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La crisis del comercio internacional en 2026 marca un punto de quiebre para la economía global, especialmente para los países en desarrollo. La parálisis de la Organización Mundial del Comercio ha eliminado en la práctica el sistema que garantizaba reglas claras y mecanismos de defensa frente a prácticas comerciales abusivas. Sin un órgano de apelación funcional, las disputas quedan congeladas indefinidamente, permitiendo que las grandes potencias impongan aranceles y restricciones sin consecuencias reales. Este vacío institucional ha transformado el comercio en un escenario dominado por el poder económico y político, donde las economías más pequeñas pierden capacidad de negociación y ven amenazada su estabilidad exportadora.

Al mismo tiempo, estrategias como el friendshoring y el nearshoring están fragmentando el mercado global en bloques políticos, obligando a los países emergentes a elegir entre alianzas que pueden limitar su acceso a inversión, tecnología y mercados. Esta reconfiguración afecta especialmente a regiones ricas en minerales críticos, que ahora enfrentan presiones geopolíticas sin un marco multilateral que las respalde. El resultado es un entorno de mayor inflación, menor inversión extranjera y desaceleración del crecimiento, donde la falta de reglas claras no solo redefine el comercio internacional, sino que pone en riesgo la capacidad de los países en desarrollo para sostener empleo, financiar servicios básicos y mantener su estabilidad económica.

La economía de China enfrenta una transformación silenciosa pero profunda: la consolidación de una nueva élite hereditaria. Tras décadas de crecimiento acelerado, la primera generación de grandes empresarios comienza a transferir su riqueza a sus hijos, en un proceso que podría movilizar billones de dólares sin prácticamente ninguna carga fiscal. En un país donde no existe un impuesto general a la herencia, los denominados fuerdai —la segunda generación de ricos— están configurando una estructura social cada vez más cerrada, donde el acceso al capital, la educación y las redes de poder tiende a concentrarse en círculos cada vez más exclusivos. Este fenómeno ocurre en paralelo a una creciente desigualdad, donde el 10% más rico concentra la mayor parte de la riqueza nacional.

Esta dinámica entra en tensión directa con la narrativa de “prosperidad común” promovida por Xi Jinping, cuyo discurso busca reducir brechas sociales sin recurrir a mecanismos tradicionales de redistribución como los impuestos a la riqueza heredada. La ausencia de intervención estatal en este frente refleja un cálculo político: gravar estas fortunas podría generar fuga de capitales y tensiones con las élites económicas y políticas que sostienen el sistema. El resultado es una paradoja estructural: mientras el discurso oficial defiende la igualdad, la realidad apunta hacia la consolidación de una aristocracia económica con vínculos crecientes al poder político, planteando interrogantes sobre la sostenibilidad del modelo chino en el largo plazo.

El ecosistema tecnológico colombiano ha evolucionado de la mera adopción a una madurez operativa centrada en la especialización. La fabricación de hardware vive un renacimiento impulsado por el nearshoring y la necesaria renovación de equipos que ya cumplieron su ciclo de vida útil, mientras el software se aleja de la edición tradicional para consolidarse en el modelo SaaS y la administración de infraestructuras críticas.

No obstante, el sector enfrenta una paradoja del crecimiento: a pesar de la aceleración del PIB y la creación de empleo técnico, la informalidad ha repuntado debido a los altos costos operativos y al éxodo de talento senior hacia mercados globales de trabajo independiente.

A nivel internacional, Colombia se ratifica como un proveedor estratégico de biometría y telecomunicaciones para Estados Unidos, aunque la dependencia de suministros asiáticos y las tensiones bélicas en Medio Oriente plantean riesgos de desabastecimiento de chips. El éxito futuro radica en la sinergia entre inversiones privadas masivas y la apuesta estatal por tecnologías cuánticas, enfocando la fuerza laboral hacia sectores resistentes a la automatización que demanden alta empatía y resolución de problemas complejos.

Friday, 27 March 2026 15:19

La primavera latinoamericana (video y podcast)

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La “Primavera de los Pueblos” podría estar inspirando nuestra región y propiciando la “Primavera Latinoamericana”, al experimentar un giro político donde el modelo de izquierda, dominante desde 2022, está siendo desplazado por liderazgos que apoyan el desarrollo empresarial, de la economía y la sociedad, para así revertir el autoritarismo y el estancamiento.

