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El Ministerio de Comercio, Industria y Turismo ha propuesto un borrador de decreto que pretende modificar radicalmente el sistema de Registro Nacional de Turismo (RNT), transformándolo de un modelo declarativo a uno de preverificación administrado por las cámaras de comercio. La iniciativa ha generado un fuerte rechazo por parte de la Cámara Colombiana de Informática y Telecomunicaciones (CCIT), la cual advierte que los nuevos requisitos técnicos y documentales, como la validación semestral del RNT y la supervisión de anuncios, impondrán cargas operativas desproporcionadas a las plataformas digitales, poniendo en riesgo la continuidad de miles de pequeños prestadores de servicios turísticos.

Según El Espectador, la agremiación estima que las plataformas como Airbnb han generado más de 215.000 empleos en el país y aportado US$554 millones al PIB turístico nacional. La preocupación radica en que las nuevas exigencias podrían excluir del mercado formal a numerosas familias de clase media que dependen de estos ingresos para sostener sus viviendas, empujando la actividad hacia la informalidad y concentrando la oferta en grandes operadores, lo que afectaría negativamente la competencia y la innovación en el sector.

El impacto económico de estas medidas se extendería a toda la cadena de valor del turismo, dado que por cada US$ 10 gastados en alojamiento a través de estas aplicaciones, se generan US$ 48 adicionales en sectores complementarios como gastronomía, transporte y entretenimiento. Mientras el Gobierno defiende la necesidad de armonizar la normativa para evitar fraudes y garantizar la seguridad, los gremios insisten en que la falta de un periodo de transición y la imposición de requisitos propios de grandes comerciantes harían inaplicable la norma, dejando a zonas rurales y municipios PDET sin opciones viables de desarrollo turístico.

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El gigante inmobiliario chino Vanke ha iniciado una ronda de negociaciones críticas con sus acreedores, buscando extender el plazo de vencimiento de un bono por valor de 2.000 millones de yuanes (aproximadamente US$ 283 millones). La compañía, que hasta hace poco se consideraba una de las más sólidas del sector estatal, ha propuesto una prórroga de 12 meses respaldada por garantías de empresas controladas por el gobierno de Shenzhen, en un esfuerzo desesperado por evitar lo que sería su primer incumplimiento de pagos en un mercado ya golpeado por la crisis.

Según Swissinfo y EFE, para que esta medida prospere, la promotora necesita la aprobación del 90,0 % de los tenedores de bonos, quienes evalúan una oferta mejorada que incluye el pago de intereses adicionales. La presión financiera sobre la empresa no se detiene ahí, pues se enfrenta a otro vencimiento de US$ 524 millones a finales de diciembre y acumulará obligaciones por cerca de US$ 1.900 millones hasta mediados de 2026. La situación ha generado una alta volatilidad en sus títulos bursátiles, aunque la expectativa de un acuerdo impulsó recientemente sus acciones un 10,0 % en la bolsa de Shenzhen.

El caso de Vanke es emblemático del deterioro del sector inmobiliario chino, cuyas ventas comerciales se desplomaron un 12,9 % en 2024, sumándose a las caídas de los dos años anteriores. La firma, que había logrado evitar el impago gracias a inyecciones de liquidez por US$ 4.200 millones de su principal accionista, perdió su calificación crediticia favorable en 2024, pasando a categoría de “bono basura”. Este escenario revive los temores de contagio financiero que ya protagonizaron otros colosos como Evergrande, poniendo a prueba la capacidad de intervención de las autoridades chinas.

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El debate sobre la sostenibilidad financiera del sistema de salud colombiano se ha intensificado de cara a la definición de la Unidad de Pago por Capitación (UPC) para el 2026. Diversos gremios del sector han presentado estudios técnicos que evidencian una insuficiencia estructural en los recursos asignados, advirtiendo que el sistema opera con pérdidas y que la siniestralidad proyectada para el cierre de 2025 superará el 100,0 %. Ante este panorama de desfinanciamiento y aumento en la demanda de servicios, las agremiaciones coinciden en que el ajuste para el próximo año debe ser de doble dígito para evitar un colapso operativo y garantizar el acceso a tratamientos.

