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La industria de bebidas no alcohólicas en Colombia inició 2026 con una recuperación moderada, tras un 2025 marcado por el ajuste estructural de los impuestos saludables. El Producto Interno Bruto (PIB) del sector (incluyendo tabaco) creció 6,2% en el primer trimestre de 2026, situándose en $2,0 billones, favorecido, entre otros factores, por el incremento de las ventas asociadas con el Mundial de Fútbol 2026 y por la recomposición del portafolio hacia bebidas funcionales. El índice de producción aumentó 6,1% y el de ventas 2,0% acumulado a abril, confirmando la reactivación fabril. No obstante, las exportaciones cayeron 9,8%, golpeadas por la guerra comercial con Ecuador y la fortaleza del peso, mientras las importaciones se contrajeron 44,3% tras la sobreacumulación de 2024 y 2025. Los precios siguen siendo el principal riesgo: el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de la categoría alcanzó 219,5 puntos en mayo y el Índice de Precios al Productor (IPP) creció 3,5% anual, en un entorno de inflación al alza y tasa de política monetaria en 12,0% que condicionará el gasto de los hogares.

La energía dejó de ser un tema de precios del barril y se convirtió, en palabras de Angie Gildea, líder global de Oil & Gas de KPMG, en “el tema definitorio” de la competencia económica, tecnológica y de liderazgo de esta década. Su tesis es sencilla y contundente: la volatilidad —guerras, bloqueos de estrechos, avances tecnológicos inesperados— ya es la norma, y lo único que separa a los países que prosperan de los que se quedan atrás es su capacidad de adaptabilidad y resiliencia. La transición energética, insiste, no es una guerra entre renovables y combustibles fósiles: es una expansión, no un reemplazo, y cada región construye su propia mezcla según sus recursos, su geopolítica y sus ambiciones.

Colombia vive esa tensión en carne propia. El petróleo y el gas siguen representando cerca del 5% del PIB y, junto al carbón y la minería, más del 43% de las exportaciones del país, mientras enfrenta el fenómeno de El Niño más fuerte en años, un déficit de gas que compromete la confiabilidad del sistema, y una discusión política atascada entre licencias ambientales, subsidios insostenibles y la urgencia de recuperar la confianza institucional para ejecutar proyectos.

Al final, encuentras que en energía: sobra diagnóstico, lo que falta es velocidad de ejecución.

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Informes Sectorialesectoriales

El sector siderúrgico colombiano transita en el primer trimestre de 2026 hacia una fase de ajuste con señales mixtas. La producción se recupera 6,6% tras desplomarse 9,9% en 2025, impulsada por la incipiente reactivación de la construcción y por las salvaguardias arancelarias; sin embargo, las ventas reales caen 12,8% y las exportaciones se contraen 50,9%, mientras las importaciones repuntan 14,0%. Esta divergencia revela una recuperación de oferta aún no validada por la demanda, en un mercado deficitario que importa entre 40,0% y 50,0% de su consumo y enfrenta la sobreoferta mundial de acero, superior a 700 millones de toneladas y liderada por China. El encarecimiento del gas natural, el alza del salario mínimo y los mayores fletes comprimen los márgenes. Para 2026 se proyecta un crecimiento moderado, de entre 2,0% y 3,0%, orientado al ajuste y la consolidación más que a la expansión.

El calor extremo dejó de ser únicamente un problema climático o de salud pública. También se está convirtiendo en un factor económico capaz de mover inversiones, transformar industrias y crear nuevos negocios.

Mientras millones de trabajadores pierden productividad cuando las temperaturas aumentan, empresas de climatización, eléctricas, aseguradoras y desarrolladores de tecnología para gestionar riesgos climáticos encuentran nuevas oportunidades de crecimiento.

La dimensión del fenómeno es significativa. Bastan 30 días de calor extremo para incrementar en 30% la demanda eléctrica destinada a refrigeración en España, según un análisis de Goldman Sachs. El banco identificó además 42 empresas europeas y globales posicionadas para beneficiarse de esta creciente necesidad de refrigeración.

La pregunta, entonces, no es únicamente cuánto cuesta el calor. Es quién está capturando el valor económico que genera la necesidad de adaptarse a él.

