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Costos en el sector textil aumentarán un 6,5 % en 2026
El sector textil y de confecciones enfrenta un panorama financiero desafiante para 2026, proyectándose un incremento del 6,5 % en sus costos totales debido a la presión salarial y operativa. Dicho aumento se deriva de un alza prevista del 23,0 % en los costos laborales para trabajadores formales, sumado a la reducción de la jornada laboral a 42 horas semanales a partir de junio de 2026, factor que disminuirá la productividad por empleado en un 4,5 %. La situación resulta crítica para esta industria, dado que el 71,7 % de sus ocupados perciben ingresos cercanos o inferiores al salario mínimo, lo que obliga a las empresas a buscar eficiencias internas para no comprometer sus márgenes de rentabilidad ante una inflación que cerró 2025 en el 5,1 %.
Según un análisis de la firma SIA, la falta de controles estrictos sobre el tiempo laborado genera pérdidas invisibles que se amplifican drásticamente con el nuevo salario mínimo. El reporte destaca que las tardanzas recurrentes y los almuerzos extendidos promedian entre 25 y 30 minutos diarios no trabajados por empleado, lo que equivale a pagar más de 120 horas anuales sin retorno productivo alguno. Para una compañía de 500 colaboradores, dicha ineficiencia podría representar un costo superior a los $1.058 millones al año bajo el nuevo esquema salarial, afectando directamente la competitividad frente a empresas más automatizadas y la capacidad de contratación del sector.
Para mitigar este impacto, la implementación de sistemas de marcación biométrica y facial se presenta como una solución estratégica capaz de recuperar entre 15 y 25 minutos diarios por trabajador, transformando el tiempo perdido en ahorro financiero inmediato. Estas herramientas eliminan la estimación manual y los errores en nómina, garantizando el pago exacto de las horas trabajadas y evitando recargos legales innecesarios por horas extras no validadas. De esta manera, la tecnología permite a las confeccionistas proteger su flujo de caja y convertir la gestión del tiempo en un activo controlado frente al encarecimiento de la mano de obra.
Costos del sector químico aumentarán un 6,0 % en 2026
La industria química colombiana se prepara para un incremento del 6,0 % en sus costos operativos totales durante 2026. Este aumento es impulsado por el alza del 23,0 % en el salario mínimo y la reducción de la jornada laboral a 42 horas semanales. Este último ajuste, que entrará en vigor en junio de 2026, amenaza con disminuir la productividad por empleado en un 4,5 % si no se implementan medidas correctivas. Además, el impacto es considerable en un sector donde el 35,4 % de la fuerza laboral percibe ingresos cercanos al mínimo. A pesar de haber mostrado dinamismo en la formalización con un crecimiento del 21,4 % entre 2023 y 2025, ahora enfrenta el riesgo de revertir dicha tendencia. Esto se debe a la presión financiera sobre sus márgenes.
Según un informe de la firma SIA, la gestión ineficiente del tiempo laboral podría agravar este escenario. Esto generaría pérdidas millonarias por conceptos de “tiempo no trabajado remunerado”. El análisis señala que las tardanzas y los excesos en tiempos de descanso suman en promedio entre 25 y 30 minutos diarios perdidos por colaborador. Por lo tanto, para una empresa de 500 empleados, esto representaría un costo oculto superior a los $1.058 millones anuales bajo la nueva estructura salarial de 2026. Dicha fuga de capital afecta directamente la competitividad de las compañías químicas. En consecuencia, las empresas deben optimizar cada peso para contrarrestar la inflación del 5,1% registrada al cierre del año anterior.
Para blindar la rentabilidad, expertos recomiendan la adopción de controles biométricos y sistemas automatizados de nómina. Estas herramientas permiten recuperar entre 15 y 25 minutos productivos por día y empleado. Además, estas soluciones tecnológicas, ofrecidas por especialistas como SIA, no solo eliminan los errores manuales y los pagos injustificados de horas extras, sino que garantizan una trazabilidad exacta de la operación. De esta forma, el sector puede transformar un pasivo operativo en un ahorro financiero tangible. Así protege su capacidad de contratación y sostiene el crecimiento del empleo formal en un entorno económico exigente.
