El gobierno colombiano actualizó los requisitos sanitarios para la fabricación, procesamiento, almacenamiento y comercialización de agua potable tratada envasada y hielo destinado al consumo humano. Mediante la expedición de la Resolución 000276 de 2026, las autoridades establecieron lineamientos rigurosos orientados a garantizar la inocuidad del producto y proteger la salud pública en todo el territorio nacional. El reglamento determina que los procesos de potabilización, tales como la cloración, ozonización o radiación ultravioleta, deben ejecutarse bajo condiciones estrictamente controladas para eliminar agentes patógenos sin generar residuos químicos perjudiciales.

Según el Ministerio de Salud y Protección Social, las empresas del sector deberán cumplir con parámetros fisicoquímicos precisos, manteniendo el cloro residual libre en un rango de 0,2 mg/l a 1,0 mg/l y asegurando que los sólidos totales disueltos no superen los 300 mg/l. Dicha directriz también exige modificaciones en el rotulado, obligando a que las presentaciones superiores a 10 litros incluyan una advertencia gráfica para consumir el líquido en un tiempo máximo de 15 días tras su apertura. Adicionalmente, las plantas procesadoras tendrán que realizar una caracterización anual de sus fuentes de abastecimiento hídrico para certificar la idoneidad del recurso empleado.

Para facilitar la adaptación de la industria frente a los recientes cambios, la entidad rectora otorgó un periodo transitorio de 18 meses contados a partir de la publicación oficial del documento. Una vez culminado dicho lapso, las antiguas disposiciones normativas vigentes desde el año 1991 quedarán derogadas definitivamente. El Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima) y las secretarías de salud locales serán las instituciones encargadas de ejercer la vigilancia respectiva, teniendo la potestad legal de aplicar medidas de seguridad y sanciones severas a los establecimientos que incumplan los protocolos de calidad exigidos.

La geopolítica dejó de ser un tema exclusivo de cancillerías y titulares internacionales. Hoy moldea decisiones empresariales, altera expectativas y redefine flujos de capital. Sanciones energéticas, rivalidad tecnológica entre potencias, fragmentación comercial o cambios abruptos de gobierno no solo impactan relaciones diplomáticas: modifican la percepción de riesgo. Y en una economía moderna, las expectativas son determinantes. La inversión no depende únicamente de la demanda actual, sino de la confianza en la estabilidad futura. Cuando aumenta la incertidumbre política, se deteriora la previsibilidad regulatoria o se debilita la institucionalidad, el capital se vuelve más cauteloso. Suben las primas de riesgo, se encarece el financiamiento y aparece lo que puede denominarse un “paro empresarial silencioso”: decisiones estratégicas que se postergan a la espera de mayor claridad. En ese entorno, ignorar el contexto global ya no es una omisión menor; es una falla estructural en la planeación.

A este panorama se suman transformaciones simultáneas: transición energética, competencia tecnológica, cambios demográficos, digitalización acelerada y nuevos patrones de consumo. El entorno dejó de cambiar por ciclos y pasó a transformarse de manera permanente. Por eso la estrategia empresarial no puede basarse en estabilidad prolongada, sino en escenarios múltiples y gestión activa del riesgo. Medir la confianza, diversificar exposiciones, invertir en talento, fortalecer cultura de innovación y optimizar recursos se convierte en una necesidad, no en una ventaja opcional. La pregunta ya no es si habrá nuevas tensiones internacionales, sino si las organizaciones están estructurando una hoja de ruta que incorpore esa realidad. En un mundo más exigente y volátil, la solidez no es rigidez: es preparación estratégica.

El mercado ilegal de cigarrillos en Colombia alcanzó un máximo al abarcar el 38,0 % del consumo nacional durante el 2025. Dicha cifra representa un incremento frente al 22,0 % registrado en 2019, consolidando una problemática estructural que trasciende la marginalidad comercial. Como consecuencia de esta dinámica ilícita, los departamentos dejaron de percibir cerca de $1,18 billones por concepto del impuesto al consumo. Tales recursos, originalmente destinados a financiar sectores esenciales como la salud, el deporte y la recreación, generan un déficit en las finanzas territoriales y limitan la capacidad de inversión de las administraciones locales.

