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La exploración de gas natural en Colombia es clave para el panorama energético. La Asociación Colombiana del Petróleo y Gas (ACP) destaca 18 proyectos privados que podrían aportar hasta 250 millones de pies cúbicos diarios, asegurando el suministro hasta 2028. Estos proyectos se encuentran en Córdoba, Sucre, Magdalena, Atlántico, Cesar, Casanare, Arauca y Guajira, con especial atención en las cuencas del Valle Inferior del Magdalena y Sinú San Jacinto.

La exploración en el mar Caribe es prometedora, con potencial para satisfacer la demanda interna y generar excedentes exportables. Para esto, es vital una colaboración eficaz entre la ACP, las empresas y el Gobierno. La ACP subraya la importancia de fomentar la exploración y establecer normativas claras, flexibilidad comercial y nueva metodología de transporte.

Entre enero y abril de 2024, la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) reportó una producción promedio de 1.459 millones de pies cúbicos diarios (mpcd) de gas fiscalizado, marcando una disminución del 8,4% respecto al mismo periodo del año anterior. El fenómeno de El Niño impulsó la demanda de gas natural para generación eléctrica en un 233,0% en comparación con el mismo periodo de 2023.

Durante estos meses, los embalses alcanzaron mínimos históricos, forzando un aumento en la generación térmica para prevenir desabastecimientos. El consumo total de gas ascendió a 51.140 GBTU (Unidad Térmica Británica), duplicando el consumo de 2023. La Asociación Colombiana de Petróleo y Gas (ACP) destacó que el 60,0% de los hallazgos de hidrocarburos entre 2022 y 2023 fueron de gas, con una tasa de éxito del 38,0% en los 36 pozos perforados.

En 2023, la producción de gas creció en los campos Pandereta y La Belleza, con incrementos del 147,0% y 199,0%, respectivamente. Sin embargo, las reservas probadas de gas se redujeron en un 15,3%, garantizando suministro para 6,1 años frente a los 7,2 años de 2022. Pese a la disminución en las reservas, los recursos contingentes de gas aumentaron un 96,8%, reflejando un potencial de recuperación a largo plazo.

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Un reciente informe del equipo de investigaciones del Banco de Bogotá destacó el turismo como uno de los sectores con mayor potencial de crecimiento en la economía colombiana. Según el documento, se espera que, al cierre de 2024, el turismo se convierta en el tercer mayor generador de divisas del país, con ingresos proyectados de aproximadamente 9.000 millones de dólares, superando al carbón y posicionándose como una fuente clave de ingresos extranjeros.

El equipo investigativo señaló que “la recuperación del turismo en Colombia ha sido más contundente que la observada en el mundo tras el choque de la pandemia, con el flujo de dólares creciendo incluso más que el número de turistas”. Este aumento en el ingreso de divisas refleja un notable incremento en la llegada de visitantes extranjeros y sus gastos en el país.

Hasta marzo de este año, el turismo representó un flujo de dólares de 7.946 millones en los últimos 12 meses, situándose como el cuarto mayor dinamizador de divisas estadounidenses, superado por el carbón (8.105 millones de dólares) y seguido por el café (2.714 millones de dólares). Este crecimiento significativo no sólo beneficia a las principales ciudades turísticas, sino también a las regiones con alto potencial turístico que recibirán inversiones en infraestructura, como aeropuertos, carreteras y servicios públicos.

El fortalecimiento del sector turístico contribuiría a diversificar la economía colombiana, tradicionalmente dependiente de exportaciones de productos primarios. Una economía más diversificada es menos vulnerable a choques externos y puede ofrecer un crecimiento más sostenido.

Aunque el crecimiento del turismo ofrece múltiples beneficios, también presenta desafíos como la necesidad de mantener la sostenibilidad ambiental y cultural, y de mejorar la seguridad y la infraestructura de manera equilibrada.

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Debido a la globalización, el desempeño del sector de logística y transporte de carga en el país está estrechamente ligado al comercio internacional. En febrero de 2024, el comercio mundial de bienes mostró signos de recuperación y tuvo un crecimiento anual del 1,2%, con lo cual se registró el primer incremento luego de la caída del 1,2% que tuvo lugar en 2023.

