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El comercio electrónico consolida un proceso de transformación estructural en los hábitos de consumo. En 2025, el número de transacciones alcanzó 684,6 millones, con un crecimiento anual del 19,9%, manteniendo una dinámica robusta sobre una base ya ampliada y evidenciando una expansión superior a seis veces frente a 2019. Este comportamiento confirma la maduración del canal tras el impulso extraordinario de la pandemia, con un crecimiento ahora más sostenido y menos dependiente de factores coyunturales. En términos de valor, las ventas en línea sumaron $145,4 billones, con un aumento del 11,1%, mientras que la caída del 7,4% en el ticket promedio refleja una mayor atomización del gasto, caracterizada por más transacciones de menor valor individual.

La aparente contradicción entre una tasa de desocupación históricamente baja (8,8%) y un crecimiento económico anémico (2,2%) revela que el mercado laboral colombiano no está absorbiendo mano de obra a través de la expansión del sector empresarial formal. Por el contrario, el indicador se sostiene sobre el fenómeno del autoempleo, el cual representa el 45,8% de la población ocupada y actúa como un amortiguador social frente a la contracción de la inversión privada y las altas tasas de interés.

La reducción en la presión sobre el mercado de trabajo está influenciada de manera significativa por determinantes demográficos y de inactividad, reflejados en el incremento de la población fuera de la fuerza laboral (que pasó de 9 millones en 2017 a 11,2 millones en el inicio de 2026). Este incremento responde no solo a dinámicas formativas o de jubilación, sino también al desincentivo laboral generado por las transferencias monetarias y subsidios estatales, lo que altera artificialmente la base de cálculo del desempleo tradicional.

El éxodo sin precedentes de 1,4 millones de colombianos en los últimos seis años (alcanzando un acumulado de 5,8 millones en el exterior) representa una fuga masiva de capital humano que reduce de forma exógena la oferta de fuerza de trabajo disponible en el país. Esta pérdida de talento aminora la competencia interna por puestos de trabajo, generando un sesgo a la baja en la tasa de desempleo que no guarda relación con una mejora real en la salud macroeconómica del país.

El sector de elaboración de cacao, chocolate y productos de confitería en Colombia transitó por un 2025 de contrastes profundos, definido por una volatilidad histórica en los precios internacionales que reconfiguró la dinámica de toda la cadena de valor. Mientras el eslabón primario capturó beneficios de cotizaciones récord que superaron los US$ 10.000 por tonelada en la primera mitad del año, la industria transformadora enfrentó una severa presión en sus márgenes de rentabilidad debido al encarecimiento de su principal insumo. A nivel interno, el Producto Interno Bruto (PIB) de la actividad mostró señales de ajuste con una variación anual del -0,6 %, reflejando una desaceleración en el consumo de los hogares y una reducción en la molienda industrial ante los elevados costos de producción. No obstante, el frente externo se consolidó como el motor de crecimiento, alcanzando ventas por US$ 413,2 millones, apalancadas por la calidad premium del grano nacional y la expansión hacia mercados estratégicos como Estados Unidos y Malasia.

En 2026, el sector se enfrenta a un proceso de estabilización de precios tras una corrección drástica del 74,0 % en los mercados globales al inicio del año. El panorama prospectivo está marcado por desafíos estructurales, incluyendo el impacto del cambio climático en la aptitud de los suelos y las nuevas exigencias regulatorias de sostenibilidad en la Unión Europea, que demandarán sistemas avanzados de trazabilidad.

La inteligencia artificial no debe ser tratada como una simple herramienta, sino como un habilitador tecnológico que redefine la solución a los problemas de los clientes, evitando caer en una nueva miopía estratégica.

El marketing evoluciona de la seducción humana hacia la interacción entre máquinas, donde la prioridad es posicionarse ante agentes inteligentes (A2A) que ahora pre-filtran y toman decisiones de compra.

Ante la saturación de datos generados por máquinas, el valor humano reside en la curaduría estratégica y la transparencia, factores críticos para sostener la confianza en el análisis sectorial.

El marketing, en su esencia más pura, siempre ha sido una danza: el movimiento coreografiado entre la propuesta de valor de una empresa y los deseos profundos de su público. Sin embargo, como advierte Giuseppe Stigliano, colaborador de Philip Kotler y referente global en estrategia, el escenario de este baile ha cambiado para siempre. Ya no solo bailamos con humanos; ahora, la inteligencia artificial ha entrado en la pista, y no como un simple invitado, sino como el nuevo coreógrafo.

La nueva miopía: ¿herramienta o habilitador?