Según el informe de la Federación Nacional de Departamentos divulgado por Portafolio, la región Caribe concentra la mayor incidencia del mercado negro, liderada por La Guajira con un 94,0%, seguida de Cesar y Magdalena con el 79,0 % y 76,0 %, respectivamente. El desplazamiento de la demanda hacia redes informales obedece principalmente a la amplia brecha tarifaria, dado que una cajetilla legal superó en promedio los $12.000 en 2025, valor que equivale al precio de 2,5 unidades de contrabando. En contraste, los mayores volúmenes netos de recaudo perdido se ubican en zonas densamente pobladas como Antioquia, Bogotá, Valle del Cauca y Cundinamarca.

La comercialización de las mercancías ilegales, provenientes de orígenes diversos como Estados Unidos, Uruguay, Corea del Sur y China, se realiza predominantemente a través del ecosistema minorista cotidiano. Más del 70,0 % de las ventas ilícitas ocurren en tiendas de barrio y minimercados, factor que dificulta el control institucional y debilita la efectividad de las políticas preventivas de salud pública. Frente a tal escenario, las autoridades advierten que el flagelo financia economías criminales asociadas al lavado de activos, haciendo imperativo revisar la política tributaria para evitar que los altos gravámenes continúen incentivando la expansión del comercio ilícito.

La demanda mundial de electricidad experimentará una aceleración hacia el final de la década, proyectándose un crecimiento 2,5 veces más rápido en comparación con el requerimiento energético general. Dicha tendencia estará fundamentada en la expansión del uso industrial, la adopción masiva de vehículos eléctricos y la mayor utilización de sistemas de aire acondicionado. Adicionalmente, la rápida proliferación de centros de datos, impulsada por el auge de la inteligencia artificial, jugará un papel determinante en el incremento sostenido del consumo a nivel global.

Según La República, el reciente informe de la Agencia Internacional de Energía (IEA) advierte que será indispensable elevar la inversión anual en el sector en aproximadamente un 50,0% para satisfacer las futuras necesidades, considerando que actualmente se destinan US$400.000,0 millones a las redes eléctricas. Las economías emergentes son el motor principal de este dinamismo, representando cerca del 80,0 % del consumo previsto hasta 2030, con China consolidándose como el mayor contribuyente. Por su parte, las naciones avanzadas aportaron un 20,0 % del crecimiento global durante 2025.

En lo referente a la matriz de generación, las estimaciones señalan que la mitad del suministro eléctrico para el cierre de esta década provendrá de fuentes renovables y energía nuclear, alcanzando niveles proporcionales a la producción basada en carbón. Se calcula que la capacidad renovable registrará un aumento cercano a los 1.000 TWh anuales. Paralelamente, la alternativa nuclear mantendrá un ascenso constante, respaldada por la reactivación de reactores en Japón y una mayor capacidad instalada en países estratégicos como Francia, China e India.

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Wednesday, 18 February 2026 13:40

Producción de gas se desplomó un 18,0 % en 2025

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La industria colombiana de hidrocarburos y minería completó su segundo año consecutivo de contracción al cierre de 2025, perfilándose como el renglón de peor desempeño nacional. Las proyecciones estiman una caída anual del PIB para el sector de minas y canteras que oscila entre el 6,6 % y el 7,2 % para 2025. Dicha tendencia se sustenta en una severa disminución del 18,0 % en la producción de gas comercializado, obligando a incrementar las importaciones para abastecer la demanda interna. Paralelamente, la extracción petrolera descendió un 3,5% debido al declive natural de los pozos operativos.

Según Valora Analitik, la Asociación Colombiana de Minería y múltiples analistas advierten que el retroceso se agrava por la fuerte incertidumbre normativa. Subdividiendo el mercado, el carbón y los minerales metalíferos reportarían caídas cercanas al 10,0%, afectados por dificultades logísticas, menores exportaciones y el avance de la extracción ilícita. Las decisiones de política pública han limitado la confianza inversionista, impidiendo que los precios históricamente altos de materias primas como el oro y la plata logren compensar el balance negativo de la actividad extractiva formal.

