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El sector educativo privado en Colombia atraviesa una crisis estructural que ha derivado en la clausura de más de 800 instituciones desde el año 2020. Dicho fenómeno, agudizado tras la pandemia, ha afectado los niveles de ocupación, los cuales pasaron de rangos históricos entre el 90,0 % y el 95,0 % a un promedio actual cercano al 60,0 %. La sostenibilidad financiera de estos planteles se encuentra comprometida debido a la deserción escolar, la presión económica sobre los hogares y la baja natalidad obligando a muchas familias a migrar hacia el sistema oficial ante la imposibilidad de costear las pensiones.

Según La República, cifras de la Asociación de Colegios Privados de Colombia (Acopricol) revelan que tan solo en Bogotá cerraron sus puertas 35 establecimientos durante 2025. El impacto se concentra mayoritariamente en instituciones que atienden a los estratos 1, 2 y 3, las cuales representan entre el 87,0 % y el 90,0 % de la oferta privada. Voceros del gremio explican que esta situación obedece a una tormenta perfecta donde se combinan la inflación, la pérdida de poder adquisitivo y el incremento en los costos operativos, afectando proyectos educativos construidos durante décadas.

A los factores económicos se suma un desafío demográfico profundo marcado por el descenso en la natalidad, pues la tasa global de fecundidad bajó de 2,1 hijos por mujer en 2015 a aproximadamente 1,3 en 2023. Directivos y docentes advierten que el sistema actual está diseñado para una pirámide poblacional que ha dejado de existir, generando un desajuste que exige a los colegios reinventar su propuesta de valor. Tal escenario plantea una alerta para los futuros gobernantes, quienes deberán gestionar un modelo que corre el riesgo de contraerse sin lograr la transformación necesaria para atender las nuevas realidades del país.

El sector avícola colombiano consolidó su papel fundamental en la seguridad alimentaria y la economía nacional durante 2025, alcanzando una producción histórica de 3.167.500 toneladas de proteína. El volumen representó un crecimiento del 9,1 % en comparación con el año anterior, impulsando el valor total de la industria hasta los $44,5 billones. Dicho desempeño positivo ratificó la resiliencia de un tejido productivo que, pese a los desafíos logísticos y antecedentes de bloqueos viales, ha logrado mantener una oferta constante y accesible para los hogares del país.

Según Caracol Radio, el informe presentado por la Federación Nacional de Avicultores (Fenavi) detalla que la producción de huevos ascendió a 19.402 millones de unidades, lo que permitió un consumo per cápita de 366 unidades, mientras que el segmento de pollo aportó 2.003.000 toneladas, garantizando una ingesta promedio de 37,8 kilogramos por persona. Gonzalo Moreno, presidente del gremio, destacó también la expansión territorial de la actividad, la cual aumentó su presencia a 657 municipios, sumando 52 nuevas localidades frente a las cifras registradas en 2023.

En el ámbito internacional, la estrategia de apertura comercial ha comenzado a rendir frutos significativos, generando ingresos por $25.900 millones a través de ocho empresas exportadoras. Se destacan los envíos de 51,3 millones de huevos a Cuba y la exportación de 27.144 kilogramos de pollo a Japón. Adicionalmente, el panorama futuro se muestra prometedor tras confirmarse la viabilidad para enviar huevos a Estados Unidos y la visita programada de autoridades sanitarias de China en abril de 2026, un hecho que podría abrir las puertas del gigante asiático a la producción nacional.

El mercado ganadero en Colombia ha iniciado el 2026 con una notable tendencia alcista. Se han registrado incrementos generalizados en el valor de los animales cebados, flacos y hembras durante las primeras subastas del año. En regiones clave como Córdoba y Boyacá, las cotizaciones han superado la barrera de los $11.000 por kilogramo. Esta alza ha sido impulsada por una dinámica comercial que también ha beneficiado al segmento de los búfalos. Dicho comportamiento sugiere una reactivación vigorosa en las plazas pecuarias. En estos mercados, la demanda ha presionado los precios al alza en diversas categorías productivas. Así, se marca una pauta positiva para los productores en este primer trimestre.