El costo que no aparece en las cotizaciones: la productividad

Un informe conjunto de la Organización Mundial de la Salud y la Organización Meteorológica Mundial concluyó que la productividad laboral puede caer entre 2% y 3% por cada grado que la temperatura supera los 20 °C. El fenómeno afecta aproximadamente a 2.400 millones de trabajadores, cerca del 70% de la fuerza laboral mundial, especialmente en actividades al aire libre o sin climatización, como construcción, agricultura y logística.

El Banco Interamericano de Desarrollo añade otra presión: el estrés térmico podría reducir las horas de trabajo disponibles a nivel mundial en 2% para 2030.

Esto genera una paradoja. El mismo fenómeno que reduce la capacidad productiva de algunas actividades está aumentando la demanda de productos y servicios destinados a proteger a empresas y consumidores frente al calor.

La “destrucción creativa” del calor

El economista Joseph Schumpeter utilizó el concepto de destrucción creativa para explicar cómo los cambios económicos y tecnológicos pueden destruir estructuras existentes mientras crean nuevas oportunidades de negocio.

El calor extremo representa un ejemplo contemporáneo de este proceso. Mientras determinados sectores enfrentan menores niveles de productividad y algunos activos pierden valor por su exposición al riesgo climático, aparecen mercados asociados con la adaptación: sistemas de climatización, infraestructura eléctrica, energías renovables, modelos de riesgo climático y nuevos productos financieros y aseguradores.

El capital, en otras palabras, está reaccionando ante un cambio estructural en las condiciones de operación de la economía.

Aire acondicionado: el gran negocio detrás del calor

Uno de los principales beneficiarios de esta transformación es la industria de climatización. Según la Agencia Internacional de la Energía, el número de equipos de aire acondicionado instalados en edificios en todo el mundo podría pasar de 1.600 millones de unidades a 5.600 millones en 2050. Esto equivale a vender aproximadamente 10 nuevos equipos cada segundo durante las próximas tres décadas.

La magnitud del mercado es aún mayor si se considera que la refrigeración ya representa cerca de una quinta parte de la electricidad consumida en edificios a nivel mundial.

Fabricantes como Carrier, Daikin, Trane Technologies y Johnson Controls están posicionados para beneficiarse de una tendencia que no depende únicamente de episodios aislados de calor. La urbanización, el crecimiento de los ingresos en economías emergentes y la expansión de los centros de datos, que requieren refrigeración permanente, están aumentando estructuralmente la demanda.

Más calor también significa más demanda de electricidad

El aire acondicionado no funciona sin energía. Por eso, la segunda gran oportunidad está en la infraestructura eléctrica.

El análisis de Goldman Sachs sobre España encontró que 30 días de calor extremo pueden elevar 30% la demanda eléctrica destinada a refrigeración. El país tiene aproximadamente 15 equipos de aire acondicionado por cada 1.000 habitantes, frente a un promedio mundial de 14 y niveles considerablemente superiores en varios países asiáticos.

Entre las empresas identificadas por Goldman Sachs como beneficiarias de esta tendencia aparecen fabricantes de componentes eléctricos, empresas de generación renovable como Vestas y Ørsted y Siemens Energy, vinculada a infraestructura para redes eléctricas.

El fenómeno tiene alcance global. En 2024, más de 40 países que representan cerca del 70% de la demanda eléctrica mundial registraron récords de consumo máximo durante episodios de calor extremo, según la Agencia Internacional de la Energía.

El riesgo climático también se convirtió en negocio

Otro sector que está cambiando rápidamente es el asegurador. El aumento de incendios, huracanes y otros eventos extremos está llevando a algunas compañías a limitar su exposición. En California, por ejemplo, el Plan FAIR —aseguradora estatal de último recurso— pasó de aproximadamente 271.000 pólizas en 2022 a más de 684.000 en marzo de 2026, un incremento del 152%.

Pero el mismo problema está creando nuevos mercados financieros. Swiss Re calculó que 57% de las pérdidas económicas provocadas por catástrofes naturales en 2024 no estaban aseguradas. Ese vacío está impulsando el desarrollo de modelos de riesgo climático, bonos catástrofe y seguros paramétricos, productos que permiten transferir o cubrir riesgos asociados con variables específicas como velocidad del viento o magnitud de un evento.

Así, mientras algunas aseguradoras reducen su exposición, otros actores financieros encuentran oportunidades precisamente en la necesidad de medir y administrar el riesgo climático.

