Agrícola y Agrotech

Agrícola y Agrotech (19)

El sector agropecuario colombiano inicia 2026 inmerso en una coyuntura caracterizada por la convergencia de la revaluación del peso. Además, ocurren el descenso en los precios internacionales de los commodities y el encarecimiento de la mano de obra. Dicha combinación de factores pone en riesgo la rentabilidad de actividades intensivas en personal. Estas generan el 14,0% de los puestos de trabajo en el país. En particular, renglones tradicionales como el café y el aceite de palma enfrentan un escenario de menores ingresos por exportaciones. Esta situación limita su capacidad histórica para jalonar el crecimiento del rubro agropecuario en las dimensiones observadas en años anteriores.

Según Portafolio, el exministro Andrés Valencia califica el panorama actual como una “tormenta perfecta”. En este contexto, la producción cafetera anualizada desciende mientras las flores enfrentan la incertidumbre de un posible arancel del 10,0% en Estados Unidos. Por su parte, los cultivos transitorios como el maíz, la soya y el arroz pierden competitividad frente a las importaciones baratas. Esto se agrava en el caso del cereal por un precio mínimo de garantía que podría incentivar una sobreoferta en regiones como Casanare. Tal dinámica presiona a los productores locales. Por lo tanto, deben lidiar con costos operativos al alza y precios de venta a la baja o estancados.

No obstante, existen matices positivos en la agroindustria de la caña y el sector lácteo. Se proyecta que el primero logre una molienda superior a los 23,0 millones de toneladas y genere divisas por US$400 millones. Por otro lado, el acopio lechero crecería entre un 2,0% y un 3,0%, impulsado por siete trimestres consecutivos de aumento en el consumo. A pesar de estas cifras alentadoras, gremios como la Asociación de Cultivadores de Caña de Azúcar de Colombia (Asocaña) y la Asociación Nacional de Productores de Leche en Colombia (Analac) advierten que la sostenibilidad de estos resultados dependerá de la normalización climática. También dependerán de la gestión eficiente de los costos laborales, los cuales amenazan con minar la competitividad frente a los mercados globales.

El sector agrícola colombiano reportó un crecimiento del 6,5 % en la producción de cultivos transitorios durante el primer semestre de 2025, alcanzando un volumen total de 7,2 millones de toneladas. El incremento estuvo respaldado por una expansión del 1,4 % en el área sembrada, que sumó 1,3 millones de hectáreas, y una mejora en los rendimientos promedio, los cuales se situaron en 9,5 toneladas por hectárea. Según el Gobierno Nacional, estos resultados reflejan una mayor eficiencia productiva y la consolidación de productos estratégicos para la soberanía alimentaria en un entorno de desafíos climáticos.

De acuerdo con el Ministerio de Agricultura, el desempeño favorable fue impulsado principalmente por los rubros de raíces, tubérculos y cereales. La ministra Martha Carvajalino destacó que la papa se consolidó como el cultivo líder con 2,1 millones de toneladas y un crecimiento del 15,8 %, mientras que el arroz y el maíz registraron alzas del 9,9 % y 11,5 %, respectivamente. Estas cifras, basadas en datos de la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA), evidencian un repunte en el abastecimiento interno gracias a la adopción tecnológica y mejores rendimientos en productos como la yuca y el maíz amarillo.

El balance oficial también vinculó estos avances con la política de sustitución de cultivos ilícitos, señalando que el acceso a tierras, crédito y asistencia técnica ha permitido crear alternativas sostenibles para las familias rurales. En el frente externo, Colombia fortaleció su posición exportadora con productos como café, banano y frutas, ampliando su presencia en mercados internacionales. No obstante, analistas del sector advierten que la sostenibilidad de esta tendencia positiva dependerá  de la evolución de los costos de producción y del comportamiento climático durante el segundo semestre del 2025.

El sector del aguacate Hass colombiano cierra 2025 con cifras récord que lo ratifican como el tercer mayor exportador a nivel mundial, situándose únicamente detrás de México y Perú. La industria alcanzó una producción superior a las 620.000 toneladas y un volumen de ventas externas cercano a las 147.000 toneladas, logrando un notable crecimiento del 46,6 % en el valor exportado, el cual superó la barrera de los US$300 millones impulsados por la sólida demanda en Europa y Estados Unidos.

Según Portafolio, la estrategia para 2026 se centra en la expansión hacia mercados premium en Asia, priorizando destinos como Japón, Corea del Sur y China, donde los estándares de calidad y trazabilidad son determinantes. A pesar de haber enfrentado un año desafiante con alzas del 7,8 % en los costos de insumos y tasas de interés superiores al 9,0 %, el sector ha logrado certificar su origen y tecnificar los cultivos para mantener la competitividad en los más de 30 mercados donde hace presencia actualmente.

Para el próximo ciclo, los productores proyectan un escenario de precios ligeramente superiores al promedio de 2025 y un incremento en la demanda desde plazas emergentes como Chile, Medio Oriente y Europa del Este. Aunque persisten riesgos externos asociados al fenómeno de La Niña, la industria apuesta por la eficiencia operativa y la diversificación de ventanas comerciales para sostener la rentabilidad y consolidar al “oro verde” como uno de los principales motores de la balanza comercial agrícola del país.

