Acuícola

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El mercado global de la pesca y la acuicultura enfrenta una crisis de integridad significativa, donde una porción considerable de los productos comercializados incurre en prácticas engañosas que van desde el etiquetado falso hasta la adulteración física. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) alerta que este sector, valorado en 195.000 millones de dólares, presenta irregularidades en cerca del 20,0 % de su comercio. Tal fenómeno no solo distorsiona las dinámicas económicas, sino que plantea riesgos serios para la biodiversidad marina y la salud de los consumidores, superando las tasas de fraude observadas en otros rubros proteicos debido a la vasta diversidad de especies transadas a nivel mundial.

Según El Tiempo, el informe detalla modalidades ilícitas como el uso de colorantes para simular frescura en el atún o la sustitución de especies de alto valor por otras más económicas, como vender tilapia en lugar de pargo rojo. De hecho, ocultar el origen geográfico de productos como el salmón puede inflar artificialmente el precio hasta en 10 dólares por kilogramo, mientras que en regiones como Italia, la lubina de cultivo etiquetada como pesca local triplica su valor comercial. Dichas estrategias buscan maximizar ganancias engañando al comprador sobre la procedencia real y la calidad del alimento, encubriendo en ocasiones la pesca que excede las cuotas legales.

El alcance de esta problemática es palpable en el continente americano, donde investigaciones en Argentina detectaron una tasa de sustitución de especies del 21,3 %, y en Estados Unidos y Canadá las estimaciones rondan el 25,0 %. Para contrarrestar estas distorsiones, se propone armonizar las normas internacionales de etiquetado exigiendo el nombre científico y fortalecer los sistemas de trazabilidad mediante tecnologías de aprendizaje automático. Implementar estas medidas resulta crucial para asegurar la transparencia en la cadena de suministro, evitando que el consumo de pescado crudo o mal identificado se convierta en un peligro sanitario y ambiental.

El Congreso de la República aprobó la Ley 2501 de 2025. Esta norma implementa y regula la pesca como una actividad turística sostenible en las regiones del país. El lineamiento busca diversificar el sector pesquero y promover el desarrollo económico y social de las comunidades que dependen de esta actividad.

Según un informe del portal Cambio Colombia, la ley fue impulsada como un mecanismo para fomentar el turismo en las zonas costeras y ribereñas. La nueva ley surge en parte como respuesta a la prohibición de la pesca deportiva por parte de la Corte Constitucional en 2022. Esta prohibición, según expertos, generó un vacío legal. La norma establece que los peces capturados podrán ser devueltos a su hábitat o destinados al consumo personal. Sin embargo, en ningún caso podrán ser comercializados.

Además, la ley prohíbe la pesca de especies exóticas o en peligro de extinción. También fomenta la creación de un mapa interactivo para identificar zonas autorizadas para su práctica. El Gobierno Nacional tendrá un plazo máximo de un año para sancionar y reglamentar la norma. Esto deberá hacerse teniendo en cuenta principios de sostenibilidad ambiental e inclusión social.

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La llegada de Semana Santa genera un impacto significativo en el consumo de pescado fresco en Colombia, aumentando la demanda y, en consecuencia, los precios de algunas especies. Este período representa una de las temporadas más importantes para el sector acuícola, que se beneficia del incremento en las ventas y la mayor rotación de productos en el mercado.

Según el diario La República, en esta época del año, los colombianos aumentan considerablemente el consumo de pescado debido a las tradiciones religiosas que fomentan la reducción en el consumo de carnes rojas. La mayor demanda presiona los precios al alza, especialmente en especies como la mojarra, la tilapia y el bagre, que son las más comercializadas en el país.

El sector acuícola colombiano ha experimentado un fortalecimiento en los últimos años, adaptándose a las tendencias de consumo mediante mejoras en producción y distribución. Se han optimizado las cadenas de frío y el manejo del pescado, permitiendo un monitoreo constante de su manipulación. Aunque no existe una normativa específica para este proceso, las empresas deben cumplir con criterios de bioseguridad. Además, algunas han adoptado certificaciones BAP (Mejores Prácticas Acuícolas), especialmente para fortalecer sus exportaciones.

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Colombia y Venezuela trabajan en la creación de un comité binacional de pesca y acuicultura para impulsar la cooperación en este sector estratégico. Durante una reciente videoconferencia, autoridades de ambos países discutieron iniciativas como la investigación conjunta, la evaluación de recursos pesqueros compartidos y el desarrollo de proyectos binacionales, según informó el Ministerio de Pesca y Acuicultura de Venezuela.