El gran problema: no todos pueden pagar la adaptación

El crecimiento de estos mercados plantea una pregunta económica fundamental: ¿quién puede permitirse adaptarse? Una gran compañía puede invertir en sistemas de refrigeración, automatización, rediseño de horarios o infraestructura para proteger a sus trabajadores y operaciones. Para un trabajador independiente o una pequeña empresa con márgenes reducidos, esas alternativas pueden ser mucho más difíciles de financiar.

El costo humano también es considerable. En América Latina y el Caribe, la mortalidad asociada al calor extremo aumentó 140% durante las últimas dos décadas, mientras que cerca de 48.000 adultos mayores murieron prematuramente por causas relacionadas con el calor en 2023, según las cifras citadas en el documento.

América Latina: un mercado que crece, pero captura poco valor

La región tampoco está fuera de esta transformación. La Organización Meteorológica Mundial señala que 2025 fue uno de los años más cálidos registrados en América Latina y el Caribe. Durante ese período se registraron temperaturas extremas como los 52,7 °C en Mexicali, México, 44 °C en Río de Janeiro y 44,8 °C en Mariscal Estigarribia, Paraguay.

El mercado latinoamericano de climatización podría crecer alrededor de 5,5% anual, impulsado por la mayor necesidad de adaptación. Sin embargo, existe una limitación estructural: buena parte de la fabricación de equipos y del desarrollo de modelos de riesgo permanece concentrada en economías desarrolladas.

La región, por tanto, puede convertirse en un importante mercado de consumo sin necesariamente capturar una proporción equivalente del valor agregado.

¿Solución de mercado o parche temporal?

El calor extremo está modificando los incentivos económicos. Empresas de climatización venden más equipos, las eléctricas deben ampliar su capacidad, las renovables encuentran una demanda adicional y el sector financiero desarrolla nuevas herramientas para administrar el riesgo climático.

Pero que existan ganadores económicos no significa que la sociedad en su conjunto esté ganando.

La llamada destrucción creativa de Schumpeter no es buena ni mala por sí misma. Es un proceso mediante el cual el capital responde a un cambio. El desafío está en cómo se distribuyen los beneficios y quién asume los costos.

La economía del calor ya está aquí. Y la pregunta para empresas, gobiernos e inversionistas no será solamente cómo aprovechar este nuevo mercado, sino cómo evitar que la adaptación climática se convierta en un privilegio para quienes tienen mayor capacidad de pago.

Porque cuando sube el termómetro, también cambia el mapa del poder económico. ¿Estamos frente a una solución de mercado que terminará haciendo más accesible la adaptación al calor, o ante un sistema que simplemente trasladará sus costos hacia quienes menos recursos tienen para asumirlos?

La carrera espacial está entrando en una nueva era. Ya no se trata únicamente de quién lanza más cohetes, llega primero a la Luna o coloca más banderas en el espacio. El verdadero poder está migrando hacia otro lugar: la capacidad de controlar satélites, datos, conectividad y, próximamente, infraestructura de cómputo en órbita.

En 2025 se realizaron alrededor de 330 lanzamientos espaciales en todo el mundo. Una cifra que parece pequeña frente a la magnitud de la industria, pero que adquiere otra dimensión cuando se compara con el tamaño de la economía espacial global, estimada en US$686.000 millones, con proyecciones que podrían llevarla hasta US$1,8 billones para 2035, según estimaciones de McKinsey y el Foro Económico Mundial.

Entonces, ¿dónde está realmente el negocio? El cohete dejó de ser el principal indicador de poder. Durante buena parte del siglo XX, la carrera espacial se medía en hitos: quién llegaba primero a la Luna, quién lanzaba más cohetes o quién conseguía mayor capacidad tecnológica. Hoy, esa métrica resulta insuficiente.

Un lanzamiento es un evento puntual. Un satélite, en cambio, puede permanecer años en órbita generando ingresos mediante conectividad, posicionamiento, imágenes, monitoreo climático, agricultura de precisión, logística y servicios de inteligencia.

La diferencia es fundamental para entender el nuevo modelo económico espacial: el valor ya no está únicamente en fabricar y lanzar el activo, sino en mantener infraestructura funcionando y monetizar los datos que genera.