De la Doctrina Monroe a la Doctrina Donroe: Estados Unidos vuelve a mandar en América Latina (video y podcast)
Durante casi dos siglos, la relación de Estados Unidos con América Latina ha estado marcada por una lógica constante: el hemisferio occidental es un espacio estratégico que Washington no está dispuesto a compartir con potencias externas. Esa idea tomó forma en 1823 con la Doctrina Monroe. Inicialmente, esta doctrina fue concebida como una advertencia defensiva frente a Europa. Sin embargo, con el paso del tiempo —especialmente durante el siglo XX y la Guerra Fría— ese principio se transformó en una política activa de intervención, contención ideológica y expansión de influencia. Tras el fin del bloque soviético, América Latina perdió prioridad estratégica para Estados Unidos. Esto abrió espacio para el avance de China, Rusia e Irán en comercio, infraestructura, energía, defensa y cooperación política. China consolidó su presencia como socio comercial clave. Rusia reforzó vínculos militares. E Irán profundizó alianzas en países como Venezuela, aprovechando sanciones y vacíos geopolíticos.
Ese escenario comenzó a cambiar. La acción directa de Estados Unidos sobre Venezuela marcó un punto de inflexión y envió un mensaje más amplio al sistema internacional. Así, el hemisferio occidental volvió a ser una línea roja. Así emerge lo que algunos analistas denominan la Doctrina Donroe, una adaptación contemporánea de Monroe que no se presenta como doctrina formal, sino como una forma de actuar. Esta doctrina combina la exclusión de potencias rivales con un estilo político directo, transaccional y poco diplomático. Para Washington, la preocupación ya no es solo ideológica, sino estratégica. Ahora, puertos, telecomunicaciones, minería, infraestructura logística y cooperación militar definen control, dependencia y poder a largo plazo. La Doctrina Donroe no promete estabilidad ni democracia; promete límites. América Latina mantiene margen de maniobra, pero no infinito. El mensaje es claro: Estados Unidos no está dispuesto a compartir hegemonía estratégica en su propio hemisferio. Además, está dispuesto a actuar cuando percibe que esos límites se cruzan.
Compras externas de combustibles cayeron un 21,6 % en noviembre de 2025
El grupo de combustibles y productos de las industrias extractivas registró una contracción durante noviembre de 2025. El valor de importaciones alcanzó US$533,7 millones CIF (Cost, Insurance, and Freight). Dicho comportamiento representa una caída del 21,6 % frente al mismo mes del año anterior. El descenso se atribuye fundamentalmente a la menor adquisición de petróleo y sus derivados. En efecto, ese renglón retrocedió un 19,9 %. Tal dinámica negativa impactó el desempeño general del comercio exterior. Restó 2,5 puntos porcentuales a la variación total de las compras externas del país. Así, se evidencia una menor dependencia momentánea de energéticos foráneos en este periodo.
Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), en el acumulado entre enero y noviembre de 2025, las importaciones de este rubro sumaron US$6.446,5 millones. Esto muestra una leve disminución del 0,1 % frente al año precedente. El reporte detalla cambios en los proveedores estratégicos. Por ejemplo, las compras a Estados Unidos cayeron un 20,6 % en el mes. Fueron golpeadas por un desplome del 63,2 % en la adquisición de gasóleos. En contraste, se observó un repunte del 228,3 % en las importaciones desde Trinidad y Tobago. Este fenómeno fue impulsado casi en su totalidad por la entrada de gas natural licuado.
A pesar del retroceso en el sector energético, las importaciones totales de Colombia lograron un leve crecimiento del 0,3 %. Se ubicaron en US$5.889,9 millones, gracias al empuje del grupo de manufacturas que repuntó un 2,9 %. La participación de los combustibles se situó en el 9,1 % del valor total importado. Todo ocurrió en un mes donde la balanza comercial del país arrojó un déficit de US$1.550,4 millones FOB (Free on board). La cifra es superior al desbalance registrado en noviembre de 2024. Lo anterior sugiere una reconfiguración temporal en la canasta importadora. Por tanto, la maquinaria y los alimentos ganaron terreno frente a los productos extractivos.