Sin embargo, hay factores de tensión geopolíticos y climáticos que podrían afectar la cadena de suministros global en el corto plazo y, en consecuencia, el comercio entre Colombia y el resto del mundo. En particular, los conflictos en Medio Oriente impactan el tránsito de mercancías en el Canal del Suez (Egipto), que mueve el 12,0% del comercio mundial, y el estrecho de Ormuz (entre Irán, Emiratos Árabes Unidos y Omán), a través del cual se transporta entre el 20,0% y el 30,0% del petróleo mundial. En el caso del Canal del Suez, los hutíes han atacado buques comerciales que transitan las aguas de Yemen en su ruta hacia el Canal, lo que se ha traducido en el desvío de cerca de 470 de ellos, según cálculos de la consultora Boston Consulting Group (BCG).

Otro punto de tensión geopolítica es el del estrecho de Malaca (que incluye a Singapur, Malasia e Indonesia) y Taiwán. Por esta zona se mueve casi un tercio del comercio mundial y el 80,0% de las importaciones de energéticas de China, las cuales provienen de países en vía de desarrollo en África y Latinoamérica, principalmente. De otro lado, el Canal de Panamá se ha visto fuertemente afectado por los efectos del Fenómeno de El Niño, lo cual derivó en una reducción en los tránsitos y en la carga.

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En Colombia, la tasa de natalidad cayó un 11% en 2023.

Se espera que la población mayor de 60 años aumente al 16,5% para 2030.

Estos cambios están presionando los sistemas de salud, pensiones y servicios, requiriendo una adaptación integral de las políticas públicas

A lo largo de la historia, las pirámides poblacionales han mantenido una estructura predecible: una amplia base de jóvenes y una cima estrecha de personas mayores. Sin embargo, en las últimas décadas, esta forma tradicional ha comenzado a cambiar drásticamente en muchos países, convirtiéndose en una figura más rectangular. Este cambio está impulsado por el aumento de la esperanza de vida y una notable disminución en las tasas de natalidad, especialmente en países de ingresos medios y altos como Japón, Corea del Sur, Italia y España. Estos países ahora presentan una distribución etaria más uniforme, con proporciones similares de jóvenes, personas de mediana edad y adultos mayores.

Una pirámide poblacional es una representación gráfica que muestra la distribución de la población de un país o región según edad y sexo. Tradicionalmente, tiene una base ancha que representa a los jóvenes, y se va estrechando hacia la cima, que representa a los ancianos. Esta estructura permite visualizar rápidamente la proporción de diferentes grupos etarios en la población, facilitando el análisis de tendencias demográficas como tasas de natalidad, mortalidad y crecimiento poblacional. Las pirámides poblacionales son herramientas cruciales para la planificación social, económica y de políticas públicas, ya que ofrecen una visión clara de la composición y dinámica de una población a lo largo del tiempo.

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Este fenómeno demográfico tiene profundas implicaciones sociales, culturales y económicas. A nivel global, los avances científicos y tecnológicos, junto con una economía centrada en la longevidad extrema, han ganado tracción. Según un informe de Merrill Lynch, el sector de la longevidad movía US$110.000 millones en 2019 y se espera que alcance los US$600.000 millones para 2025. Esta evolución demográfica es una de las tendencias más predecibles del cambio global, permitiendo anticipar con cierta precisión cómo serán las estructuras poblacionales en las próximas décadas.

A pesar de la disminución de las tasas de natalidad en muchas regiones, África subsahariana sigue experimentando un auge demográfico. La dinámica tendrá efectos significativos: la necesidad de desarrollar la agricultura para abastecer a una creciente población y la probable flexibilización de las políticas migratorias en los países occidentales, que requerirán trabajadores inmigrantes para sustentar sus economías y sistemas de bienestar social.

En Colombia, el cambio demográfico también está dejando una marca notable. En 2023, se registraron 510.537 nacimientos, una reducción del 11% respecto al año anterior, y el séptimo año consecutivo de disminución en los índices de natalidad. Este fenómeno, aunque global, tiene matices locales significativos. Las causas de esta tendencia incluyen la incorporación de más mujeres al mercado laboral, lo que retrasa la maternidad y disminuye la tasa de fecundidad, así como cambios en las dinámicas sociales y económicas exacerbados por la pandemia.