Y el sector privado es el principal protagonista de esta transformación. Según el reporte 2025 de Space Foundation, el 78% de la economía espacial global ya está en manos de empresas privadas, lo que demuestra hasta qué punto la actividad dejó de ser exclusivamente una competencia entre gobiernos.

Estados Unidos: la ventaja de tener la mayor infraestructura orbital

Para medir quién domina el espacio hay que diferenciar entre dos conceptos: flujo y stock. El flujo corresponde a los lanzamientos realizados durante un período, mientras que el stock representa los satélites que permanecen activos en órbita.

Y es precisamente en el stock donde Estados Unidos mantiene una ventaja contundente.

El país opera aproximadamente tres cuartas partes de los satélites activos del mundo, impulsado principalmente por Starlink. A mediados de 2026, la constelación ya superaba los 10.900 satélites en órbita, equivalentes a cerca de dos tercios de todos los satélites que orbitan actualmente la Tierra.

Esto convierte a la infraestructura orbital en un activo estratégico de enorme valor. La ventaja no está solamente en lanzar satélites, sino en disponer de una red capaz de prestar servicios de manera permanente y a escala global.

China acelera: menos satélites, más capacidad estratégica

China parte de una posición diferente. Su número de satélites activos pasó de aproximadamente 600 en 2024 a 1.250 en 2026, impulsado por proyectos como Guowang y Qianfan, diseñados para reducir la dependencia de infraestructura estadounidense.

Pero la estrategia china no se limita a competir por cantidad. A finales de 2025, varias empresas chinas presentaron ante la Unión Internacional de Telecomunicaciones solicitudes de frecuencia para más de 200.000 satélites futuros. Aunque estas solicitudes no significan que todos los satélites vayan a construirse o lanzarse, sí muestran una disputa estratégica por recursos fundamentales: el espectro radioeléctrico y las posiciones orbitales.

Además, China está ganando terreno en capacidades de observación y teledetección. Un análisis de 2024 del Center for Strategic and International Studies, junto con el Taylor Geospatial Institute y USGIF, evaluó sistemas comerciales de teledetección de 11 países y encontró que China ocupó el primer lugar en cinco de 11 categorías tecnológicas, frente a cuatro de Estados Unidos.

Esto cambia la naturaleza de la competencia: los datos obtenidos desde el espacio tienen cada vez más valor económico, militar y geopolítico.

Europa apuesta por una industria espacial propia

En noviembre de 2025, la Agencia Espacial Europea aprobó un presupuesto récord de €22.100 millones para 2026-2028, un 30% superior al ciclo anterior. Parte de estos recursos busca reducir la dependencia europea de lanzadores extranjeros y fortalecer su autonomía tecnológica.

El sector empresarial también está capturando valor. Airbus Defence and Space cerró 2025 con ingresos de €13.400 millones, un crecimiento del 11%, impulsado parcialmente por un pedido de 340 satélites OneWeb para Eutelsat. Por su parte, la división espacial de Leonardo creció 11%, superando los €1.000 millones.

La estrategia europea, por tanto, no necesariamente busca competir en volumen, sino posicionarse en segmentos de mayor valor agregado, como fabricación, componentes, tecnología satelital y lanzamiento.

La próxima batalla: datos y cómputo desde el espacio

El siguiente salto podría ser todavía más disruptivo. Empresas como SpaceX, Starcloud y Blue Origin han anunciado proyectos relacionados con centros de datos en órbita, con la posibilidad de procesar información directamente en el espacio utilizando energía solar y condiciones térmicas favorables para el enfriamiento.

Si esta tecnología escala, la competencia espacial podría dejar de medirse principalmente por el número de satélites. La pregunta sería otra: ¿quién controla la infraestructura que procesa los datos generados desde el espacio?

Para las empresas, esto abre una nueva frontera de oportunidades en sectores como telecomunicaciones, defensa, agricultura, logística, inteligencia artificial, observación terrestre y análisis de datos.

Pero también existe un riesgo creciente: la saturación orbital. La concentración de miles de satélites en órbita baja incrementa el riesgo de colisiones y de generación de basura espacial, con el potencial de desencadenar el llamado síndrome de Kessler, escenario en el que ciertas órbitas podrían volverse inutilizables durante generaciones.

¿Quién ganará la nueva carrera espacial?

