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El comercio entre Colombia y Venezuela continúa en recuperación, y dentro de las importaciones desde el país vecino, el hierro y el acero estuvieron dentro de los productos con mayor participación, alcanzando un valor de US$3,7 millones en enero de 2025.

Según el Diario La República, estos materiales representaron el 29,0% del total de importaciones desde Venezuela en el primer mes del año, consolidándose como una de las principales categorías en el comercio binacional. En términos generales, las compras colombianas a Venezuela en 2024 sumaron US$134,1 millones, destacándose el hierro y acero (US$35,4 millones), abonos (US$19,5 millones) y productos químicos (US$5,6 millones).

El incremento en las importaciones refleja la reactivación del comercio bilateral, impulsada por la reapertura de la frontera y el fortalecimiento de relaciones comerciales. No obstante, factores como la estabilidad en la producción y las condiciones logísticas seguirán influyendo en la dinámica del intercambio en los próximos meses.

Con este comportamiento, el sector del hierro y el acero reafirma su papel como un componente clave en el comercio entre ambos países.

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Colombia busca expandir su presencia en el mercado internacional con la exportación de huevos a Estados Unidos, un país donde el precio de este producto puede alcanzar los $2.700 por unidad. Aunque el proceso aún está en trámite, esta iniciativa representa una oportunidad clave para fortalecer el sector avícola nacional.

Según El Colombiano, la Federación Nacional de Avicultores de Colombia (Fenavi) ha indicado que se adelantan gestiones para cumplir con los requisitos sanitarios y regulatorios exigidos por las autoridades estadounidenses. En 2024, la producción de huevos en el país alcanzó 18.000 millones de unidades, superando en 2.000 millones la cifra de 2023, y se proyecta que en 2025 llegue a 20.000 millones.

Con una producción en constante crecimiento y capacidad para abastecer mercados internacionales, la exportación de huevos a EE. UU. permitiría diversificar las ventas y fortalecer la industria avícola. De concretarse este proceso, Colombia entraría a competir con países como Turquía, Corea del Sur y Brasil, ampliando las oportunidades comerciales para los productores nacionales.

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La uchuva colombiana sigue ganando terreno en los mercados internacionales, consolidándose como una de las frutas más demandadas por su sabor y valor nutricional. En enero de 2025, las exportaciones alcanzaron los US$4.3, reflejando un crecimiento del 9,9% en comparación con el mismo periodo del año anterior.

Según Agronegocios, en 2024 las exportaciones de esta fruta crecieron 9,4%, totalizando US$43,5 millones, y se dio gracias a una bonanza de la uchuva en Colombia y permitió diversificar los productos agrícolas frescos exportables lo que le permitió a la uchuva ingresar al top 5 de las frutas más exportadas de Colombia, ubicándose detrás del banano, aguacate, limón Tahití y gulupa.

El auge de la uchuva ha sido impulsado por su clasificación como superalimento, lo que ha incrementado su demanda en mercados internacionales, especialmente en Países Bajos, Alemania y Bélgica. Además, el sector agrícola colombiano continúa fortaleciendo sus procesos de producción y cumplimiento de estándares internacionales para garantizar su competitividad en el comercio global. Con este desempeño, la uchuva se consolida como un producto estratégico para la agroindustria colombiana, con un potencial de crecimiento significativo en el mercado internacional.

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Si bien el PIB del subsector de construcciones civiles aumentó un 11,7%, no se cumplieron las expectativas. Aunque hubo avances en algunos proyectos clave, como las obras viales de cuarta generación, también hubo retrasos importantes en otros como la red ferroviaria nacional, de la cual se encuentra en funcionamiento solo el 29,0%. Sin embargo, teniendo en cuenta la tendencia decreciente que venía registrándose en el sector durante los últimos 4 años, el desempeño del 2024 parecía dar síntomas de recuperación.

Para 2025, se espera que entren a etapa de construcción los proyectos restantes de la primera ola de vías 5G, así como el corredor férreo La dorada – Chiriguaná.

El consumo mundial de energía registró en 2024 un crecimiento de 2,2%, un nivel mayor al acumulado en la última década que fue de 1,3%, reflejando el aumento en la demanda energética impulsada por la recuperación económica y el desarrollo industrial en varios países. El incremento plantea retos en materia de sostenibilidad y transición energética.