En 1960, Theodore Levitt acuñó el término “miopía del marketing” para describir a empresas que, como Kodak, olvidaron cuál era su verdadero negocio. Kodak no vendía rollos de película; vendía la conservación de memorias. Hoy, Stigliano nos advierte sobre una nueva patología: la miopía de la inteligencia.

El error más grave que un líder puede cometer hoy es ver la IA generativa y agentica simplemente como una “herramienta” o un tool más en la caja de utilidades. La IA no es un martillo; es la electricidad. No es algo que se usa de vez en cuando para optimizar un proceso; es un habilitador de uso general que está redefiniendo el mercado. Si tu empresa sigue enfocada en lo que vende y no en la solución al problema del cliente mediante este nuevo paradigma, te arriesgas a la extinción. En este nuevo mundo, o te adaptas o sales del radar.

El fin de la seducción humana

Durante el último siglo, el marketing se ha obsesionado con la economía de la atención. Hemos perfeccionado el arte del hook (el gancho) para seducir, convencer y atrapar al consumidor en un viaje lineal. Pero ¿qué sucede cuando del otro lado de la pantalla no hay un humano?

Estamos transitando hacia un modelo de relaciones fragmentado en tres dimensiones:

A2C (Agent to Consumer): agentes de empresas interactuando con humanos (chatbots avanzados).

A2B (Agent to Business): agentes gestionando relaciones con empleados de otras empresas.

A2A (Agent to Agent): el cambio más radical. Agentes de software negociando, filtrando y decidiendo con otros agentes.

¿Cómo se seduce a un algoritmo? Un agente no se deja impresionar por un anuncio emocional de 30 segundos. El agente busca datos, eficiencia y resultados (outcomes).

Las 5 implicaciones que reescriben las reglas

Para los “inmigrantes digitales” que hoy toman las decisiones estratégicas, Stigliano plantea cinco choques de realidad:

El fin de la producción de contenidos: generar contenido a escala ya no es una ventaja competitiva; cualquiera puede hacerlo. La ventaja ahora reside en la curaduría. El humano ya no es el creador de la arcilla, sino el escultor que decide qué pieza tiene sentido.

Personalización Radical: olvida los segmentos de mercado. La IA permite el one-to-one real. Gartner predice que para 2028, el 60% de las marcas usarán IA agentica para interacciones individuales exclusivas.

La muerte del Customer Journey tradicional: los agentes pre-filtran y pre-seleccionan. Si no estás en su radar algorítmico, no existes. Se estima que el volumen de búsquedas tradicionales caerá un 25% para 2026.

Del Output al Outcome: ya no importa cuántos clics o impresiones generas (eso es medir un mundo que ya no existe). El nuevo modelo de negocio cobra por resultados: “¿Cuántas reservas reales lograste?”.

Trust (Confianza) como moneda: en un mar de contenido sintético, la transparencia es el único refugio. El 78% de los consumidores valora el origen del contenido por encima de todo.

¿Inmigrante o Nativo?

Stigliano cierra con una metáfora poderosa: el primer problema de un inmigrante es que no habla el idioma, no entiende los chistes y no le gusta la comida del nuevo país. La mayoría de los directivos actuales son inmigrantes digitales tratando de dictar reglas para un mundo de nativos.

No podemos seguir intentando vender “sal” (métricas y procesos antiguos) en un mundo que ya ha descubierto las “neveras” (la autonomía de la IA). La Matriz de Madurez de IA no es opcional; es el mapa para dejar de ser un vendedor de insumos y convertirse en un proveedor de soluciones en la era de los agentes.

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Latinoamérica está atravesando una de las transformaciones demográficas más aceleradas de su historia. La región pasó de tener casi seis hijos por mujer en 1960 a ubicarse hoy por debajo de la tasa mínima de reemplazo poblacional. Países como Chile, Uruguay, Costa Rica y Argentina ya muestran cifras comparables a las de economías envejecidas de Europa o Asia, pero con una diferencia clave: América Latina aún no ha consolidado sistemas de bienestar sólidos ni niveles de ingreso altos. El resultado es una región que envejece antes de enriquecerse, generando presión sobre las pensiones, los sistemas de salud y el mercado laboral.

La caída de la natalidad no responde únicamente a cambios culturales, sino también a factores económicos y sociales cada vez más determinantes. El aumento del costo de vida, la dificultad para acceder a vivienda, la informalidad laboral y la incertidumbre económica han convertido la decisión de tener hijos en una cuestión de estabilidad financiera. Mientras millones de personas siguen deseando formar familias, las condiciones materiales hacen que posterguen o descarten esa posibilidad. El debate ya no es solo demográfico: es económico, social y estructural, y definirá el futuro de la región durante las próximas décadas.

La IA no es una solución mágica, sino una herramienta estratégica que requiere cimientos sólidos en datos propios y un enfoque radical en resolver problemas reales del cliente que generen valor inmediato.

