Especiales

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La trayectoria de la construcción inmobiliaria en Colombia ha estado marcada por profundas transformaciones asociadas a factores macroeconómicos, institucionales y sociales. Desde la crisis de finales de los años 90 hasta el desplome por la pandemia en 2020, pasando por el auge de inversión pública y subsidios en la década de 2010.

Colombia es un país fuerte; institucionalmente, en su sociedad civil, con medios de comunicación que hacen un control estricto y con una economía en recuperación. Independiente de esto, el gobierno entrante va a heredar una serie de problemas: el fiscal, la crisis de salud, crisis en energía y servicios públicos, seguridad, y caída en la inversión privada. Sin embargo, la contienda electoral presidencial no ha empezado y el camino que parecía de tres carriles (izquierda, centro y derecha), realmente es de seis: el Pacto Histórico, tendencias de centro izquierda, el centro de partidos tradicionales, el centro sin partidos tradicionales, el Centro Democrático y candidatos “outsiders de derecha” (Vicky Dávila y empresarios). La competencia por la presidencia de Colombia será, en el fondo, entre candidatos minoritarios. En 2022, las ideas de un cambio tranquilo no se iban a conectar con la opinión pública, en la actualidad la situación es diferente. “De cara al 2026, una idea de cambio con conocimiento y que geste las ideas de Antanas Mockus sobre el yo voy a decir la verdad, tendrá un lugar en la política”, Alejandro Gaviria.

  • Colombia oficializó en 2025 su ingreso a la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, con expectativas de inversión en infraestructura, comercio y tecnología.
  • El acuerdo ofrece oportunidades de financiamiento y modernización, pero también plantea riesgos de endeudamiento, desequilibrios comerciales y tensiones geopolíticas.
  • Su impacto en el mercado financiero dependerá de la gestión estatal, la calidad de los proyectos y el equilibrio en las relaciones internacionales.

El 14 de mayo de 2025, Colombia formalizó su ingreso a la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR), un ambicioso plan de integración global liderado por China que busca expandir su influencia mediante infraestructura, comercio e inversión. La reunión entre los presidentes Gustavo Petro y Xi Jinping en Beijing culminó con el anuncio de la adhesión, y marca un cambio de dirección en la política exterior colombiana, históricamente más cercana a Estados Unidos. El acuerdo representa, para algunos sectores, una puerta hacia nuevas fuentes de financiamiento y cooperación tecnológica, mientras que para otros plantea interrogantes sobre sostenibilidad de la deuda, equilibrio geopolítico y efectos estructurales en la economía.

Beneficios

Uno de los beneficios más inmediatos del acuerdo con China es el acceso a nuevas fuentes de financiamiento para obras de infraestructura que históricamente han enfrentado cuellos de botella por falta de recursos. La iniciativa promete créditos preferenciales para proyectos estratégicos como la segunda línea del metro de Bogotá, la modernización de puertos como el de Buenaventura y la expansión de plantas de generación eléctrica. Estos proyectos no solo tienen impacto directo sobre la productividad, sino que también dinamizan el mercado financiero local al movilizar recursos del sistema bancario, asegurar la participación de firmas de seguros y estimular la emisión de instrumentos financieros ligados a la infraestructura. A su vez, la posibilidad de cofinanciar obras a través de bonos temáticos, como los bonos verdes o bonos de impacto social, abre nuevas líneas de negocio para actores institucionales y contribuye a diversificar la oferta en el mercado de capitales colombiano.

En el ámbito comercial, el acuerdo también puede significar una ganancia neta para el país. China es ya el segundo socio comercial de Colombia y su principal origen de importaciones. Con la IFR, se espera una expansión de las exportaciones hacia el gigante asiático, incluyendo productos agrícolas como café, flores y banano, pero también materias primas mineras y, potencialmente, bienes intermedios con algún grado de transformación. Esta diversificación geográfica reduce la dependencia tradicional de Estados Unidos y mejora el perfil de ingresos en divisas del país, lo que se traduce en mayor estabilidad cambiaria. Desde la perspectiva financiera, ello favorece una mejor gestión del riesgo por parte de bancos e inversionistas, estabiliza los flujos internacionales y mejoraría la percepción de riesgo soberano en los mercados internacionales.