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La transición demográfica en Colombia refleja una tendencia más amplia, donde la disminución de la mortalidad y la fecundidad ha llevado a un envejecimiento acelerado de la población. En 2023, las personas de 60 años y más representaban el 13,8% de la población total, y se espera que esta cifra aumente al 16,5% para 2030. Este envejecimiento tendrá repercusiones importantes en el sistema de salud y en las políticas públicas, que deberán adaptarse para satisfacer las necesidades de una población mayor.

En términos económicos, la relación entre trabajadores activos y personas mayores se está reduciendo drásticamente. En 1950, había más de 11 trabajadores por cada persona mayor de 65 años, pero hoy esta relación es de solo cuatro trabajadores por adulto mayor. Esta disminución plantea desafíos significativos para los sistemas de pensiones y la sostenibilidad económica a largo plazo.

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La caída en la natalidad también impacta las dinámicas de consumo y la prestación de servicios. La demanda de servicios educativos está disminuyendo, mientras que la necesidad de especialidades en salud (https://sectorial.co/informativa-salud/), como los servicios gerontológicos, está aumentando. Este cambio requiere una planificación estratégica para adaptar las infraestructuras y los servicios a las nuevas realidades demográficas.

En conclusión, la transformación de las pirámides poblacionales hacia estructuras más rectangulares está generando presiones significativas en diversos ámbitos. En Colombia, como en muchas otras partes del mundo, este cambio requiere una adaptación integral de las políticas públicas y económicas para asegurar un desarrollo sostenible y equitativo en un futuro cada vez más envejecido.

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El miércoles, la Comisión Primera de la Cámara de Representantes aprobó en primer debate el proyecto del Gobierno para crear la Empresa Colombiana de Minería (Ecominerales). Esta iniciativa, presentada en diciembre del año pasado por el Ministerio de Minas y Energía, busca ordenar y planificar la minería en Colombia. Ecominerales será una empresa estatal con personería jurídica, autonomía administrativa y financiera, y capital independiente.

La empresa se dedicará a la extracción minera con el objetivo de apoyar la industria local, la transición energética, el desarrollo agrícola, la infraestructura pública y la diversificación productiva. Además, realizará actividades industriales, comerciales, de investigación e innovación en toda la cadena productiva.

Entre las funciones de Ecominerales se incluyen la gestión de bienes revertidos al Estado por empresas mineras, la formalización de la pequeña y mediana minería, y el desarrollo de actividades de exploración, explotación, construcción y cierre de minas tanto en Colombia como en el exterior. También se dedicará a la compra, beneficio, transformación y comercialización de minerales estratégicos para el abastecimiento del mercado local, apoyando así a las cadenas de joyería limpia y generando empleo.

El Gobierno espera que Ecominerales permita una extracción sostenible y evite el control de la producción por parte de actores ilegales. Colombia, líder en producción de carbón y esmeraldas en Latinoamérica, también ocupa posiciones importantes en la producción de ferroníquel, oro y cobre. Según el Ministerio de Minas, la explotación minera ocupa cerca del 3% del territorio nacional, equivalente a más de 3 millones de hectáreas, con más de 7.000 títulos mineros vigentes en el país.

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Entre enero y abril de 2024, las exportaciones de flores colombianas crecieron un 12% en comparación con el mismo período del año pasado, alcanzando un valor de 823 millones de dólares de acuerdo con el informe Panorama Sector Floricultor del Grupo Bancolombia, las exportaciones de flores han tenido un inicio de año positivo, impulsadas por la demanda en San Valentín y el Día de la Madre.

En el informe se atribuye este aumento a un incremento del 1,4% en el precio implícito de exportación y a un aumento del 10,5% en toneladas exportadas. Este crecimiento está en línea con las proyecciones de la Asociación Colombiana de Exportadores de Flores (Asocolflores), que estimó un aumento del 10% en las exportaciones gracias al impulso del Día de la Madre. Los mercados más importantes para las exportaciones colombianas durante esta fecha son Estados Unidos, con 77% del total; Reino Unido, con 3,6%; Canadá y Japón, con 3% cada uno; Países Bajos, con 2%; y otros destinos, con 12%.