Estamos transitando hacia un marketing orientado a agentes de IA (modelos A2B y A2A), donde las marcas deben ser visibles para los algoritmos y ofrecer una hiper-personalización absoluta para no quedar obsoletas.

La transformación exitosa depende de crear un motor de experimentación basado en la curiosidad y prototipos rápidos, priorizando el aprendizaje continuo sobre el dominio de una tecnología específica.

El liderazgo del cambio debe ser humano y empático, eligiendo líderes internos que entiendan la cultura de la organización para guiar al equipo a través de la curva emocional que implica la adopción digital.

En el siglo XXI el poder ya no depende únicamente de ejércitos o invasiones militares. Hoy se ejerce mediante deuda, comercio, tecnología, sanciones y control financiero. Entre Estados Unidos y China, decenas de países de África y América Latina enfrentan una realidad incómoda: son formalmente soberanos, pero muchas de sus decisiones estratégicas están condicionadas por intereses externos. Elegir un proveedor tecnológico, aceptar un préstamo o votar en organismos internacionales puede traer consecuencias económicas inmediatas.

Casos como Venezuela, Zambia o varios países del Sahel muestran cómo la presión entre potencias termina afectando a los ciudadanos comunes con inflación, desempleo, migración y menor inversión social. Sin embargo, también surge una oportunidad en un mundo más multipolar, donde actores como Brasil, India o Japón podrían equilibrar la balanza global. La verdadera independencia moderna no consiste solo en tener bandera propia, sino en contar con instituciones fuertes capaces de decir “no” cuando sea necesario.

El sector de transporte y logística en Colombia consolidó una trayectoria de recuperación durante 2025, alcanzando un crecimiento real del PIB de 2,2 % impulsado por el dinamismo de las zonas francas y el consumo interno.

A pesar del aumento en la movilización de carga seca y la reactivación de los ingresos logísticos, la industria enfrenta una “encrucijada de ejecución” presupuestal y una crisis de infraestructura física que ha deteriorado corredores viales estratégicos.

El inicio de 2026 marca un cambio en la estructura de costos; mientras la presión de los combustibles cede, el fuerte ajuste del salario mínimo y los peajes se consolidan como los principales desafíos para la rentabilidad operativa. En un entorno de alta inseguridad y bloqueos persistentes, el sector debe priorizar la eficiencia logística y la modernización de flotas para mantener su competitividad.

En distintas regiones del mundo está emergiendo una nueva forma de poder: países que conservan bandera, gobierno y reconocimiento internacional, pero donde el control real del territorio, la economía y la seguridad está en manos de milicias, grupos armados o actores externos. Casos como Yemen, Libia o varios países del Sahel muestran que el modelo clásico del Estado-nación atraviesa una crisis profunda. En estos territorios, el gobierno oficial mantiene legitimidad formal, pero las decisiones clave las toman quienes controlan puertos, rutas comerciales, recursos naturales o la fuerza armada local.

Este fenómeno, conocido por algunos analistas como ecosistemas soberanos, está transformando la geopolítica global. Potencias como Rusia, Turquía, Emiratos Árabes Unidos y China ya no negocian solo con gobiernos centrales, sino con quienes ejercen poder efectivo sobre el terreno. Las consecuencias impactan al mundo entero: migración masiva, inseguridad energética, interrupciones logísticas y disputa por minerales críticos. La gran pregunta del siglo XXI ya no es solo quién gobierna legalmente, sino quién manda realmente.

La intervención de Estados Unidos en Venezuela en enero de 2026 logró cumplir sus objetivos militares inmediatos, como la captura de Nicolás Maduro y una transición de poder sin conflicto prolongado bajo el liderazgo de Delcy Rodríguez. Desde la perspectiva geopolítica, Washington consolidó su capacidad de acción en la región y promovió cambios institucionales orientados a abrir el sector energético. Sin embargo, el principal objetivo económico —atraer inversión directa de empresas estadounidenses al petróleo venezolano— sigue sin materializarse, a pesar de reformas legales, licencias especiales y una leve recuperación en la producción.

El problema central radica en la falta de confianza estructural: las sanciones aún vigentes, el historial de expropiaciones y la incertidumbre política hacen que las grandes corporaciones opten por la cautela. En lugar de inversión directa, el mercado ha sido ocupado por intermediarios internacionales y compradores como India, lo que deja en evidencia una contradicción clave: la intervención logró control político, pero no ha garantizado beneficios económicos sostenibles. En este contexto, surge una pregunta incómoda para Washington: ¿valió la pena el costo geopolítico si el capital privado, que debía consolidar la victoria, aún no llega?

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