Adicionalmente, la dimensión tecnológica del acuerdo incluye compromisos de cooperación en inteligencia artificial, energías limpias, transporte inteligente y salud digital. Este tipo de transferencias puede estimular el surgimiento de nuevos sectores productivos y atraer inversión extranjera directa en industrias de futuro, por lo que, representaría también una oportunidad para que firmas emergentes colombianas accedan a capital de riesgo, y para que el país fortalezca su ecosistema de innovación financiera, especialmente en lo relativo a Fintech y banca digital. Desde esta óptica, la vinculación a la BRI se alinea con los esfuerzos por modernizar la estructura económica nacional, y no se limita únicamente a un intercambio de bienes físicos.

Desventajas

Por otro lado, uno de los principales riesgos del acuerdo está relacionado con el endeudamiento externo. Casos como los de Venezuela, Ecuador o Sri Lanka han sido citados con frecuencia como ejemplos de países atrapados en condiciones crediticias onerosas tras adherirse a la IFR. Aunque las condiciones anunciadas para Colombia parecen ser favorables, no hay garantías de que la deuda contraída no se convierta en una carga fiscal a futuro, especialmente si los proyectos financiados no generan retornos proporcionales. Esto puede comprometer la sostenibilidad de las finanzas públicas, elevar el riesgo país y, en consecuencia, aumentar los costos de financiamiento para el Estado y las empresas privadas. Desde el punto de vista financiero, el impacto se traduce en tasas de interés más altas, mayor presión sobre el tipo de cambio y una eventual contracción del crédito disponible para el sector productivo.

Un segundo punto crítico es el desequilibrio estructural en la balanza comercial con China. Actualmente, Colombia mantiene un déficit superior a los 13 mil millones de dólares con este país, y no está claro que el acuerdo logre revertir esa asimetría. Un incremento descontrolado de las importaciones chinas, especialmente de manufacturas, podría desplazar producción local, generar desempleo en sectores industriales sensibles y aumentar la vulnerabilidad frente a choques externos. Además, una balanza comercial persistentemente negativa puede deteriorar las reservas internacionales y conllevar a presiones cambiarias que afecten la estabilidad macroeconómica.

También deben considerarse las tensiones geopolíticas derivadas de este giro, pues este posicionamiento no está exento de tensiones. Estados Unidos ha manifestado explícitamente su oposición a que se destinen fondos de desarrollo a empresas chinas en Colombia en el marco de la IFR. Esta postura refleja una preocupación más amplia en Washington sobre la creciente influencia china en América Latina, una región que tradicionalmente ha estado bajo su esfera de influencia. En un contexto internacional caracterizado por rivalidades crecientes entre potencias, el alineamiento excesivo con uno de los polos puede traducirse en sanciones, aislamiento diplomático o incluso penalizaciones comerciales, lo cual afectaría directamente los flujos de inversión y la confianza de los mercados.

Además, la participación del capital chino en proyectos de gran escala exige el fortalecimiento de los marcos regulatorios, las capacidades de supervisión y los mecanismos de rendición de cuentas, para evitar que los beneficios económicos se vean eclipsados por impactos sociales o ambientales adversos que deriven en conflictos y litigios. En términos financieros, un entorno de baja gobernanza puede traducirse en mayor incertidumbre jurídica, aumento de primas de riesgo para inversiones, y menor apetito por instrumentos de deuda locales. La percepción de que las reglas pueden ser flexibles o cambiar según conveniencia política deteriora la confianza, y puede tener efectos duraderos sobre la profundidad y eficiencia del mercado financiero colombiano.