A pesar de la crisis en el tejido minero-energético, las expectativas para el agregado de la economía colombiana apuntan a un crecimiento del 2,9 % para el consolidado del 2025, impulsado por una expansión estimada entre el 3,0 % y el 3,1 % durante el cuarto trimestre. Semejantes métricas rozan el límite del crecimiento potencial del país, evidenciando la necesidad de reactivar motores productivos tradicionales. Fomentar una inversión con reglas claras resultará imperativo para recuperar el empleo regional y asegurar la competitividad a mediano plazo.

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El subsector de obras de ingeniería civil en Colombia presentó una recuperación asimétrica en 2025, logrando un crecimiento acumulado del 9,0 % al cierre del tercer trimestre. El dinamismo, impulsado por una aceleración histórica en el segmento de minas y plantas industriales, coexiste con un entorno de costos al alza con una variación anual del 4,3 % a diciembre. A pesar de la maduración del programa 4G, con un avance promedio superior al 87,0 %, el sector enfrenta una rigidez fiscal extrema para 2026, con el 91,0 % del presupuesto nacional comprometido. La sostenibilidad operativa dependerá de la ejecución de megaproyectos urbanos como el Metro de Bogotá, que ya alcanza el 72,1 % de avance, y la transición efectiva hacia fuentes de financiación multimodal e internacional que permitan mitigar la incertidumbre sobre la reprogramación de vigencias futuras.

Durante el 2025, la economía nacional mantuvo una trayectoria positiva al registrar un crecimiento del 2,6 % en su Producto Interno Bruto frente a la vigencia anterior. Al revisar específicamente el cuarto trimestre, la dinámica productiva evidenció una expansión del 2,3 % en comparación con el mismo periodo de 2024. Desde la perspectiva del gasto, el consumo final se consolidó como un pilar fundamental al avanzar un 4,2 %, mientras que la formación bruta de capital y las exportaciones experimentaron aumentos más moderados del 2,1 % y 1,8 %, respectivamente. En contraste, las importaciones presentaron un salto significativo del 8,4 % a lo largo del año.

De acuerdo con el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), desde el punto de vista de la producción, estuvo jalonado principalmente por las actividades artísticas, de entretenimiento y recreación, las cuales despuntaron con un notable 9,9 % de crecimiento anual. Asimismo, el renglón del comercio al por mayor y al por menor, sumado al transporte y los servicios de alojamiento, aportó de manera relevante al reportar una variación del 4,6 %. En paralelo, la administración pública, la educación y la atención de la salud humana complementaron dicha tendencia expansiva al registrar un alza conjunta del 4,5 %, demostrando la resiliencia del sector servicios frente al panorama macroeconómico.

Por otro lado, algunas industrias extractivas y de infraestructura enfrentaron un escenario complejo. La explotación de minas y canteras sufrió la mayor contracción del periodo al caer un 6,2 %, afectada por la reducción en la extracción de carbón de piedra y minerales metalíferos. Por su parte, la construcción culminó el ejercicio con un retroceso del 2,8 %, producto de la disminución del 7,5 % en el desarrollo de edificaciones residenciales y no residenciales.

El comercio electrónico a nivel global experimentó una expansión notable durante 2025, registrando un incremento del 28,3 % en su volumen de transacciones y un alza del 34,3 % en el valor total transado. A pesar de tal dinamismo, la industria enfrenta un desafío financiero derivado de las devoluciones, las cuales aumentaron un 18,1 % en volumen y un 12,7 % en valor interanual. El impacto económico de tales reintegros resulta desproporcionado para los minoristas, dado que cada millón de dólares devuelto puede representar hasta 1,3 millones en gastos adicionales, contemplando factores operativos como la logística inversa, la depreciación del inventario y los fraudes.