Según Consultor Salud, la Asociación Colombiana de Empresas de Medicina Integral (ACEMI) estima que el incremento requerido para el régimen contributivo es del 17,3 %, partiendo de un análisis que revela la eliminación injustificada de registros de gasto por $2,1 billones en las bases de datos oficiales. Por su parte, la ANDI plantea un aumento mínimo del 15,6 %, señalando que cualquier cifra inferior se recortaría cerca de $890.000 millones vitales al sistema, esto por cada punto porcentual inferior al que menciona la ANDI; Mientras que AFIDRO propone un ajuste del 15,0 %, argumentando que existe una brecha histórica de hasta 8,0 puntos entre los costos reales y los reconocidos por el Gobierno.

La crisis de recursos ya tiene efectos tangibles en la atención a los usuarios, reflejada en un aumento del 32,0 % en las quejas y reclamos y del 22,0 % en las tutelas durante el último año. Los gremios insisten en que el ajuste no es una negociación política, sino una necesidad técnica impostergable, subrayando que el Estado cuenta con la capacidad fiscal en el Presupuesto General de la Nación de 2026 para cubrir estos requerimientos si se prioriza el aseguramiento en salud.

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Durante los primeros ocho meses de 2025, el sector de aceites vegetales mostró un desempeño de contrastes. Por un lado, la producción creció un 11,2% y el PIB semestral un 7,8%, impulsados por el dinamismo de las zonas oriental y central. Sin embargo, este crecimiento en la oferta no se reflejó en la demanda, ya que el volumen de ventas se estancó con un alza de solo 0,3%, evidenciando la alta sensibilidad a los precios. A nivel internacional, el sector enfrenta una marcada volatilidad de precios, con el aceite de palma fluctuando desde un pico de US$ 1.070,3 en enero de 2025 a una contracción de US$ 907,6 en mayo del mismo año, además de los constantes desafíos logísticos de la Vía al Llano.

En el frente externo, el sector también mostró una dinámica en la que el volumen de compras externas superó el de las ventas. Las importaciones alcanzaron 1.481,5 miles de toneladas a julio, con una alta concentración de la torta de soya (46,5% del valor). Al mismo tiempo, las exportaciones (570.399,1 toneladas) se concentraron en el aceite crudo (55,8%) y mostraron crecimientos en mercados de valor como Francia (+164,5%), aunque con fuertes caídas de volumen en destinos como China (-74,9%). La disparidad entre la alta producción y la débil demanda ha presionado los inventarios.

El sector del plástico y el caucho en Colombia consolida un año de resultados positivos, proyectando ventas superiores a los $35,0 billones al finalizar el 2025. El dinamismo se refleja en un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) del sector del 1,8% durante el tercer trimestre, impulsado por una mayor demanda en segmentos clave como alimentos, salud y construcción. Además, la industria se reafirma como un motor de empleo vital, generando cerca de 250.000 puestos de trabajo directos y movilizando a más de 100.000 recicladores en la cadena de aprovechamiento.

Según la revista Semana, el comercio exterior también muestra cifras alentadoras, con exportaciones de materias primas que alcanzaron los US$ 707 millones entre enero y septiembre, lo que representa un aumento del 7,4 % frente al año anterior. Brasil se mantiene como el principal destino para estos insumos, concentrando el 56,0 % de los envíos, mientras que Estados Unidos lidera la compra de productos transformados con una participación del 26,0%. En total, se estima que las ventas externas del sector cerrarán el año rondando los US$ 1.800 millones, respaldadas por inversiones en maquinaria que superaron los US$ 80 millones para modernizar la capacidad productiva.