En conclusión, la adhesión de Colombia a la Iniciativa de la Franja y la Ruta representa una decisión estratégica con implicaciones profundas para su desarrollo económico y financiero. La posibilidad de acceder a recursos frescos, modernizar infraestructura, diversificar comercio e impulsar sectores de alta tecnología es, sin duda, una oportunidad. Sin embargo, los riesgos asociados a un endeudamiento excesivo, al desequilibrio comercial, a las tensiones geopolíticas y a una ejecución deficiente de los proyectos requieren atención urgente y medidas preventivas. El éxito o fracaso de esta alianza dependerá, en gran medida, de la capacidad del Estado colombiano para negociar con criterio técnico, establecer prioridades claras, fortalecer sus instituciones y mantener una política exterior equilibrada que no comprometa su autonomía. Si se logra ese equilibrio, el acuerdo con China podría convertirse en una palanca para el desarrollo sostenible. Si no, podría derivar en una nueva dependencia, esta vez del gigante asiático.

El sector bananero enfrentó un 2024 con retos y dificultades; por un lado, el factor climático, acompañado de problemas logísticos y un precio internacional muy por debajo de lo esperado por los productores. También se presentaron problemas fitosanitarios relacionados con el hongo Fusarium Raza 4 Tropical, el cual ha sido causante de la erradicación de hectáreas para el cultivo del banano. Estos factores han impactado negativamente el área sembrada, causando que en el 2024 se redujera un 6,1% al compararlo con el año anterior, haciendo así que la producción sufriera una de las caídas más grandes de los últimos 5 años, reportando una disminución anual de 8,2% en el 2024. En el mediano plazo, el sector se orienta hacia la sostenibilidad, apoyándose en la tecnología para monitorear las dificultades climáticas y realizar estudios del suelo. Este enfoque busca incrementar la productividad, proyectada a superar el 5,0% en 2025. Se espera que este crecimiento se vea impulsado por la mejora en los precios internacionales, especialmente en el mercado europeo, que representa más del 69,7% del total de las exportaciones.

  • Los excesos de producción global de petróleo y el retiro de apoyos de USAID, sumados a la coyuntura global, explicarían el moderado crecimiento del país.

Un débil panorama global, la caída de precios de materias primas y el retiro de inversión estadounidense impactarán las proyecciones económicas de la región, en la que destacan India, Argentina y Perú como excepciones al bajo dinamismo.

Analistas de Sectorial.co comparten nuevas proyecciones de crecimiento económico global para 2025 y 2026, años marcados por un optimismo cauteloso. De acuerdo con Alejandro Escobar, gerente estratégico de la firma, “Estados Unidos lidera una tendencia hacia el proteccionismo, alejándose de la expansión de la globalización, lo que ha llevado a que el crecimiento mundial se estime en 2,8 % para 2025 y 3 % para 2026”.

En este escenario, las economías avanzadas como Estados Unidos y la zona euro tendrán desempeños modestos, con proyecciones de entre 1,4 % y 1,8 % en el caso de EE. UU. y apenas 0,6 % para Europa. Incluso China ralentizaría su expansión al 4 %. Por el contrario, se prevé que India supere el 6,2 % y las economías emergentes de Asia mantengan un ritmo superior al 4,5 %.

Por su parte, la región latinoamericana enfrentará mayores retos debido al débil dinamismo económico, el exceso de oferta de petróleo que presionará a la baja los precios de las materias primas y el retiro de inversiones clave como las de USAID, que en Colombia pasaron de USD 453 millones en 2023 a USD 253 millones en 2024. Las economías con matrices productivas poco diversificadas serán las más afectadas.

“Factores estructurales como el crimen organizado, la desigualdad, la pobreza y las deficiencias del mercado laboral continúan limitando la productividad de la región. La proyección para América Latina es de un crecimiento de 2 % en 2025 y 2,4 % en 2026. Se destacan Argentina, que saldría de la recesión con una expansión de 5,5 % en 2025, y Perú con 2,8 %”, señala Escobar.

Para Colombia, se estima un crecimiento de 2,5 % en 2025 y 2,6 % en 2026. Sin embargo, el país enfrenta un entorno fiscal desafiante. Organismos como el Comité Autónomo de la Regla Fiscal (CARF) advierten que el país podría acumular seis años consecutivos con déficits superiores al 4 %, y que uno de cada tres pesos recaudados en 2025 se destinará al pago de deuda, lo que restringirá recursos para inversión pública.