La respuesta depende de cómo se mida el poder. Estados Unidos domina actualmente en volumen e infraestructura comercial; China avanza en autonomía tecnológica, vigilancia y capacidades estratégicas; mientras Europa busca capturar valor en manufactura y tecnología especializada.

Pero la gran transformación está en que el espacio dejó de ser únicamente un escenario de exploración para convertirse en una infraestructura crítica de la economía digital.

La nueva carrera espacial no necesariamente la ganará quien lance más cohetes, sino quien consiga controlar los satélites, el espectro, los datos y el cómputo que sostendrán la economía del futuro.

¿Qué país creen que definirá las reglas del juego orbital durante la próxima década: el que tenga más satélites o el que controle los datos que estos generan?

En Colombia tenemos un doloroso saldo histórico. En 500 años, 25 grandes desastres (desde epidemias hasta terremotos, excluyendo el conflicto armado) han dejado un lamentable saldo de aproximadamente 258.000 víctimas fatales.

Gran parte de estas pérdidas están vinculadas a emergencias sanitarias históricas. Desde la viruela (1558-1560) con 40.000 fallecidos, pasando por el cólera (1849-1850) con 20.000 y la gripa española (1918) con 30.000, hasta el reciente impacto del Covid-19 (2020-2023) que cobró la vida de cerca de 143.000 colombianos.

Hemos presenciado una vulnerabilidad en terremotos devastadores como los de Cúcuta (1875, mag 6,8), el Pacífico (1906, mag. 8.8), Tumaco (1979, mag. 8,1), Popayán (1983, mag 5,5) y el Eje Cafetero (1999, mag 6,2) han evidenciado que la falta de planeación urbana y la debilidad en las construcciones son el verdadero catalizador de la tragedia humana y económica. La normativa sismorresistente es nuestra única defensa real.

El reciente sismo de 2026 nos presenta la cuarta factura más alta de América Latina en este siglo. Reconstruir a Colombia costará inicialmente unos 20 billones de pesos (aprox. USD 6.350 millones), comprometiendo cerca del 1% del PIB nacional. Un desafío inmenso, comparable al costo de la reconstrucción del Eje Cafetero en 1999, que absorbió alrededor del 2% del PIB de la época.

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Informes Sectorialesectoriales

  • China construyó un control estratégico sobre componentes invisibles y tierras raras, convirtiéndolos en potentes herramientas de presión geopolítica.
  • Las restricciones comerciales de EE. UU. obligan a las multinacionales a reubicar fuera de China inversiones estimadas en $655.000 millones de dólares.
  • Ante la inacción estatal, la integración de América Latina en las nuevas cadenas globales de valor dependerá exclusivamente del liderazgo y la competitividad empresarial.

Durante décadas, el análisis global sobre el ascenso económico de Pekín se concentró en el ensamblaje de bienes de consumo masivo o la alta tecnología. Sin embargo, detrás del resplandor industrial, el gigante asiático ejecutó un plan estratégico definitivo: dominar los insumos intermedios. Así lo expuso de manera categórica Jorge Guajardo, exembajador de México en China, durante su intervención en el Congreso Empresarial Colombiano (CEC) organizado por la ANDI en Cartagena.

La estrategia china inició con su ingreso a la OMC, cuando los componentes intermedios representaban el 46% de su producción. Se trataba de productos poco llamativos que la industria occidental delegó sin reparos: autopartes, componentes industriales básicos e insumos farmacéuticos tan vitales como la cadena mundial de antibióticos. Al concentrar la fabricación de aquello que no se ve, pero resulta indispensable, China volvió al mundo estructuralmente dependiente de su industria, ganando un mecanismo de presión geopolítica letal (https://sectorial.co/articulos-especiales/china-activa-su-plan-b-asi-se-prepara-para-sobrevivir-sin-ee-uu/).

El caso más crítico reside en los minerales de tierras raras. Aunque no son biológicamente escasos en el planeta, su refinación exige procesos severamente contaminantes con presas de agua radiactiva. Durante 30 años, Pekín asumió el costo ambiental y ofreció precios bajos hasta dominar el 90% del procesamiento global de insumos clave para la aviación, la electrónica y la defensa. La utilización explícita de estos insumos como arma económica —vista en disputas territoriales con Japón o en las recientes restricciones comerciales con EE. UU.— precipitó una ruptura estratégica irreversible con Washington.