Según Caracol Radio, la Agencia Internacional de Energía AIE explica que este aumento en el uso de energía es el resultado del aumento en la necesidad del sistema de enfriamiento a causa de las temperaturas récord, pero también es resultado de las demandas en aumento de la industria, los centros de datos y la inteligencia artificial, así como la electrificación de los transportes, donde de cada cinco automóviles vendidos en el mundo uno es eléctrico.

Este comportamiento evidencia un aumento en el uso de energías renovable y la nuclear, las cuales representaron por primera vez el 40,0%, por otro lado, los países han implementado estrategias para acelerar la transición hacia energías limpias donde, la creciente demanda sigue presionando los mercados de petróleo, gas y carbón.

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El precio de la gasolina en Colombia aumentó $71, alcanzando un promedio de $15.827 por galón. Este incremento se debe a los ajustes en la política de subsidios y a la necesidad de reducir el déficit del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC).

Según el diario Occidente, la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG) ha destacado la importancia de garantizar la sostenibilidad del sistema de precios y el abastecimiento, considerando factores como el valor del ingreso al productor o importador, los costos del biodiésel y el etanol utilizados en las mezclas, además de los impuestos aplicables.

El alza en los combustibles ha impactado directamente los costos del transporte. La Federación Colombiana de Transportadores de Carga y Logística (Colfecar), señaló que el combustible representa el 40,0% de los costos operativos, lo que agrava la situación del sector. Además del aumento en los precios del combustible y los peajes, los cierres viales y los problemas de seguridad han dificultado aún más la productividad y competitividad del transporte en el país.

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En 2020, año marcado por la pandemia, el sector de actividades artísticas, de entretenimiento, recreación y otros servicios registró una contracción del 7,2%. Sin embargo, en los tres años siguientes experimentó un crecimiento significativo. En 2021, la expansión alcanzó el 40,7%, impulsada principalmente por un efecto rebote y una reconfiguración de las preferencias de consumo, en la que la demanda por experiencias presenciales se intensificó tras las restricciones del confinamiento. En 2022, el sector mantuvo un dinamismo con un crecimiento del 26,9%, seguido de un 12,1% en 2023 y un 8,5% en 2024, cifra considerablemente superior a la del PIB nacional, que solo avanzó un 1,7% en ese mismo año.

Este sector está compuesto por tres grandes categorías:

  • Artes y patrimonio: Comprende artes visuales, artes escénicas, patrimonio, actividades manufactureras vinculadas a la economía naranja, turismo cultural, educación cultural y creativa, y actividades asociativas de regulación.
  • Industrias culturales: Incluye los sectores editoriales, fonográfico, audiovisual, agencias de noticias y otros servicios de información.
  • Creaciones funcionales: Donde se encuentran medios digitales y software, diseño y publicidad.

Según la Cuenta Satélite de Economía Cultural y Creativa (CSECC), los datos disponibles al cierre de 2023 indican que el valor agregado del segmento de artes y patrimonio ascendió a $7,7 billones, lo que representa una contracción del 2,0% respecto a 2022. Este segmento tiene una participación del 0,9% en el valor agregado total de la economía, que en 2023 se ubicó en $879,6 billones.

Dentro de este segmento, el turismo cultural es la actividad de mayor peso, con una contribución del 45,5% y un valor agregado de $3,5 billones, registrando un crecimiento anual del 3,9%. Este comportamiento podría estar asociado a una recuperación parcial del sector turístico tras la pandemia y a un mayor interés por experiencias culturales. Por su parte, la educación cultural y creativa alcanzó los $2,4 billones, con una participación del 30,9% y un crecimiento marginal del 0,1%, lo que sugiere una estabilización en la demanda de formación en disciplinas artísticas y creativas.

En el caso de las industrias culturales, el valor agregado totalizó $4,1 billones, con una caída del 3,9%, lo que equivale al 0,5% del valor agregado total. Dentro de este grupo, el sector audiovisual fue el de mayor peso, con $2,3 billones (participación del 57,4%), aunque presentó una contracción del 5,2%, posiblemente debido a cambios en los patrones de consumo de contenidos digitales y reducción en la inversión en producción local. Le siguió el sector editorial, con $1,2 billones y una participación del 29,5%, registrando una leve caída del 0,2%, lo que podría estar vinculado a la transición hacia formatos digitales y la disminución en la demanda de publicaciones impresas.