De cara al 2026, el gremio Acoplásticos anticipa retos significativos relacionados con la adaptación regulatoria y la sostenibilidad. Los principales desafíos se centran en el cumplimiento de la normativa sobre plásticos de un solo uso y el avance en las metas de reciclaje de envases, al tiempo que las empresas deben acelerar su transición hacia tecnologías de la industria 4.0 para mantener su competitividad global.

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El sector de explotación de minas y canteras continúa registrando una marcada tendencia bajista en los precios percibidos por el productor, reportando una caída mensual del 2,8 % durante noviembre de 2025. Esta dinámica negativa se acentúa significativamente al analizar el comportamiento anual, donde el rubro presentó una contracción del 19,8 % frente al mismo mes del año anterior, consolidándose como el único sector productivo con una variación inferior al promedio nacional y reflejando la alta volatilidad de los precios de los recursos energéticos en el mercado.

Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), el desempeño negativo de la minería se explica fundamentalmente por el descenso en las cotizaciones de los hidrocarburos y el carbón. Específicamente, los aceites de petróleo y minerales bituminosos registraron una disminución mensual del 2,9% y un desplome anual del 24,2%, restando competitividad a los ingresos del sector. De igual manera, la hulla sin aglomerar contribuyó a este deterioro, con una variación negativa del 4,1% en el último mes y una reducción acumulada del 19,6% en los últimos doce meses.

En el análisis de año corrido, que cubre de enero a noviembre, el sector minero acumula una variación negativa del 18,9 %, contrastando con la estabilidad de otras ramas como la agricultura y la industria, que mostraron comportamientos positivos. Este escenario de precios en boca de mina tiene un impacto directo en el índice de precios de exportación, donde el componente minero registró una caída mensual del 3,1%, evidenciando la menor remuneración que están recibiendo los productores nacionales por sus recursos extractivos al momento de comercializarlos en el exterior.

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Un equipo de científicos ha marcado un hito en la biotecnología agrícola al lograr que cultivos de cereales crezcan sin la necesidad de fertilizantes industriales, un insumo que actualmente representa un alto costo económico y ambiental para los productores. Este avance se sustenta en la ingeniería genética, permitiendo que plantas que tradicionalmente no fijan nitrógeno, como la cebada, puedan obtener este nutriente esencial directamente de la naturaleza mediante una simbiosis bacteriana inducida.

Según Contexto Ganadero, la investigación liderada por Simona Radutoiu y su equipo demostró que bastan 2,0 modificaciones genéticas específicas para alterar el comportamiento de la planta. El hallazgo clave radica en transformar el sistema de defensa de la raíz: en lugar de identificar y rechazar a las bacterias fijadoras de nitrógeno como amenazas, la planta modificada pasa a cooperar con ellas, replicando el proceso natural que realizan las leguminosas. Este cambio de “rechazo a cooperación” se logró manipulando receptores moleculares precisos en el laboratorio, abriendo la puerta a una agricultura autosuficiente en nutrientes.

El impacto de este descubrimiento trasciende la productividad, apuntando directamente a la sostenibilidad climática y energética del planeta. Al eliminar la dependencia de los fertilizantes sintéticos, se reduciría drásticamente la huella de carbono asociada a su fabricación y transporte, así como la contaminación de fuentes hídricas por escorrentía. Los investigadores aseguran que este es un paso firme hacia una producción de alimentos más ecológica, donde la eficiencia biológica reemplaza a los insumos químicos costosos.

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Los BRICS, que representan más del 40% de la población mundial y una porción significativa del PIB global, parecían destinados a liderar una transformación histórica del sistema económico internacional. La desaceleración de Estados Unidos, las tensiones políticas internas y el uso del dólar como mecanismo de sanciones habían creado el escenario perfecto para que el bloque emergente consolidara una alternativa real al orden liderado por el G7. Sin embargo, las tensiones internas entre China e India, la presión geopolítica sobre Rusia y la falta de cohesión frente a temas como la expansión del bloque y la creación de una moneda común han frenado sus ambiciones. Aunque el Nuevo Banco de Desarrollo avanza, lo hace a un ritmo muy inferior al proyectado, mientras la esperada “moneda BRICS” continúa siendo un proyecto sin consenso.