Ante la amenaza de bloqueos, Estados Unidos endureció sus políticas mediante listas restrictivas a empresas chinas, la ley Endorsing Acceleration Act para recortar insumos asiáticos y normas para excluir componentes de origen chino de su industria automotriz y robótica. Esta tensión ha desencadenado una reubicación masiva de capitales: multinacionales occidentales preparan más de $655.000 millones de dólares para retirar sus cadenas de suministro de China.

Sin embargo, el traslado no es sencillo. Guajardo advirtió que la transición enfrenta barreras severas de calidad y productividad: mientras el margen de rechazo o defecto en productos como los iPads fabricados por Apple en China es de tan solo el 3%, en plantas alternativas como las de India llega a escalar drásticamente al 60%. La brecha exige años de capacitación, infraestructura y estándares rigurosos que pocos países emergentes han logrado estructurar.

Frente a esta coyuntura, la lección para Colombia y la región es contundente: los capitales globales buscan nuevo destino, pero no esperarán indefinidamente a las burocracias locales. Guajardo dirigió un mensaje directo y tajante al empresariado reunido en el CEC:

“Si quieren cambiar la industria de este país, olvídense de lo que el gobierno haga. Ojalá lo haga bien, pero concéntrense en cómo insertarse por cuenta propia en las cadenas globales de valor.”

La reorganización de los próximos 30 años recompensará a las empresas que logren capacitarse, certificar sus procesos e integrarse a la oferta de insumos que hoy demanda el mercado occidental. No se trata de una meta de política pública o de discursos gubernamentales, sino de un desafío directo de ejecución privada.

El panorama económico colombiano atraviesa un punto de inflexión que exige medidas estructurales y urgentes. Durante su intervención en el Congreso Empresarial Colombiano de la ANDI 2026, Sergio Díaz Granados, presidente ejecutivo del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF), delineó una hoja de ruta para abordar los desafíos macroeconómicos del país. Su diagnóstico se centró en pilares básicos: el estancamiento del crecimiento potencial, la necesidad de un ajuste fiscal inteligente, la reactivación de la inversión privada y el fortalecimiento de la infraestructura y la seguridad energética.

Uno de los retos más apremiantes es la tendencia a la baja del crecimiento potencial de Colombia. El país se encuentra con un “techo muy bajo” que, de mantenerse, imposibilitaría el cierre sostenido de las brechas de desigualdad y pobreza. Superar el promedio de crecimiento de la última década, que ronda el 2,2% o menos, no es solo una meta financiera, sino una necesidad social urgente.

Si el país no logra reactivar su capacidad de expansión, las consecuencias no se limitarán a cifras macroeconómicas, sino que se traducirán en un desencanto progresivo de la ciudadanía frente a la democracia y las libertades. Es económicamente inviable cerrar la brecha de pobreza en Colombia manteniendo tasas de crecimiento potencial cercanas o inferiores al 2,2%. Se requiere una expansión sostenida superior para lograr un impacto estructural real.

Ajuste Fiscal y Organización de las Finanzas Públicas

Para elevar ese umbral de crecimiento, el primer paso es organizar las finanzas públicas. El país enfrenta las consecuencias de un endeudamiento acelerado, donde la deuda pública ha cobrado un protagonismo asfixiante, con crecimientos considerables cercanos al 39,6% en los últimos años, presionando fuertemente el presupuesto nacional.

El llamado es a salir del actual “círculo vicioso” caracterizado por un alto déficit fiscal y una inflación que impacta la competitividad. Esto presiona las tasas de interés al alza y el tipo de cambio, lo que restringe el margen de maniobra del Estado. El ajuste para volver a un presupuesto responsable es un paso en la dirección correcta para detener la dinámica de endeudamiento y recuperar un sendero ordenado.

Inversión Privada

El saneamiento de las cuentas nacionales no puede depender únicamente del recorte del gasto público, un enfoque que por sí solo tiende a deprimir aún más la economía. El verdadero ajuste debe venir acompañado de una agresiva estrategia para recuperar y canalizar la inversión privada, la cual hoy se encuentra en sus niveles más bajos desde el año 2007. Para que Colombia vuelva a crecer, es mandatorio llevar la inversión a niveles de doble dígito. Esto implica estructurar políticas que generen confianza y un marco regulatorio habilitante, permitiendo al sector privado inyectar capital fresco y liderar la formación bruta de capital para sustituir el peso de la deuda.