Por otro lado, el segmento de creaciones funcionales mostró el mejor desempeño, con un valor agregado de $12,6 billones, un crecimiento del 4,1% y una participación del 1,4% en el valor agregado total de 2023. Dentro de este segmento, medios digitales y software representaron la mayor proporción, con un 73,3% del total ($9,3 billones), lo que refleja la creciente digitalización y el desarrollo de soluciones tecnológicas aplicadas a la economía creativa. En segundo lugar, la publicidad alcanzó un valor agregado de $2,1 billones (16,6% de participación), con un incremento del 1,1%, lo que sugiere una recuperación moderada en la inversión publicitaria, posiblemente impulsada por estrategias de marketing digital y campañas dirigidas a nuevos formatos de contenido.

Las variaciones en estos sectores reflejan tendencias estructurales en la economía naranja, donde la digitalización y la transformación de los modelos de consumo están impulsando segmentos como el software y los medios digitales, mientras que sectores más tradicionales, como el editorial y el audiovisual, enfrentan mayores desafíos debido a la evolución del mercado y los cambios en las preferencias de los consumidores.

El parque automotor en Colombia ha envejecido significativamente en los últimos años, alcanzando una edad promedio de 13 años. Actualmente, está conformado por 12,4 millones de motos (11 años), 7,3 millones de automóviles (15 años) y 219.860 maquinarias y remolques (17 años), para un total de 19,9 millones. La reducción en la compra de vehículos nuevos y el mantenimiento de modelos antiguos han sido factores clave en esta tendencia.

Según el diario La República, este envejecimiento se debe a la caída en las ventas de automóviles nuevos y la falta de incentivos para la renovación del parque automotor. Además, las condiciones económicas, el alto costo de financiamiento y la incertidumbre en el mercado han llevado a que los colombianos prolonguen la vida útil de sus vehículos en lugar de reemplazarlos.

El aumento en la antigüedad de los automóviles genera preocupaciones sobre mayores emisiones contaminantes, costos de mantenimiento elevados y riesgos en la seguridad vial. Especialistas del sector advierten que es necesario fomentar estrategias para la modernización del parque automotor, incluyendo incentivos para la compra de vehículos más eficientes y sostenibles.

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La creación de empresas en Colombia registró una caída del 12,0% en 2024, en comparación con el 2023, reflejando los efectos de la incertidumbre económica y las dificultades en el acceso a financiamiento para nuevos emprendimientos. Los sectores con mayor variación negativa en el número de nuevas empresas fueron el comercio (-15,0%) y manufactura (-13,0%), por otro lado, el rubro, otras actividades económicas presentó un aumento de 26,0%.

De acuerdo con Informa Colombia, en 2024, se cerraron 209.306 compañías en todo el país, representando un aumento del 24,0%. De estas, el 98,0%, unas 205.119 corresponden a microempresas, lo que evidencia la necesidad de establecer estrategias para apoyar las pequeñas empresas, en financiamiento y guiarlas a una formalización.

Dentro de los procesos concursales o de Ley de Insolvencia, Bogotá experimentó una reducción de 18,0% en 2024 con respecto a 2023, por otro lado, Antioquia y Santander evidenciaron una mayor caída, por lo cual se podría pensar en una recuperación empresarial. La desaceleración en la creación de negocios está relacionada con factores como la inflación, el alto costo del crédito y la reducción en el consumo, que han generado un entorno menos favorable para los emprendedores.

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El impacto de la inflación en Colombia ha llevado a los hogares a reorganizar sus prioridades de gasto, concentrando sus recursos en bienes de primera necesidad como alimentos y salud, mientras reducen el consumo de otros servicios como viajes.

De acuerdo con el diario El Nuevo Siglo, En 2024, la compra de bienes esenciales tuvo un repunte del 11,7%, luego de haber permanecido estable el año anterior. Por el contrario, el gasto en productos no esenciales disminuyó en un 16,6%, evidenciando un cambio en las prioridades de consumo. Esta situación responde a la presión inflacionaria que afecta el poder adquisitivo y obliga a los consumidores a ajustar sus hábitos de consumo.

Expertos advierten que esta reestructuración del gasto podría impactar otros sectores de la economía, especialmente el comercio y los servicios no esenciales. A pesar de la moderación en la inflación en los últimos meses, el alto costo de vida sigue siendo un desafío para los hogares colombianos, que buscan alternativas para mantener su estabilidad financiera.

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