Las especies que más se exportan hacia estos mercados son las rosas (18%), claveles (17%), crisantemos (14%), hortensias y astromelias (7%) y lirios (0,9%). Colombia cuenta con más de 520 especies y 1.600 variedades de flores y ramas de corte, producidas en cerca de 10.000 hectáreas registradas ante el ICA. Los principales departamentos productores son Cundinamarca (71% del área cultivada) y Antioquia (27%).

A pesar de los retos, como la fluctuación de la tasa de cambio y los altos costos laborales, el sector ha logrado un crecimiento significativo, contribuyendo de manera importante a la economía nacional.

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Las ventas de vivienda nueva en Colombia registraron en mayo de 2024 su peor desempeño desde 2010, según datos de Coordenada Urbana de Camacol. Con sólo 8.722 unidades vendidas, las cifras reflejan una caída del 25% frente al mismo mes del año anterior, lo que marca un periodo continuo de contracción en el sector de la construcción.

La desaceleración del sector de la construcción ha tenido efectos colaterales en la economía del país. Según el DANE, mientras la economía general creció un 0,7%, el sector de la construcción sufrió una caída del 2,5%. Además, el Índice de Seguimiento a la Economía (ISE) muestra que las actividades secundarias, que incluyen la construcción, tuvieron el crecimiento más bajo en abril de 2024.

La crisis del sector se refleja también en la disminución de empleos y en el desistimiento de miles de familias para comprar vivienda propia. Ante esta situación, Camacol ha propuesto al Gobierno varias medidas de reactivación. Entre ellas, la implementación de nuevos subsidios para viviendas de interés social y clase media, la gestión de recursos para cubrir el déficit de 17.000 coberturas a la tasa, y la creación de garantías para créditos hipotecarios.

La ministra de Vivienda, Catalina Velasco, ha recibido estas propuestas y aunque niega una crisis en el sector, argumentando una “normalización en las cifras” tras los buenos años 2021 y 2022, el gremio insiste en la necesidad de un plan de reactivación más agresivo para frenar la caída en las ventas de vivienda nueva en Colombia.

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Si la población confía en su presidente, las inversiones y el crecimiento se materializa, hay bienestar económico, empresarial, social y sectorial.

La mayor confianza de nuestra región está en Daniel Noboa de Ecuador por el aumento del pie de fuerza; Andrés Manuel López Obrador, quién durante su mandato mantuvo una aprobación del 60%; y Javier Milei, quién en Argentina está atacando la principal preocupación de su población, la inflación.

Lula da Silva de Brasil, Luis Arce de Bolivia, Gustavo Petro de Colombia, Gabriel Boric de Chile y Dina Boluarte de Perú; son los líderes que tienen peor imagen y adicional, en su mayoría, su desaprobación ha continuado en aumento.

Cuando analizas el caso de Gustavo Petro, en Colombia comenzó su mandato con aprobación del 60% y a abril de 2024 era 36%; algo que es parecido a Iván Duque, con menos popularidad en el caso del exmandatario.

La Agencia Internacional de Energía (AIE) ha presentado su informe World Energy Outlook 2023, donde proyecta que el consumo de combustibles fósiles no disminuirá significativamente. Según el informe, el consumo total de estas fuentes sólo se reduciría al 85% del nivel actual para 2050.

El carbón, por ejemplo, mantendría niveles similares a los del inicio del siglo XXI, mientras que el petróleo y el gas natural seguirían altos. Existe dificultad para reducir el uso del carbón debido a la demanda de acero y cemento para infraestructura, así como la falta de soluciones no fósiles a gran escala para procesos intensivos en energía.

Históricamente, el carbón superó a la leña como fuente de energía mundial en 1900, alcanzando su uso máximo en los años 60. El petróleo llegó a representar más del 25% del suministro de combustibles fósiles a finales de los años 50, y el gas natural a finales del siglo XX. A pesar de los avances tecnológicos y la transición hacia energías más limpias, 3 mil millones de personas aún dependen de la biomasa tradicional, que representó el 5% de la energía primaria en 2020. En Colombia, por ejemplo, 1,8 millones de hogares todavía cocinan con leña.

Entre 1997 y 2023, el consumo global de combustibles fósiles creció un 55%, disminuyendo su proporción en la demanda energética global del 86% en 1997 al 82% en 2022.

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