A pesar de su reciente ampliación a diez miembros —incluyendo Egipto, Etiopía, Irán y Emiratos Árabes— la ampliación ha introducido más conflictos que alineación estratégica. Las disputas entre Irán y Arabia Saudí, o entre Egipto y Etiopía por el agua del Nilo, dificultan la construcción de un frente económico sólido en un momento en el que Estados Unidos aumenta presiones comerciales, con amenazas arancelarias de hasta 100%, particularmente contra Brasil, Sudáfrica e Indonesia. La oportunidad histórica de actuar coordinadamente para influir en el comercio global parece desvanecerse, no por falta de recursos, sino por la incapacidad de actuar como un bloque cohesionado. Aunque los BRICS mantienen relevancia geoeconómica, su ventana para convertirse en un contrapeso real al G7 se estrecha rápidamente.

El mercado automotor colombiano experimenta una notable dinamización en el acumulado del año, registrando un total de 224.070 matrículas de vehículos nuevos entre enero y noviembre de 2025, lo que representa una expansión del 27,6% frente al mismo periodo anterior. Dentro de este volumen, se destaca la consolidación estructural de las tecnologías sostenibles, donde los automóviles de energías limpias ya capturan el 33,9% de la participación de mercado, sumando un total de 76.008 unidades que han entrado a renovar el parque automotor nacional.

Según Portafolio, el segmento de híbridos lidera esta transición con 59.518 unidades facturadas, registrando un crecimiento del 60,6%; si esta categoría se considerara una marca independiente, superaría ampliamente a la casa matriz más vendedora del país. Por su parte, los vehículos cien por ciento eléctricos han mostrado un buen desempeño con 16.490 colocaciones, logrando un aumento del 127,7%, cifra que hipotéticamente los ubicaría como la sexta marca con mayor demanda en el escalafón nacional, superando incluso los registros de fabricantes tradicionales consolidados.

En cuanto a las preferencias del consumidor, los modelos híbridos no enchufables encabezan las listas de ventas, con referencias de Toyota y Mazda a la cabeza, seguidos por el SUV eléctrico Yuan Up de BYD. Precisamente, el fabricante BYD ha logrado ingresar al top 10 de ventas generales con un crecimiento del 159,1%, un hito relevante dado que su portafolio se compone exclusivamente de tecnologías de cero y bajas emisiones, lo que ratifica el cambio acelerado en los hábitos de compra de los colombianos hacia la movilidad sostenible.

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Alimentarse con calidad en Colombia se ha convertido en un desafío económico creciente para los hogares, quienes hoy deben destinar uno de cada tres pesos de sus ingresos exclusivamente a la compra de alimentos. Esta coyuntura no solo responde al encarecimiento de los productos básicos, sino a una transformación en la estructura del gasto familiar, donde el presupuesto para comida compite cada vez con menos margen frente a nuevas necesidades de consumo consideradas ineludibles por la sociedad moderna.

Según Contexto Ganadero, el informe de la firma Raddar revela que el espacio financiero para la alimentación se ha reducido debido al incremento en gastos destinados a bienestar, movilidad, conectividad y entretenimiento. Esta redistribución del ingreso obliga a los consumidores a sacrificar la calidad o cantidad de su dieta para cubrir servicios tecnológicos y de transporte, generando una tensión directa entre la nutrición y el estilo de vida actual, donde la conectividad ha pasado de ser un lujo a una prioridad de gasto.

El panorama se agudiza por el comportamiento de los costos en el origen, evidenciando un crecimiento del 7,2% en los precios constantes del sector agrícola, impulsado por departamentos productores clave como Tolima, Cundinamarca y Santander. Expertos señalan que esta situación exige un replanteamiento de las estrategias comerciales, pues la dificultad para acceder a una buena alimentación ya no es solo un problema de inflación, sino una consecuencia de cambios estructurales en las prioridades de consumo de los colombianos.

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