Exportaciones de autopartes por US 222,7 millones en riesgo por arancel del 30,0 % por parte de Ecuador
La decisión del Gobierno de Ecuador de imponer un arancel del 30,0% a las importaciones colombianas a partir del primero de febrero de 2026 ha generado una alerta en la Asociación del Sector Motriz y sus Partes (Asopartes). La agremiación advierte que esta barrera comercial elevará significativamente los costos de ingreso de vehículos y repuestos al mercado vecino, lo cual se traducirá en precios más altos para el consumidor final y en una posible escasez de referencias de alta rotación. Tal coyuntura no solo afecta la dinámica comercial, sino que podría incentivar el crecimiento de canales informales e ilegales, comprometiendo la trazabilidad de los componentes y la seguridad vial de los usuarios.
Según el diario El Espectador, el impacto económico de la medida es considerable, dado que el sector autopartista es un eslabón clave en la cadena productiva nacional. Cifras del Radar de las Autopartes, basadas en reportes del DANE, indican que las exportaciones de estos insumos alcanzaron los US$222,7 millones FOB con corte a noviembre de 2025. El gremio señala que cambios bruscos en las condiciones de acceso alteran la planeación comercial de fabricantes y distribuidores, poniendo en riesgo la estabilidad del empleo formal y la inversión tanto en Colombia como en Ecuador.
Ante este escenario adverso, Asopartes ha hecho un llamado a los gobiernos de ambas naciones para activar canales diplomáticos y técnicos que permitan revisar el alcance de la restricción frente a los compromisos comerciales vigentes. La organización subraya la necesidad de encontrar soluciones concertadas que protejan el mercado binacional y aseguren un abastecimiento legal, evitando que las distorsiones de precios terminen favoreciendo al contrabando y afectando la competitividad de una industria esencial para la movilidad regional.
Pasivo pensional de COP $10,3 billones amenaza al 97,0 % de las universidades
La educación superior pública en Colombia enfrenta una realidad financiera. Solamente una de las 34 instituciones existentes tiene la capacidad de operar con recursos propios. Esto deja al 97,0 % del sistema en una situación de dependencia fiscal. Un estudio del sector revela que el 50,1 % de los ingresos totales de estas entidades proviene de aportes nacionales. Además, esta fragilidad se ve agravada por una carga estructural ineludible: el pasivo pensional. Este pasivo ascendió a $10,3 billones en 2024. Dicha obligación se encuentra altamente concentrada. Específicamente, la Universidad Nacional y la Universidad del Valle absorben conjuntamente el 57,8 % de la deuda. Así, se desvían fondos vitales que deberían destinarse a docencia e infraestructura.
Según Portafolio, el informe de la Contraloría General de la República evidencia una desigualdad en la distribución de recursos. Cuatro instituciones (UNAL, UNAD, UdeA y Univalle) acaparan el 48,0 % de los ingresos del orden nacional. Tal concentración genera asimetrías regionales drásticas en la inversión por alumno. Por ejemplo, oscila entre los $11,4 millones en la Universidad Nacional y apenas $525.777 en la UNAD. Este contraste se da frente a un promedio país de $4,5 millones. En consecuencia, este patrón distributivo afecta la equidad del gasto público. También limita la capacidad de expansión de las universidades con menor cobertura histórica.
En términos de salud financiera, el 75,8 % de las instituciones mantiene indicadores de solvencia adecuados. Sin embargo, un preocupante 24,2 % registra niveles inferiores al margen óptimo, lo que restringe su maniobrabilidad operativa. Ante este escenario, el ente de control estima que la reforma a la Ley 30, necesaria para garantizar la gratuidad y sostenibilidad futura, tendría un impacto fiscal de $27,8 billones para el periodo 2027-2036. Por consiguiente, se hace urgente diversificar las fuentes de financiación. Además, es fundamental actualizar los cálculos actuariales para evitar el estancamiento económico del sistema educativo estatal.