Según el portal Contexto Ganadero, el reporte de la semana del 10 al 16 de enero destaca a la subasta de Cencogán, en Planeta Rica, como líder en el precio del macho cebado, alcanzando los $11.200 por kilo. En segundo lugar está la Feria de Ganados de Medellín con $11.034. El medio señala que el promedio nacional para esta categoría se ubicó en $9.231. Lo anterior representa un aumento del 4,7% frente al cierre del año anterior. En cuanto al ganado de levante, la plaza de Asoregan en Puerto Boyacá registró el valor más alto con $11.100 por kilogramo. Además, la media nacional de este segmento repuntó un 4,1 %, situándose en $9.918.

El segmento de las hembras de levante protagonizó el récord de precios de la jornada, cotizándose a $12.114 por kilo en Córdoba. La cifra establece un hito para la categoría de primera calidad. Por su parte, el sector bufalino experimentó un crecimiento significativo del 10,4 % en su promedio nacional. Lo anterior fue impulsado por valores de hasta $11.300 en Sucre. Finalmente, datos de la Bolsa Mercantil de Colombia evidencian que, en el mercado comercial, Bogotá se posicionó a la cabeza con un precio de $10.393 por kilogramo. Así, superó a plazas tradicionales como Santander y Caldas en este comienzo del año.

Durante el último siglo, Estados Unidos ha intervenido militarmente en más de 70 países mediante invasiones, ocupaciones, apoyo logístico, bombardeos selectivos u operaciones especiales. Sin embargo, los resultados han sido mucho más heterogéneos de lo que sugiere el imaginario colectivo. Casos como Japón y Alemania Occidental —ambos tras la Segunda Guerra Mundial— demuestran que la combinación de ocupación prolongada, reconstrucción institucional y financiamiento externo puede derivar en crecimiento económico sostenido y estabilidad política. Por ejemplo, Japón se convirtió en la tercera economía del mundo. Alemania Occidental consolidó el “milagro económico” gracias al Plan Marshall y al acceso a mercados occidentales. Panamá, intervenido en 1989 con un objetivo político y estratégico acotado, no experimentó una reconstrucción profunda. Pero sí logró estabilidad macroeconómica y posicionarse como un hub logístico y financiero regional. En estos casos convergieron tres elementos clave: objetivos militares claros, duración limitada y capacidades estatales mínimas para absorber la transición.

La cara opuesta se observa en Irak y Afganistán. Tras la invasión de 2003, Irak enfrentó insurgencia sectaria, vacío institucional y fragmentación territorial; el costo estimado para EE. UU. supera los 2,3 billones de dólares, con al menos 189.000 muertes directas y un proceso político aún inestable dos décadas después.

Afganistán implicó 20 años de presencia militar, casi 978.000 millones de dólares en gasto operacional y más de 170.000 víctimas. Finalmente, el país retornó al control talibán en 2021 tras la retirada estadounidense.

En estos casos fallaron tres variables que la literatura considera determinantes: apoyo local, capacidad estatal y estrategia de salida. La evidencia comparada sugiere que las intervenciones tienden a producir mejores resultados cuando combinan objetivos acotados, reconstrucción institucional y coordinación económica.

En contraste, cuando el país intervenido carece de instituciones, consenso interno o seguridad jurídica, el costo se multiplica y la probabilidad de estabilidad disminuye. Por lo tanto, este marco abre una pregunta pendiente respecto al caso venezolano. Allí la intervención reciente fue corta, focalizada y sin reconstrucción institucional. Así queda abierta la discusión sobre resultados futuros.