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Un equipo de científicos ha desarrollado un método innovador capaz de transformar los residuos agroindustriales del tomate, incluyendo cáscaras, semillas y frutos dañados, en un combustible sostenible de aviación (SAF) altamente eficiente. Mediante técnicas avanzadas de conversión termoquímica y refinamiento, esta tecnología logra convertir la biomasa vegetal desechada en un carburante con propiedades similares al queroseno, lo que permite su uso directo en los motores de las aeronaves existentes sin necesidad de realizar costosas modificaciones a la infraestructura mecánica actual.

Según Diario del Cauca, el hallazgo representa una solución doblemente efectiva para el medio ambiente, atacando tanto el problema de los desechos agrícolas como el impacto de una industria aérea responsable de entre el 2,0 % y el 3,0 % de las emisiones globales de dióxido de carbono. El reporte destaca que, a diferencia de otros biocombustibles que requieren cultivos dedicados, este proceso se alinea estrictamente con la economía circular al no competir con la producción de alimentos, valorizando materiales que hoy se consideran basura para reducir la huella de carbono del sector transporte.

Desde la perspectiva económica, la iniciativa abre nuevas oportunidades para las regiones con fuerte vocación agrícola, permitiendo a los productores monetizar sus excedentes y residuos mientras se disminuyen los costos de materia prima para la energía limpia. Aunque el proyecto aún requiere pruebas a gran escala para validar su viabilidad comercial masiva, los resultados preliminares lo posicionan como un candidato esencial en la carrera global hacia la neutralidad de carbono, demostrando que la transición energética puede impulsarse eficazmente desde el campo.

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El sector agropecuario de Colombia se perfila como un pilar fundamental para el crecimiento económico del país en 2026, impulsado por un entorno comercial favorable caracterizado por la estabilidad de la demanda en Estados Unidos y la apertura estratégica de nuevos nichos en el mercado asiático. Las proyecciones indican que, pese a las dificultades estructurales en otras regiones como la Unión Europea, la resiliencia del consumo en las dos mayores economías del mundo ofrecerá una ventana de oportunidad única para diversificar la canasta exportadora nacional y fortalecer los ingresos de los productores rurales.

Según Contexto Ganadero, China se ha consolidado durante el 2025 como el principal destino de las exportaciones de carne de res colombiana, un hito que marca el inicio de una nueva etapa comercial que promete extenderse a otros productos clave como el banano, el café y el cacao, tras los anuncios realizados en la reciente Exposición Internacional de Importaciones (CIIE). El reporte subraya que, aunque Estados Unidos mantiene una demanda sólida y menores barreras arancelarias tras superar sus propios retos fiscales, el éxito de Colombia dependerá de su capacidad para derribar las barreras logísticas y culturales que aún limitan el acceso pleno, tal como lo han logrado competidores regionales como Perú y Chile.

Para capitalizar este escenario, los expertos señalan que el reto para el próximo año será la implementación de estrategias de largo plazo que integren sostenibilidad y eficiencia en la cadena de suministro. La consolidación de estos mercados no solo dependerá de la calidad del producto, sino de la agilidad para adaptarse a los protocolos internacionales, permitiendo que el agro juegue un rol decisivo en la balanza comercial y en la generación de empleo formal en el campo colombiano.

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El Ministerio de Comercio, Industria y Turismo (MinCIT) expidió el Decreto 1183 de 2025, mediante el cual se modifica parcialmente el arancel de aduanas para fijar una tarifa del 0,0 % a la importación de diversas subpartidas de insumos agropecuarios. Esta medida, que entró en vigor el 9 de noviembre de 2025, busca facilitar el acceso a materiales esenciales para fortalecer la competitividad del campo colombiano.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Contadores Públicos de Colombia (INCP), la reducción arancelaria aplica a insumos utilizados en procesos agrícolas, pecuarios y acuícolas. La medida fue tomada en reconocimiento del papel estratégico que cumple el sector agropecuario en la estabilidad social, la seguridad alimentaria y la producción nacional, y busca responder a las condiciones del mercado internacional de insumos.

La disposición establece que la reducción arancelaria tendrá una vigencia de un año a partir de su entrada en vigor. Además, el Decreto 1183 de 2025 será revisado anualmente por el Comité de Asuntos Aduaneros, Arancelarios y de Comercio Exterior, con el fin de analizar sus efectos y determinar la continuidad de la tarifa del 0,0 % para la importación de dichos insumos.

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El Fondo de Convergencia Estructural del Mercosur (Focem) anunció una inversión inicial de US$ 24 billones para apoyar la transformación del sector agrícola de Colombia. Este programa, que se extenderá hasta 2030, surge tras la adhesión del país como Estado Asociado al bloque sudamericano. Con la visión de modernizar la agricultura, reducir los índices de pobreza rural y fortalecer la integración de Colombia como un jugador clave en la agroindustria regional.

