatal, ha propuesto una prórroga de 12 meses respaldada por garantías de empresas controladas por el gobierno de Shenzhen, en un esfuerzo desesperado por evitar lo que sería su primer incumplimiento de pagos en un mercado ya golpeado por la crisis.

Según Swissinfo y EFE, para que esta medida prospere, la promotora necesita la aprobación del 90,0 % de los tenedores de bonos, quienes evalúan una oferta mejorada que incluye el pago de intereses adicionales. La presión financiera sobre la empresa no se detiene ahí, pues se enfrenta a otro vencimiento de US$ 524 millones a finales de diciembre y acumulará obligaciones por cerca de US$ 1.900 millones hasta mediados de 2026. La situación ha generado una alta volatilidad en sus títulos bursátiles, aunque la expectativa de un acuerdo impulsó recientemente sus acciones un 10,0 % en la bolsa de Shenzhen.

El caso de Vanke es emblemático del deterioro del sector inmobiliario chino, cuyas ventas comerciales se desplomaron un 12,9 % en 2024, sumándose a las caídas de los dos años anteriores. La firma, que había logrado evitar el impago gracias a inyecciones de liquidez por US$ 4.200 millones de su principal accionista, perdió su calificación crediticia favorable en 2024, pasando a categoría de “bono basura”. Este escenario revive los temores de contagio financiero que ya protagonizaron otros colosos como Evergrande, poniendo a prueba la capacidad de intervención de las autoridades chinas.

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El debate sobre la sostenibilidad financiera del sistema de salud colombiano se ha intensificado de cara a la definición de la Unidad de Pago por Capitación (UPC) para el 2026. Diversos gremios del sector han presentado estudios técnicos que evidencian una insuficiencia estructural en los recursos asignados, advirtiendo que el sistema opera con pérdidas y que la siniestralidad proyectada para el cierre de 2025 superará el 100,0 %. Ante este panorama de desfinanciamiento y aumento en la demanda de servicios, las agremiaciones coinciden en que el ajuste para el próximo año debe ser de doble dígito para evitar un colapso operativo y garantizar el acceso a tratamientos.

Según Consultor Salud, la Asociación Colombiana de Empresas de Medicina Integral (ACEMI) estima que el incremento requerido para el régimen contributivo es del 17,3 %, partiendo de un análisis que revela la eliminación injustificada de registros de gasto por $2,1 billones en las bases de datos oficiales. Por su parte, la ANDI plantea un aumento mínimo del 15,6 %, señalando que cualquier cifra inferior se recortaría cerca de $890.000 millones vitales al sistema, esto por cada punto porcentual inferior al que menciona la ANDI; Mientras que AFIDRO propone un ajuste del 15,0 %, argumentando que existe una brecha histórica de hasta 8,0 puntos entre los costos reales y los reconocidos por el Gobierno.

La crisis de recursos ya tiene efectos tangibles en la atención a los usuarios, reflejada en un aumento del 32,0 % en las quejas y reclamos y del 22,0 % en las tutelas durante el último año. Los gremios insisten en que el ajuste no es una negociación política, sino una necesidad técnica impostergable, subrayando que el Estado cuenta con la capacidad fiscal en el Presupuesto General de la Nación de 2026 para cubrir estos requerimientos si se prioriza el aseguramiento en salud.

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