La manera más práctica de entender los inductores que explicarán el 2026 es analizar los eventos que no tuvieron conclusión en 2025. Con base en esto, veremos un año donde:

  • Colombia luchará con las peores finanzas estatales y una nueva “talanquera económica” por la determinación de un salario mínimo con crecimiento al 23 % que conducirá a mayor costo de vida, mayores tasas de interés y bajo crecimiento.
  • El gobierno enfilando toda su maquinaria política para buscar ganar las elecciones presidenciales, mientras la derecha trata de organizarse; lo que llevará a una sorpresa en el nuevo líder del país.
  • Venezuela intentará volver a la democracia, mientras se da el aprovechamiento petrolero por parte de EEUU.
  • Se definirá la legalidad o ilegalidad de los aranceles de EEUU con el planeta.

Colombia se perfila como uno de los países con mayor potencial de expansión económico en la región para los próximos 15 años, proyectando un crecimiento de su Producto Interno Bruto (PIB) cercano al 52,0 % frente a las cifras actuales. Un estudio reciente estima que la economía nacional podría alcanzar un tamaño de entre US$570.000 millones y US$650.000 millones hacia el año 2040, impulsada por una evolución estructural hacia actividades de mayor productividad y valor agregado que aprovechan la transición energética y la reorganización de las cadenas globales de suministro.

Según Valora Analitik, el análisis de McKinsey & Company identifica tres motores cruciales para este despegue: los servicios digitales, los centros de datos y la agroindustria. Se calcula que el segmento de tecnología y servicios empresariales podría aportar entre US$10.000 millones y US$25.000 millones adicionales, favorecido por la cercanía cultural y horaria con Norteamérica. Por su parte, la agroindustria tiene la capacidad de generar hasta US$30.000 millones extras si enfoca sus esfuerzos en la transformación de alimentos, mientras que la infraestructura digital para centros de datos sumaría otros US$5.000 millones, apalancada en la oferta de energías renovables.

El reporte subraya que el país cuenta con activos estratégicos como talento humano calificado, conectividad internacional y abundancia de recursos naturales para capitalizar estas oportunidades. Sin embargo, Andrés Cadena, socio senior de la consultora, advierte que materializar este escenario dependerá de la capacidad del Estado y el sector privado para ejecutar estrategias de largo plazo y atraer la inversión necesaria, consolidando un entorno que permita integrar la digitalización y la sostenibilidad como ejes del desarrollo económico y la generación de empleo formal en las próximas décadas.

El Gobierno Nacional ha oficializado su nueva hoja de ruta para el sector turístico, estableciendo la ambiciosa meta de atraer 7,5 millones de visitantes, tanto nacionales como internacionales, para el cierre de 2026. La estrategia busca descentralizar los beneficios económicos de la industria. Además, dirige la inversión y el gasto hacia las comunidades locales y los territorios que históricamente han estado al margen de los circuitos tradicionales. Un hito clave revelado durante el lanzamiento es el cambio en la estructura de ingresos del país. Ahora, la generación de divisas por turismo ya supera a la del carbón. Así, el turismo se consolida como un motor de descarbonización y valor agregado.

La ministra de Comercio, Industria y Turismo, Diana Morales, enfatizó que el objetivo trasciende las cifras de viajeros. El enfoque está en que los recursos fortalezcan la economía popular y generen empleo formal en las regiones. Este enfoque prioriza la sostenibilidad y el reconocimiento cultural como ejes de desarrollo. Así, se busca que la transformación del sector no solo aporte a la balanza de pagos, sino que se traduzca en bienestar social tangible. De esta manera, el gobierno reafirma su apuesta por sustituir la dependencia de las rentas extractivas. Lo hace mediante una industria de servicios robusta y competitiva a nivel global.

La reciente apreciación del peso colombiano, que ha llevado la tasa de cambio a romper el piso de los $3.700 por primera vez desde junio de 2021, ha generado una alerta en el sector agroexportador. Lo anterior ha restado competitividad a las ventas externas del país. Los gremios de cafeteros, bananeros y floricultores son los más afectados por este fenómeno. Ellos enfrentan una reducción en sus ingresos en pesos mientras sus costos aumentan. Además, la situación impacta rubros que entre enero y noviembre de 2025 sumaron exportaciones por US$5.277,4 millones en café, US$3.446,0 millones en banano y US$1.067,0 millones en flores.