De acuerdo con Agronegocios, el programa se enfocará en cuatro ejes: desarrollo rural sostenible, infraestructura logística, biotecnología y acceso a mercados. La ministra de Agricultura, Jhenifer Mojica, señaló que los fondos serán cruciales para financiar proyectos de infraestructura, como vías terciarias y centros de acopio. Por su parte, el embajador de Uruguay en Colombia, Julio Baráibar, aclaró que “no es un crédito, son recursos de cooperación para cerrar brechas”.

La inversión se ejecutará por fases, iniciando con un desembolso de US$ 6 billones entre 2025 y 2026 destinados a proyectos de impacto rápido. El programa priorizará a los pequeños y medianos productores y destinará el 40,0 % de los recursos a los municipios de Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET). Los fondos también se utilizarán para financiar la adopción de tecnologías de agricultura de precisión y fortalecer cadenas productivas estratégicas como las del cacao, café y frutas exóticas.

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Colombia sigue trabajando en su integración económica con Asia al concretar una alianza con Cosco Shipping, el gigante del transporte marítimo mundial. El acuerdo, confirmado durante la China International Import Expo en Shanghái (donde Colombia fue el país invitado de honor), tiene como objetivo establecer rutas, asegurar la disponibilidad de contenedores y ofrecer tarifas competitivas. Lo anterior busca facilitar la exportación de alimentos y bienes agrícolas colombianos, fortaleciendo la presencia del país en el mercado asiático de más de 1.400 millones de consumidores.

Según W Radio, el presidente de la Agencia de Desarrollo Rural, César Pachón, fue el encargado de anunciar la firma, explicando que el acuerdo busca resolver el problema histórico de la falta de flota propia y el alto costo para mover mercancías desde el campo hacia otros continentes. El nuevo vínculo con China se planteó como una salida moderna y necesaria. El acto coincidió con la inauguración del pabellón nacional en la feria, donde se exhibieron productos como café de especialidad, cacao, miel, aguacate y limón Tahití, representando a más de dos mil familias campesinas de distintas regiones.

La alianza se enmarca en la llamada “ruta de la seda” y permite a la agricultura colombiana entrar en la vitrina del mayor mercado del mundo. El Gobierno destacó que esta es una semana clave para mostrar que Colombia se destaca por sabor, calidad y competitividad.

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Sindicatos del sector de la caña de azúcar han emitido una advertencia al Gobierno Nacional por un proyecto de resolución que busca modificar la metodología para calcular el Ingreso al Productor (IP) de etanol y biodiésel, ajustándolo a los precios internacionales. Las organizaciones gremiales señalan que la medida propuesta generaría graves consecuencias económicas, sociales y ambientales en varias regiones del país.

Según el diario El País, la principal preocupación del sector cañero es que la nueva fórmula utilizaría el Precio Paridad (PP) de biocombustibles en mercados como Estados Unidos y Europa, sin reconocer los costos reales del mercado colombiano. Los trabajadores y sindicatos aseguran que producir etanol en Colombia cuesta en promedio tres dólares por galón, el doble del costo en Estados Unidos (1,5 dólares) debido a sus subsidios y economías de escala.

Los sindicatos señalaron que adoptar precios externos pondría en riesgo la estabilidad de más de 286.000 puestos de trabajo en los departamentos del Valle del Cauca, Cauca y Risaralda. Además, el aumento de la producción de azúcar, al reducirse la demanda de caña para etanol, podría generar efectos negativos en la cadena panelera que sustenta a más de 350.000 familias rurales. Por ello, han solicitado al Gobierno que el proyecto sea derogado o que incluya medidas concretas de protección para el empleo y la competitividad nacional.

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Las exportaciones colombianas de aguacate Hass han registrado un crecimiento del 46,6% en lo que va de 2025, en comparación con el mismo período del año anterior, alcanzando las 147.013 toneladas. Según cifras de Inteligencia de Mercados y Comercio Exterior (SICEX), solo en septiembre se exportaron 14.611 toneladas, un 32,9% más que en ese mes de 2024. Este dinamismo consolida a la fruta como la tercera más exportada del país, teniendo a Europa, Estados Unidos y Canadá como sus principales destinos.

De acuerdo con Forbes Colombia, el éxito de esta agroindustria responde a ventajas competitivas clave. Si bien los suelos colombianos ofrecen condiciones óptimas de drenaje y minerales, el verdadero diferencial del país es su capacidad de producir aguacate Hass durante todo el año, frente a competidores estacionales como México o Perú. A esto se suma la ventaja logística de tener salida a los océanos Atlántico y Pacífico, lo que permite tiempos de entrega más cortos.

Katheryn Mejía, presidenta ejecutiva de Corpohass, señaló que el sector trabaja bajo “Encadenamientos Productivos Sostenibles” para mejorar la productividad, respetando el medio ambiente y generando bienestar rural. Añadió que para que Colombia se mantenga entre los principales exportadores, la calidad debe ser una “garantía permanente”, lo que exige rigor en cada etapa de la cadena, desde la finca hasta la entrega final al consumidor.

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