Seguridad Energética

En el corto y mediano plazo, la agenda de reactivación tiene un condicionante crítico: la seguridad energética. Frente a los estragos climáticos del Fenómeno de El Niño y los inminentes problemas en el suministro de gas natural, el aparato productivo colombiano, especialmente la manufactura y la industria, se encuentra vulnerable.

La seguridad energética no solo asegura la continuidad de las operaciones de las empresas, sino que es un requisito sine qua non para mantener a raya los costos de producción y, por ende, la inflación. Se debe poner al servicio del país los recursos necesarios para destrabar proyectos de generación y transmisión eléctrica.

Infraestructura

La parálisis en las grandes obras públicas representa un costo de oportunidad altísimo para el comercio interior y exterior. Es urgente volver a la senda de los programas de concesiones viales, como los programas 4G y 5G, así como potenciar la construcción y expansión de puertos y aeropuertos. La reactivación de estas obras civiles no solo tiene un efecto anticíclico inmediato a través de la generación de empleo, sino que reduce significativamente los costos logísticos, haciendo a las empresas colombianas más competitivas en los mercados globales para fomentar la prosperidad.

Fortalecimiento Territorial

Finalmente, un aspecto clave de esta estrategia es la descentralización del financiamiento. Históricamente, el endeudamiento multilateral ha requerido garantías soberanas, concentrando la toma de decisiones en el gobierno central. Sin embargo, para agilizar la ejecución y llevar el desarrollo a las regiones, es imperativo fortalecer territorialmente al país. Esto se traduce en la posibilidad de trabajar y financiar directamente a alcaldías, gobernaciones y empresas públicas locales sin comprometer el cupo de endeudamiento soberano de la Nación. Canalizar recursos directamente a proyectos subnacionales asegura que el crecimiento sea verdaderamente inclusivo, generando desarrollo e irradiando prosperidad a los territorios históricamente más marginados.

El 31 de julio de 2026, el nuevo Congreso retiró la Ley de Competencias de la administración anterior. Esto elimina el riesgo de que el Sistema General de Participaciones sea administrado por una junta centralista y abre la puerta para que los mandatarios locales concierten una nueva ley que defina las responsabilidades y el destino de los nuevos recursos.

A través de la reforma al Sistema General de Participaciones, las transferencias del Gobierno Nacional a los municipios y departamentos pasarán de representar el 25 % del presupuesto actual, a un 39,5 % para el año 2038, ampliando drásticamente la capacidad de inversión local de las regiones.

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Informes Sectorialesectoriales

A continuación, presentamos los hechos más relevantes que ocurrieron en el mes de julio en Colombia y el mundo:

Aranceles del 12,5 % de EE. UU. a Colombia

El gobierno de Estados Unidos anunció la imposición de nuevos aranceles del 12,5% a un grupo amplio de productos exportados por Colombia, lo que representa un reto significativo para la balanza comercial del país. Esta decisión, enmarcada en una política de revisión comercial estadounidense, impacta directamente a sectores vitales de la economía nacional. De acuerdo con informes de Analdex y otros gremios, a diferencia de exenciones pasadas, productos tradicionales y de alto volumen de exportación como las flores, los textiles y diversas manufacturas agroindustriales, sí se verán afectados por este gravamen, encareciendo su entrada al mercado norteamericano. La medida golpeará fuertemente la competitividad de los floricultores y empresarios, quienes tienen en Estados Unidos su principal destino de ventas. Ante esta coyuntura, los sectores productivos han solicitado al Ministerio de Comercio la implementación urgente de estrategias de mitigación. Entre las acciones propuestas destacan la búsqueda de mercados alternativos, apoyos financieros directos y la reactivación de diálogos diplomáticos para proteger el empleo en las industrias que resentirán este sobrecosto arancelario.