Groenlandia: la isla que redefine la geopolítica del Ártico (video y podcast)
El Ártico dejó de ser una zona congelada y aislada. Ahora es una de las regiones más estratégicas del mundo en términos energéticos, comerciales y militares. Groenlandia —territorio autónomo que depende de Dinamarca— tiene una extensión ligeramente mayor a la de México. Un 80 % de su superficie está cubierta por hielo y la población es de apenas 57.000 habitantes.
Sin embargo, bajo su apariencia inhóspita se concentran recursos que hoy son claves para la transición energética global. Entre ellos están grandes depósitos de tierras raras (los mayores del mundo después de China), posibles reservas de petróleo y gas. Además, tiene una posición geográfica que podría transformar las rutas marítimas entre Estados Unidos, Europa y Asia.
Esto es cada vez más cierto a medida que el deshielo habilita nuevos corredores de navegación. Esta combinación explica por qué Estados Unidos, Rusia y China han acelerado su interés por aumentar influencia económica y militar en la región. También explica por qué Washington llegó a plantear formalmente su compra en cuatro momentos históricos: 1867, 1910, 1946 y más recientemente en 2019 bajo la administración Trump.
Además del componente energético y tecnológico, el factor militar es determinante. Rusia controla cerca del 50 % del territorio del Ártico y anunció un plan de 15 años para incrementar infraestructura, romperhielos, bases militares y operaciones de entrenamiento en clima extremo. Para Estados Unidos, Groenlandia representa una plataforma para vigilar y contener a Moscú. Además, quiere asegurar supremacía operacional en una región que podría convertirse en un nuevo eje de competencia global.
A pesar del interés estadounidense, Dinamarca y Groenlandia han reiterado que la isla no está en venta. Su valor económico es difícil de cuantificar. Estimaciones comparadas con Alaska la sitúan en el rango de USD 195 millones, mientras que métodos basados en múltiplos de PIB elevan la cifra a USD 42.600 millones.
Más allá del número, el mensaje es claro: el Ártico ya es parte central del tablero geopolítico del siglo XXI y el interés no disminuirá. Para las empresas, inversionistas y gobiernos, la pregunta no es si habrá una redistribución del poder en el Ártico. En cambio, es quién la liderará y con qué implicaciones comerciales, energéticas y tecnológicas.
El agro, que aporta el 14,0% del empleo nacional, se encuentra bajo presiones de costos y ajustes en las actividades
El sector agropecuario colombiano inicia 2026 inmerso en una coyuntura caracterizada por la convergencia de la revaluación del peso. Además, ocurren el descenso en los precios internacionales de los commodities y el encarecimiento de la mano de obra. Dicha combinación de factores pone en riesgo la rentabilidad de actividades intensivas en personal. Estas generan el 14,0% de los puestos de trabajo en el país. En particular, renglones tradicionales como el café y el aceite de palma enfrentan un escenario de menores ingresos por exportaciones. Esta situación limita su capacidad histórica para jalonar el crecimiento del rubro agropecuario en las dimensiones observadas en años anteriores.
Según Portafolio, el exministro Andrés Valencia califica el panorama actual como una “tormenta perfecta”. En este contexto, la producción cafetera anualizada desciende mientras las flores enfrentan la incertidumbre de un posible arancel del 10,0% en Estados Unidos. Por su parte, los cultivos transitorios como el maíz, la soya y el arroz pierden competitividad frente a las importaciones baratas. Esto se agrava en el caso del cereal por un precio mínimo de garantía que podría incentivar una sobreoferta en regiones como Casanare. Tal dinámica presiona a los productores locales. Por lo tanto, deben lidiar con costos operativos al alza y precios de venta a la baja o estancados.
No obstante, existen matices positivos en la agroindustria de la caña y el sector lácteo. Se proyecta que el primero logre una molienda superior a los 23,0 millones de toneladas y genere divisas por US$400 millones. Por otro lado, el acopio lechero crecería entre un 2,0% y un 3,0%, impulsado por siete trimestres consecutivos de aumento en el consumo. A pesar de estas cifras alentadoras, gremios como la Asociación de Cultivadores de Caña de Azúcar de Colombia (Asocaña) y la Asociación Nacional de Productores de Leche en Colombia (Analac) advierten que la sostenibilidad de estos resultados dependerá de la normalización climática. También dependerán de la gestión eficiente de los costos laborales, los cuales amenazan con minar la competitividad frente a los mercados globales.