Los liderazgos de izquierda en Venezuela, Bolivia, Argentina resultaron en crisis de hiperinflación, déficits fiscales profundos y pérdida de inversión debido al control estatal excesivo, la politización de industrias clave y la corrupción sistémica.

Ahora, los nuevos gobiernos en Argentina (Milei), Bolivia (Paz), Panamá (Mulino) y Chile (Kast) están logrando estabilizar sus economías mediante superávit fiscal, reducción de la inflación, recuperación del crédito internacional y la confianza, marcando el camino para las próximas elecciones, este 2026, en Perú, Brasil y Colombia.

Tuesday, 24 March 2026 13:30

Trump quiere terminar la guerra (video y podcast)

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La guerra entre Estados Unidos e Irán en 2026 podría durar mucho más de lo que prometen los discursos políticos. Aunque desde Washington se habla de una posible victoria rápida basada en bombardeos aéreos y ataques selectivos, la realidad militar sobre el terreno apunta a un escenario muy distinto: una guerra de desgaste prolongada y con múltiples frentes activos.

Irán ha preparado durante décadas una estrategia defensiva basada en miles de misiles, drones de bajo costo, bases subterráneas y plataformas de lanzamiento móviles que dificultan una derrota rápida. Además, el conflicto ya no se limita a un solo país, sino que involucra a aliados regionales en lugares como Líbano, Irak, Siria y Yemen, obligando a Estados Unidos e Israel a dividir sus recursos militares.

La carrera presidencial ha mostrado una alta volatilidad; de los líderes iniciales en junio 2025 (Vicky Dávila, Gustavo Bolívar y Daniel Quintero), solo Sergio Fajardo permanece vigente, mientras que Iván Cepeda lidera actualmente la intención de voto con un sólido 35%.

La “Gran Consulta por Colombia” (centro-derecha) logró un hito histórico con 5,8 millones de votos, superando el récord del Pacto Histórico de 2022. De allí surgió la fórmula Paloma Valencia – Juan Daniel Oviedo, siendo este último el gran “disruptor” con más de un millón de votos propios.

Aunque Cepeda lidera la primera vuelta, la primera encuesta de marzo sugiere que perdería en los escenarios de balotaje contra Paloma Valencia (46% vs. 38%) y contra Abelardo de la Espriella (44% vs. 39%), además de un empate técnico frente a Sergio Fajardo.

Al final, el próximo presidente enfrentará un legislativo fragmentado donde ninguna fuerza tiene mayoría absoluta: el bloque de izquierda (Cepeda) cuenta con 29 curules, la derecha (Valencia/De la Espriella) con 27 y el centro (Fajardo) con 16; esto deja el poder de decisión en los partidos tradicionales (Liberal, Conservador y la U) que suman 30 curules, siendo las “bisagras”.

Durante el cierre de 2025 e inicios de 2026, el sector publicitario en Colombia consolidó una transformación estructural impulsada por la madurez del ecosistema digital y la integración de IA de alto nivel. El mercado cerró 2025 con un crecimiento del 8,1 % en sus ingresos totales nominales frente a 2024, alcanzando en diciembre un índice histórico de 232,4 puntos, un incremento del 23,3 % respecto al mismo mes del año anterior. Esta dinámica se sustenta en una inversión digital récord que alcanzó los $3,0 billones de pesos, donde el video se consolidó como el segundo motor de la industria con una participación del 28,2 % ($858,2 mil millones). En el frente externo, el sector mantuvo una balanza comercial superavitaria: las exportaciones crecieron un 1,8 %, sumando US$267,7 millones entre enero y septiembre de 2025, con Estados Unidos como principal destino (55,5 % de participación). Por su parte, las importaciones aumentaron un 4,0 % (US$164,0 millones), reflejando una mayor adquisición de software especializado y servicios de red global.