Según el diario Portafolio, este comité busca formalizar un acuerdo que permita dinamizar las relaciones comerciales y científicas. En noviembre, ambos países realizaron una rueda de negocios en Caracas, donde 15 empresas colombianas y más de 200 venezolanas exploraron oportunidades de colaboración, con miras a consolidar contratos que fortalezcan el comercio bilateral.

Entre enero y agosto de 2024, el intercambio comercial entre ambas naciones sumó 697 millones de dólares, lo que representa un crecimiento del 36% frente al mismo periodo del año anterior. Se estima que esta cifra supere los 1.000 millones al cierre del año, según proyecciones del canciller colombiano, Luis Gilberto Murillo.

La normalización de relaciones entre Colombia y Venezuela, tras años de tensiones, ha permitido reactivar la frontera terrestre y fortalecer conexiones aéreas, abriendo nuevas oportunidades en sectores como la pesca y la acuicultura.

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La sobreoferta de trucha en Colombia ha generado una caída en las exportaciones del 30% y una disminución del precio de $5.000 por kilogramo. Según la Federación Colombiana de Acuicultores (Fedeacua), la producción de trucha en el país ha superado las 15.000 toneladas anuales.

Carlos Alberto Robles, director de Fedeacua, explicó al portal Agronegocios que el aumento de la oferta responde a la expansión de los tanques de trucha en varias regiones del país, como la Cordillera Oriental y Norte de Santander. Sin embargo, el consumo de pescado es estacional en Colombia, incrementándose en épocas como Semana Santa. La irregularidad en el consumo ha afectado los precios, que pasaron de $18.000 y $20.000 a $13.000 y $14.000 por kilogramo, lo que ha reducido la rentabilidad del sector. Además, las exportaciones de trucha han bajado casi un 30%.

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La industria cárnica global enfrenta desafíos significativos, impulsados por altos costos de producción, brotes de enfermedades, y regulaciones ambientales y de bienestar animal cada vez más estrictas, según la OCDE. A pesar de estos obstáculos, se espera que la productividad aumente gracias a mejoras en la cría y manejo operativo. Un informe del equipo de investigaciones económicas de Bancolombia proyecta un aumento del 12 % en la producción mundial de carne para 2033, alcanzando 391 millones de toneladas.

En cuanto a preferencias de consumo, la FAO indica que la demanda de carne de pollo está en ascenso, impulsada por su menor impacto ambiental y perfil nutricional más favorable en comparación con otras carnes. Este cambio es especialmente notable en regiones de ingresos medios y bajos, mientras que, en países de altos ingresos, el consumo per cápita tiende a estabilizarse o disminuir debido a preocupaciones de salud y medio ambiente.

En Colombia, el mercado refleja tendencias similares. Según Bancolombia, el pescado es la proteína cuya producción más ha crecido en los últimos años, con un aumento anual compuesto del 10,4 % entre 2017 y 2023. A pesar de esto, el pollo mantiene su dominio en el mercado, representando el 59 % del consumo total de carne. Sin embargo, se espera que, para el cierre de 2024, el consumo de carne de cerdo y pescado crezca más rápidamente que el de pollo.

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El salmón, conocido por su alto contenido en Omega 3, enfrenta una escasez que ha llevado sus precios a máximos históricos. El problema surge de una plaga global de “piojos de mar” y ataques de medusas, que han afectado las poblaciones de salmón, aumentando su valor por kilo en el mercado. Los precios del salmón han subido más de US$3,50 en los últimos cinco años, alcanzando US$10,96 por kilo en abril.

Las empresas están invirtiendo grandes sumas en nuevas ideas y herramientas para combatir estas plagas, aunque aún no se han encontrado soluciones completamente efectivas. Entre las estrategias propuestas está la introducción de peces lumpo, que se alimentan de los piojos de mar. Sin embargo, estos peces prefieren el alimento para salmones, reduciendo la eficacia de esta medida. Otra solución ha sido la eliminación de los piojos mediante láseres, una tecnología costosa y difícil de implementar para pequeños piscicultores.

Además, el cultivo celular de peces en tanques de acero se vislumbra como una solución futura para la producción de carne de pescado. Aunque la industria de granjas terrestres aún es pequeña, se espera que represente alrededor del 1% de la producción mundial para 2025.

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La edición de 2024 del informe “El estado mundial de la pesca y la acuicultura” (SOFIA) marca un hito significativo: por primera vez, la producción acuícola ha superado a la pesca de captura como la principal fuente de productos acuáticos.