La Rebaja operará central pública de compras para 22,8 millones de afiliados
El Gobierno Nacional ha designado a “La Rebaja Institucional” como el operador estratégico encargado de poner en marcha la nueva central pública de compras de medicamentos. Esta es una iniciativa que reconfigura el modelo de abastecimiento sanitario en Colombia. Dicho esquema centralizará inicialmente la negociación y dispensación para las 8 EPS que actualmente se encuentran bajo intervención estatal. Estas EPS agrupan a cerca de 22,8 millones de afiliados, cifra que representa aproximadamente el 43,8% de la población del país. La medida tiene como propósito fortalecer la capacidad estatal, reducir la intermediación y controlar los precios de fármacos. Especialmente busca regular los de alto costo, mediante una estructura logística que promete mayor estandarización contractual y auditoría sobre el suministro.
Según Consultor Salud, este giro operativo transforma a los establecimientos de La Rebaja, hoy activos del Estado por sentencia judicial, en engranajes clave para la gestión farmacéutica pública. El modelo plantea sustituir progresivamente las mesas de negociación fragmentadas por un sistema unificado. Además, podría emplear mecanismos como subastas inversas y acuerdos marco por canastas terapéuticas. Lo anterior implica un desafío directo para los gestores privados tradicionales. Ellos verán comprimidos sus márgenes y enfrentarán una competencia estatal con capacidad de modificar la demanda y las preferencias de portafolio a gran escala.
Para la industria farmacéutica, el escenario exige ajustar sus estrategias de acceso al mercado, priorizando la evidencia de valor clínico y la disciplina en precios netos verificables. Expertos advierten que el éxito de esta central dependerá no solo de la negociación. Dependerá también de la capacidad real de garantizar la continuidad terapéutica y la trazabilidad de los tratamientos en todo el territorio. A su vez, surge la incertidumbre sobre cómo esta decisión interactuará con otros procesos de compra agrupada en curso. Esto sugiere que La Rebaja podría absorber la demanda agregada de alto costo en detrimento de iniciativas previas más lentas.
IA aportaría hasta US$1,7 billones anuales a América Latina y el Caribe
La adopción estratégica de la inteligencia artificial (IA) en América Latina tiene el potencial de incrementar la productividad regional entre un 1,9% y un 2,3% por año, generando un valor económico adicional estimado entre 1,1 y 1,7 billones de dólares anuales. Dicho impulso se enmarca en la transición hacia una nueva “Era Inteligente” que permitiría a las industrias automatizar flujos de trabajo y optimizar la toma de decisiones, maximizando el crecimiento con los mismos niveles de inversión en capital y trabajo. El segmento de analítica de datos lideraría este aporte, representando cerca del 60,0% del potencial total, mientras que la IA generativa contribuiría con hasta 700.000 millones de dólares adicionales.
Según el Foro Económico Mundial, en colaboración con McKinsey & Company, a pesar de las proyecciones favorables, el impacto real capturado hasta la fecha es limitado. La encuesta revela que solo el 23,0% de las organizaciones en la región reporta generar algún valor económico mediante estas herramientas, y apenas un 6,0% ha logrado resultados financieros significativos. Esta brecha es particularmente crítica en las pequeñas y medianas empresas (pymes), donde seis de cada diez afirman no obtener ningún retorno medible, contrastando con avances puntuales en sectores como la agricultura en Argentina y Brasil o la minería en Chile.
Para materializar estas oportunidades, el estudio propone una hoja de ruta centrada en cuatro pilares: definir estrategias implementables, construir una infraestructura de datos robusta, desarrollar talento especializado y facilitar la confianza y el capital. La región cuenta con ventajas competitivas en recursos naturales y energía limpia que pueden atraer inversiones sostenibles en tecnología; sin embargo, es imperativo actualizar los planes educativos y armonizar las normativas para cerrar las brechas de competitividad frente a los líderes globales, asegurando un desarrollo centrado en las personas.