Según Agronegocios, Germán Bahamón, gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, advirtió que el efecto cambiario ha ocasionado que los productores dejen de percibir entre $500.000 y $550.000 por carga frente a lo recibido hace un año. Lo anterior, sucede a pesar de mantener los mismos volúmenes y estándares de calidad. Además, la situación se agrava por el alza del salario mínimo, la inflación en los insumos y unas tasas de interés que permanecen elevadas en 2026.

Para la floricultura, que exporta el 97,0 % de su producción, el impacto es crítico dado que es una industria intensiva en mano de obra. En el sector, los salarios representan hasta el 60,0 % de los costos. Augusto Solano, presidente de Asocolflores, estima que una caída promedio de $100 en la divisa puede representar pérdidas cercanas a los $250.000 millones para el sector. La presión financiera, sumada a aranceles de exportación de US$200 millones anuales, amenaza la estabilidad de los 150.000 empleos formales que dependen de esta actividad.

El sector avícola colombiano demuestra en 2025 un desempeño histórico, con cifras récord en producción y consumo. Los crecimientos interanuales registraron el 9,0% tanto en pollo como en huevo, la industria se encamina a superar los 1,9 millones de toneladas de carne y los 19.200 millones de unidades, operando a un intenso 85,4% de su capacidad instalada para satisfacer la robusta demanda nacional.

El dinamismo productivo, apalancado por una importación récord de material genético que creció un 53,1%, coexiste con una fuerte tensión operativa. La inseguridad y los constantes bloqueos viales, con 274 en los primeros cinco meses del año, se erigen como la principal amenaza para la estabilidad de la cadena de suministro. De cara al futuro, y ante un proyectado déficit estructural donde el consumo interno supera la producción, la estrategia del sector se enfoca en dos frentes clave: una decidida ofensiva exportadora para consolidar su presencia en los 11 mercados ya abiertos y avanzar en la compleja admisibilidad a destinos estratégicos como China y EE. UU, y una profunda transformación hacia la Avicultura 4.0, adoptando tecnología, innovación y sostenibilidad como pilares indispensables para asegurar la competitividad global a largo plazo.

El sector agrícola colombiano continúa fortaleciendo su presencia internacional tras confirmarse la admisibilidad fitosanitaria del aguacate Hass en el mercado de Uruguay. Este avance se formalizó mediante la Resolución 1323/2025 de la Dirección General del Servicio Agrícola uruguayo, permitiendo el ingreso de la fruta bajo requisitos específicos de calidad. El proceso destaca por su agilidad, ya que las negociaciones técnicas iniciaron el 22 de mayo de 2025 y se concretaron en menos de un año, consolidando la estrategia nacional de apertura de mercados para productos agropecuarios.

De acuerdo con el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), los exportadores interesados en este nuevo destino deberán tramitar la Autorización Fitosanitaria de Ingreso ante las autoridades de Uruguay. Paula Andrea Cepeda, gerente general del ICA, señaló que este hito ratifica la competitividad y la alta calidad fitosanitaria de la producción nacional, la cual ya cuenta con acceso a más de 20 destinos globales, incluyendo Estados Unidos, China y la Unión Europea. Además, el ICA reportó que durante el 2025 se certificaron más de 773 predios en Buenas Prácticas Agrícolas, de los cuales 232 son liderados por mujeres rurales, quienes representan cerca del 35,0% de la fuerza laboral en esta cadena productiva.

El nuevo mercado se abre en un contexto de crecimiento exponencial para el producto, pues a corte de noviembre de 2025, Colombia exportó un total de 147.013 toneladas de aguacate Hass. Dicho valor representa un incremento del 46,6 % en comparación con el volumen registrado en 2024, reafirmando al sector como un eje clave para el crecimiento económico del país en 2026. Con la inclusión de Uruguay, el país no solo expande su huella comercial en el Cono Sur, sino que fortalece la confianza de los socios internacionales en los sistemas de inspección y certificación fitosanitaria colombianos.

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