En una entrevista Manuel Barange, jefe de la División de Pesca y Acuicultura de la FAO, se destacaron las implicaciones de este cambio y su relación con la “Transformación azul” de la FAO. Barange subrayó que la producción acuícola alcanzó un récord de 185 millones de toneladas en 2022, con la acuicultura representando el 51% de esta producción. Este crecimiento no ha afectado negativamente a la pesca de captura, que ha permanecido estable durante 30 años, mientras que la acuicultura ha crecido un 5% anual desde principios de siglo.

La acuicultura, concentrada principalmente en Asia representa una solución prometedora para aumentar la producción de alimentos sin agotar los recursos marinos. Sin embargo, África, con sólo el 1,9% de la producción acuícola mundial, necesita un enfoque integral para desarrollar su acuicultura y asegurar la seguridad alimentaria.

El informe SOFIA también resalta la importancia de la sostenibilidad, con el 62,3% de las poblaciones marinas explotadas de forma sostenible. Ejemplos como el del atún, donde el 75% de las especies se explotan de manera sostenible, demuestran que la gestión eficaz de los recursos es posible y necesaria.

En cuanto a las tendencias futuras, se espera que la producción acuícola crezca un 10% para 2032, aumentando el consumo per cápita a 21,3 kg anuales. Esto es esencial para alimentar a una población mundial en crecimiento, que se espera alcance los 9.700 millones en 2050.

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La pesca y la acuicultura se erigen como pilares en la economía rural colombiana. Más de 300.000 pescadores y alrededor de 36.464 unidades productivas se dedican a estas actividades, reflejando su importancia en la generación de empleo y desarrollo local.

Recientemente, el Ministerio de Agricultura, la Upra (Unidad de Planificación Rural Agropecuaria) y la Aunap (Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca) han entregado zonificaciones clave para siete especies en Colombia. Entre ellas se incluyen el potencial de pesca marina artesanal del camarón y del bocachico del Magdalena, así como la aptitud para la acuicultura de trucha, cachama, tilapia, especies nativas y camarón blanco.Estos estudios, elaborados a una escala de 1:100.000, identifican las regiones del país con mayor potencial para estas actividades.

Claudia Liliana Cortés, directora general de la Upra, subraya la importancia de estas zonificaciones para los municipios y departamentos en la formulación de sus planes de desarrollo local. Además, permite a los pescadores y acuicultores identificar las áreas óptimas para sus operaciones, fomentando una producción más sostenible y eficiente.

Karen Elena Mejía Piñerez, directora de la Aunap, resalta la necesidad de respetar las zonas de conservación, las temporadas de veda y las tallas mínimas de captura. Estas medidas aseguran una actividad productiva sostenible a largo plazo, generando un impacto positivo tanto en la economía como en el medio ambiente del país.

Con una abundante oferta hídrica en sus costas Pacífica y Caribe, así como en sus numerosos ríos y lagos, Colombia posee potencial para el desarrollo de la pesca y la acuicultura. Estas zonificaciones ofrecen una hoja de ruta clara para aprovechar de manera responsable y efectiva estos recursos, impulsando así el crecimiento económico y la prosperidad en las comunidades rurales de todo el país.

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Colombia continúa afianzando su posición como un destacado exportador en el ámbito acuícola y pesquero, un sector que cobra aún más relevancia en vísperas de la Semana Santa.

Durante el año pasado, productos como filetes de pescado, procesados del mar, pescados frescos y congelados, camarones, crustáceos, langostinos y moluscos fueron los principales impulsores del crecimiento del 4% en las exportaciones de esta categoría. Según el DANE, el sector pasó de generar US$186,4 millones en 2022 a alcanzar los US$193,2 millones en 2023.

Este crecimiento no sólo se refleja en cifras, sino también en la diversificación de destinos internacionales, con un total de 60 países receptores, atendidos por 88 empresas provenientes de 17 departamentos colombianos.

Javier Díaz Molina, presidente de Analdex, destacó que Estados Unidos, España, Italia, Francia y Ecuador se posicionaron como los principales compradores de estos productos. Resulta especialmente relevante el aumento sostenido en mercados clave como Estados Unidos (3%) e Italia (34%).

En términos regionales, el liderazgo en exportaciones durante 2023 lo ostentó Huila, con un total de US$54,8 millones (crecimiento del 1%), seguido por Antioquia con US$49,8 millones (aumento del 11%), Atlántico con US$29,9 millones (+9%), Bolívar con US$22,3 millones (+4%) y Valle del Cauca con US$9 millones (+142%).

A nivel global, Estados Unidos se posiciona como el principal importador de productos pesqueros, seguido por China y Japón. España, por su parte, figura en el cuarto lugar en términos de valor comercial de sus importaciones de estos productos.

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