Balance del Mundial de Fútbol en la economía de Colombia

El 19 de julio de 2026, la Copa Mundial de la FIFA llegó a su conclusión en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, donde la selección de España se coronó campeona por segunda vez en su historia al vencer a Argentina. El encuentro, que convocó a más de 80.000 espectadores, se definió por la mínima diferencia tras un reñido empate sin goles en el tiempo reglamentario. Más allá del ámbito deportivo, el evento generó un impulso en la economía y el comercio de Colombia. Según Fenalco, el certamen dinamizó notablemente el sector de restaurantes, bares y hotelería, elevando el consumo de los hogares durante las transmisiones. En el entorno digital, el impacto fue histórico: plataformas como Rappi superaron los 8 millones de pedidos, registrando un incremento del 30 % en su volumen, mientras que los pagos por PSE sobrepasaron las 113 millones de transacciones. Adicionalmente, el sector de los juegos de suerte y azar experimentó un auge sin precedentes, con apuestas deportivas que alcanzaron un estimado de 5,3 billones de pesos a través de 122 millones de apuestas durante el torneo.

Instalación del Congreso de Colombia

El 20 de julio de 2026 se llevó a cabo la instalación formal de la nueva legislatura del Congreso de la República para el periodo 2026-2027. La jornada estuvo marcada por los discursos de apertura y la votación para conformar las mesas directivas en el Senado y la Cámara de Representantes, pasos que definen el rumbo del debate político nacional. Durante los actos protocolarios, las distintas bancadas establecieron sus prioridades legislativas, centrándose en iniciativas sobre la estabilidad macroeconómica, seguridad ciudadana, ordenamiento territorial y las reformas sociales pendientes. Esta etapa parlamentaria es decisiva para el trámite de proyectos estructurales, en un entorno que demandará la construcción de consensos entre el gobierno y la oposición. Diversos actores gremiales aprovecharon la coyuntura para instar al legislativo a enfocar sus esfuerzos en proyectos que brinden seguridad jurídica, incentiven la inversión privada y garanticen la sostenibilidad de las finanzas públicas. El equilibrio de fuerzas en esta legislatura dictará el ritmo de aprobación de las leyes clave para el país en los próximos meses.

David Vélez en junta de OpenAI

La compañía de inteligencia artificial, OpenAI, anunció oficialmente la incorporación del empresario colombiano David Vélez a su junta directiva. El fundador y director ejecutivo del neobanco Nubank se integra a la mesa de gobierno corporativo de la empresa creadora de ChatGPT, en un movimiento estratégico para fortalecer la supervisión y la expansión internacional de la firma. La llegada de Vélez aporta una amplia experiencia en la escalabilidad de plataformas digitales, inclusión financiera y la disrupción tecnológica en mercados emergentes, áreas en las que ha sido pionero. Expertos del sector destacaron que el ingreso de un líder latinoamericano a una de las tecnológicas más influyentes del mundo refleja la intención de OpenAI de diversificar su visión global. Este nombramiento ocurre en un momento decisivo para la corporación, que busca consolidar su crecimiento comercial mientras enfrenta el desafío de establecer lineamientos estrictos sobre seguridad, gobernanza ética y responsabilidad en el desarrollo masivo de la inteligencia artificial.

Otros hechos relevantes de julio

  • Andy Burhman nuevo Primer Ministro de Reino Unido: Andy Burnham asumió como nuevo primer ministro del Reino Unido, marcando un cambio en el liderazgo de Downing Street. Su gestión priorizará la reindustrialización de las regiones, la estabilización de los servicios públicos y la implementación de políticas para mitigar la actual crisis del costo de vida.
  • El Banco de la República mantuvo la tasa en 12 %: Esta medida busca asegurar la convergencia de la inflación hacia la meta, manteniendo prudencia frente a los riesgos internacionales y la volatilidad en la tasa de cambio peso-dólar.
  • La inteligencia artificial entró en una fase de mayor volatilidad: Las empresas vinculadas a la inteligencia artificial registraron fluctuaciones en sus valoraciones bursátiles. La incertidumbre del mercado responde a los elevados costos operativos de los centros de datos, los retos de monetización a corto plazo y el aumento de las presiones regulatorias globales.

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Protagonistas de septiembre de 2025: EE. UU. retira la visa al presidente Petro, Colombia descertificada en la lucha contra las drogas y Bolsonaro es condenado en Brasil.

Protagonistas de agosto de 2025: Falleció el senador Miguel Uribe; Bukele ahora con reelección indefinida y EE. UU. adquiere el 10,0 % de Intel.

Protagonistas de julio de 2025: Uribe fue declarado culpable, paro arrocero y creación de zona binacional con Venezuela

 
 
 
 
 
 
 
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