Según 360 Radio, el análisis elaborado por ACI Worldwide revela que la tasa de devoluciones alcanzó su punto máximo durante la temporada comercial de fin de año. Específicamente, los meses de noviembre y diciembre concentraron cerca del 20,0 % de todas las reversiones del periodo, elevando el indicador de reembolsos a un 2,9 % en el último mes, frente al promedio del 2,25 % observado entre enero y octubre. Ante la evidente presión sobre los márgenes de rentabilidad, las empresas se han visto obligadas a replantear sus políticas internas, adoptando controles más estrictos, monitoreo transaccional en tiempo real e inteligencia artificial para verificar identidades.

La relación de reembolsos frente a los pagos efectuados osciló entre el 2,5 % y el 3,0 % a lo largo del ejercicio, reflejando la complejidad de administrar retornos en entornos omnicanal. Para mitigar las pérdidas monetarias sin perjudicar la experiencia del cliente, resulta imperativo integrar herramientas de verificación robustas. La firma tecnológica encargada del estudio, que procesó alrededor de 260.000 millones de operaciones diarias y opera en más de 100 países, subraya que la adecuada prevención del fraude será una pieza fundamental para proteger la viabilidad financiera y sostener el crecimiento del retail digital en el futuro cercano.

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La celebración de San Valentín ratificó la posición de Colombia como el segundo exportador mundial de flores, logrando movilizar más de 65.000 toneladas hacia los mercados internacionales. Esta temporada comercial no solo dinamiza el flujo de divisas, sino que resulta fundamental para el mercado laboral rural, sosteniendo cerca de 240.000 empleos formales permanentes. Adicionalmente, la alta demanda del producto exige la creación de aproximadamente 20.000 puestos de trabajo temporales, consolidando el impacto social y económico de la agroindustria en las diferentes regiones productoras del país.

Según Vivir en el Poblado, el éxito de las operaciones logísticas se fundamenta en el Plan Pétalo, una plataforma de articulación público-privada vigente desde 2006 que busca prevenir ilícitos y garantizar el flujo eficiente de la carga. Dicho mecanismo permite que los envíos aterricen en cerca de 100 naciones bajo rigurosos parámetros de seguridad, manteniendo a Estados Unidos como el comprador principal. Asimismo, la competitividad del sector está respaldada por certificaciones internacionales que avalan el cumplimiento de exigentes normativas ambientales y sociales en cada cultivo.

Para responder a este pico productivo, la infraestructura nacional operó a su máxima capacidad con esquemas ininterrumpidos. El aeropuerto El Dorado adecuó sus instalaciones para recibir más de 650 vehículos y garantizar el despacho aéreo oportuno de casi 70.000 toneladas. Paralelamente, aerolíneas de carga reportaron la movilización de 19.000 toneladas durante la temporada 2026, lo cual implica que una de cada tres flores despachadas al territorio estadounidense fue transportada por sus redes, evidenciando la solidez de la cadena de suministro floricultora frente a los retos del comercio exterior.

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Durante décadas, Alemania construyó su poder sobre una fórmula que parecía infalible: exportaciones industriales, energía barata proveniente de Rusia y acceso privilegiado al mercado de China, mientras la seguridad quedaba bajo el paraguas de OTAN. Ese equilibrio permitió disciplina fiscal, liderazgo manufacturero y una política exterior prudente. Sin embargo, la guerra en Ucrania rompió simultáneamente esos pilares: la energía se encareció, las cadenas de suministro se politizaron y la protección automática de aliados dejó de darse por sentada. El resultado es un cambio profundo en la forma como Berlín entiende su papel en el mundo.

El nuevo entorno obliga a priorizar defensa, autonomía tecnológica y reducción de dependencias. El aumento sostenido del gasto militar, la presencia permanente de tropas en el flanco oriental europeo y la búsqueda de producción local de insumos críticos muestran que la potencia industrial ahora se prepara para un escenario de rivalidad prolongada. Este viraje ocurre además en medio de estancamiento económico, pérdida de competitividad energética y una relación cada vez más tensa con Beijing, hoy más competidor que cliente. Alemania descubre que exportar ya no basta: la seguridad económica exige capacidad de disuasión, resiliencia industrial y mayor liderazgo político dentro de Europa.

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