A nivel inflacionario, el FMI advierte que las tensiones comerciales podrían frenar el descenso de la inflación. “A pesar de una posible caída del 12,4 % en los precios de materias primas en 2025 y un 4,8 % adicional en 2026, las metas inflacionarias se postergarán hasta ese último año”, agrega el analista.

En cuanto a las tasas de interés, advierte que se mantendrán elevadas. Al cierre de 2025, se proyectan niveles del 14,5 % en Brasil, 8 % en México, 7,75 % en Colombia, 5 % en Chile y 4,5 % en Perú. En este contexto, se anticipa una tasa de cambio en Colombia de $4.559 por dólar al cierre de 2025 y $4.348 al final de 2026.

El diagnóstico es claro, los sistemas de salud que buscan la universalidad de la cobertura no son sostenibles financieramente, eso lo han sabido todos los gobiernos, la diferencia es que los anteriores han tenido voluntad de trabajar la situación y el actual no le ha prestado atención. De esta forma según la Vicepresidencia de Salud de la ANDI, de 2021 a 2024 se ha acumulado un déficit de $20 billones.

Las consecuencias se evidencian en que los prestadores están sobreviviendo con el día a día, las EPS no están garantizando los tratamientos integrales, los pacientes sufren, el gasto de las familias en salud es lo que más está creciendo. Aquí entra una frase clave de Diana Cárdenas, exviceministra de Protección Social, “todos tenemos derecho a la salud sin empobrecernos”.

Entendiendo la situación actual, debemos pensar en las soluciones, y estas, con base en la Vicepresidencia de Salud de la ANDI, están en fijar las bases para el Plan Nacional de Desarrollo de 2026 – 2030; donde en los primeros cien días se implementen mecanismos de pago por disponibilidad para parar el cierre de servicios, redireccionar fondos que no se están yendo a salud, estabilizar las EPS intervenidas y estructurar un fondo para la operación corriente.

Logrando la estabilización, reformular el funcionamiento del sistema: regionalización, reprivatización, ajustar el componente de inspección – vigilancia – control, indicadores de habilitación basados en riesgos, disminuir el pago por evento, incentivar nuevas formas de contratación a lo largo de la cadena de valor, pagos por resultados. Al final, establecer la salud como motor para el crecimiento económico sostenible.

  • Los excesos de producción global de petróleo y el retiro de apoyos de USAID, sumados a la coyuntura global, explicarían el moderado crecimiento del país.

Un débil panorama global, la caída de precios de materias primas y el retiro de inversión estadounidense impactarán las proyecciones económicas de la región, en la que destacan India, Argentina y Perú como excepciones al bajo dinamismo.

Analistas de Sectorial.co comparten nuevas proyecciones de crecimiento económico global para 2025 y 2026, años marcados por un optimismo cauteloso. De acuerdo con Alejandro Escobar, gerente estratégico de la firma, “Estados Unidos lidera una tendencia hacia el proteccionismo, alejándose de la expansión de la globalización, lo que ha llevado a que el crecimiento mundial se estime en 2,8 % para 2025 y 3 % para 2026”.

En este escenario, las economías avanzadas como Estados Unidos y la zona euro tendrán desempeños modestos, con proyecciones de entre 1,4 % y 1,8 % en el caso de EE. UU. y apenas 0,6 % para Europa. Incluso China ralentizaría su expansión al 4 %. Por el contrario, se prevé que India supere el 6,2 % y las economías emergentes de Asia mantengan un ritmo superior al 4,5 %.

Por su parte, la región latinoamericana enfrentará mayores retos debido al débil dinamismo económico, el exceso de oferta de petróleo que presionará a la baja los precios de las materias primas y el retiro de inversiones clave como las de USAID, que en Colombia pasaron de USD 453 millones en 2023 a USD 253 millones en 2024. Las economías con matrices productivas poco diversificadas serán las más afectadas.