El sector ganadero colombiano consolidó un crecimiento excepcional del 8,3 % en su valor agregado al cierre del tercer trimestre de 2025, impulsado por una dinámica exportadora que alcanzó los US$394,6 millones, el tercer registro más alto de la última década. Este desempeño se apalanca en un hato nacional que ascendió a 30,3 millones de cabezas, donde departamentos como Antioquia y Córdoba lideran la participación con el 10,6% y 9,3 % respectivamente, respaldados por una base reproductiva de 9,9 millones de hembras adultas que garantizan la sostenibilidad de la oferta. En el ámbito de precios, el ganado gordo en pie alcanzó un máximo histórico de $9.135,0 por kilo en enero de 2026, lo que representa una variación interanual del 13,5 %, mientras que el consumo interno demostró resiliencia al absorber 708,8 millones de kilogramos de carne de res a noviembre de 2025, un incremento del 6,8 % frente al año anterior.

A futuro, la industria enfrenta una transformación digital con la obligatoriedad del sistema Sinigan v6 vigente desde enero de 2026, herramienta clave para capturar el potencial de exportación hacia China de hasta 50.000,0 toneladas anuales. Las proyecciones globales al 2033 indican que la producción mundial llegará a 81,2 millones de toneladas, donde el crecimiento sectorial dependerá de la mejora genética y del aumento en el sacrificio, en un entorno que deberá mitigar un alza del 6,0 % en emisiones de gases de efecto invernadero. Pese a los riesgos climáticos por inundaciones que afectan a más de 315.000 animales y la presión de costos por el salario mínimo, la eliminación de aranceles para 76 insumos agropecuarios y la solidez de la base reproductiva posicionan a Colombia como un competidor estratégico en el mercado global de proteína roja.

Durante décadas, Dubái construyó su éxito económico sobre un activo intangible pero poderoso: la neutralidad. En medio de una región históricamente marcada por tensiones geopolíticas, el emirato logró posicionarse como un refugio seguro para capital internacional, expatriados y corporaciones globales. Este modelo convirtió a los Emiratos Árabes Unidos en uno de los principales centros financieros y logísticos del mundo, atrayendo inversión proveniente de conflictos como la guerra en Siria o las sanciones contra Rusia. Sin embargo, la escalada militar regional en 2026, con ataques vinculados a Irán y tensiones con Estados Unidos e Israel, ha puesto en duda esa percepción de invulnerabilidad. Más allá de los daños físicos limitados, el verdadero riesgo está en la erosión del principal activo económico de Dubái: la confianza del capital global.

La vulnerabilidad es estructural. Sectores clave como la aviación, el turismo y el mercado inmobiliario —pilares del crecimiento del emirato— dependen de la estabilidad regional y del flujo constante de inversión extranjera. Antes de la crisis, la aviación representaba cerca del 27% del PIB local y sostenía cientos de miles de empleos gracias a hubs como el Aeropuerto Internacional de Dubái y la aerolínea Emirates. La cancelación masiva de vuelos, el cierre temporal de espacios aéreos y la caída del turismo de lujo amenazan ahora con frenar el motor económico del emirato. Al mismo tiempo, la incertidumbre geopolítica empieza a reflejarse en el mercado inmobiliario, históricamente impulsado por capital extranjero. Si el conflicto regional se prolonga, analistas advierten que parte de estos flujos podrían redirigirse hacia refugios financieros más estables como Singapur o el sistema bancario de Suiza, poniendo a prueba la resiliencia de uno de los experimentos económicos más exitosos del Medio Oriente.

Friday, 13 March 2026 13:38

¿Por qué somos pobres? (video y podcast)

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En nuestra región 160 millones de personas no cuentan con los recursos económicos para cubrir sus necesidades básicas y 63 millones ni siquiera para una canasta básica de alimentación. Si bien, en 1990, los niveles de pobreza eran el 51 % y ahora un 25 % a través del crecimiento económico y la reducción del tamaño de los hogares, las cifras son alarmantes.

Ahora, la pobreza no afecta a todos por igual, ser menor de edad, vivir en la ruralidad o pertenecer a una etnia aumenta drásticamente el riesgo de estar en situación de pobreza.

La pobreza en la región no es solo falta de ingresos, sino el resultado de un mercado laboral excluyente, sistemas de salud y educación con brechas de calidad, y una infraestructura básica que aún no llega de forma universal a las zonas rurales y grupos vulnerables. Está claro que el gobierno de Colombia no ha trabajado para cambiar esto, ¿y nosotros desde las empresas?

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