“Factores estructurales como el crimen organizado, la desigualdad, la pobreza y las deficiencias del mercado laboral continúan limitando la productividad de la región. La proyección para América Latina es de un crecimiento de 2 % en 2025 y 2,4 % en 2026. Se destacan Argentina, que saldría de la recesión con una expansión de 5,5 % en 2025, y Perú con 2,8 %”, señala Escobar.

Para Colombia, se estima un crecimiento de 2,5 % en 2025 y 2,6 % en 2026. Sin embargo, el país enfrenta un entorno fiscal desafiante. Organismos como el Comité Autónomo de la Regla Fiscal (CARF) advierten que el país podría acumular seis años consecutivos con déficits superiores al 4 %, y que uno de cada tres pesos recaudados en 2025 se destinará al pago de deuda, lo que restringirá recursos para inversión pública.

A nivel inflacionario, el FMI advierte que las tensiones comerciales podrían frenar el descenso de la inflación. “A pesar de una posible caída del 12,4 % en los precios de materias primas en 2025 y un 4,8 % adicional en 2026, las metas inflacionarias se postergarán hasta ese último año”, agrega el analista.

En cuanto a las tasas de interés, advierte que se mantendrán elevadas. Al cierre de 2025, se proyectan niveles del 14,5 % en Brasil, 8 % en México, 7,75 % en Colombia, 5 % en Chile y 4,5 % en Perú. En este contexto, se anticipa una tasa de cambio en Colombia de $4.559 por dólar al cierre de 2025 y $4.348 al final de 2026.

  • Los excesos de producción global de petróleo y el retiro de apoyos de USAID, sumados a la coyuntura global, explicarían el moderado crecimiento del país.

Un débil panorama global, la caída de precios de materias primas y el retiro de inversión estadounidense impactarán las proyecciones económicas de la región, en la que destacan India, Argentina y Perú como excepciones al bajo dinamismo.

Analistas de Sectorial.co comparten nuevas proyecciones de crecimiento económico global para 2025 y 2026, años marcados por un optimismo cauteloso. De acuerdo con Alejandro Escobar, gerente estratégico de la firma, “Estados Unidos lidera una tendencia hacia el proteccionismo, alejándose de la expansión de la globalización, lo que ha llevado a que el crecimiento mundial se estime en 2,8 % para 2025 y 3 % para 2026”.

En este escenario, las economías avanzadas como Estados Unidos y la zona euro tendrán desempeños modestos, con proyecciones de entre 1,4 % y 1,8 % en el caso de EE. UU. y apenas 0,6 % para Europa. Incluso China ralentizaría su expansión al 4 %. Por el contrario, se prevé que India supere el 6,2 % y las economías emergentes de Asia mantengan un ritmo superior al 4,5 %.

Por su parte, la región latinoamericana enfrentará mayores retos debido al débil dinamismo económico, el exceso de oferta de petróleo que presionará a la baja los precios de las materias primas y el retiro de inversiones clave como las de USAID, que en Colombia pasaron de USD 453 millones en 2023 a USD 253 millones en 2024. Las economías con matrices productivas poco diversificadas serán las más afectadas.

“Factores estructurales como el crimen organizado, la desigualdad, la pobreza y las deficiencias del mercado laboral continúan limitando la productividad de la región. La proyección para América Latina es de un crecimiento de 2 % en 2025 y 2,4 % en 2026. Se destacan Argentina, que saldría de la recesión con una expansión de 5,5 % en 2025, y Perú con 2,8 %”, señala Escobar.

Para Colombia, se estima un crecimiento de 2,5 % en 2025 y 2,6 % en 2026. Sin embargo, el país enfrenta un entorno fiscal desafiante. Organismos como el Comité Autónomo de la Regla Fiscal (CARF) advierten que el país podría acumular seis años consecutivos con déficits superiores al 4 %, y que uno de cada tres pesos recaudados en 2025 se destinará al pago de deuda, lo que restringirá recursos para inversión pública.

A nivel inflacionario, el FMI advierte que las tensiones comerciales podrían frenar el descenso de la inflación. “A pesar de una posible caída del 12,4 % en los precios de materias primas en 2025 y un 4,8 % adicional en 2026, las metas inflacionarias se postergarán hasta ese último año”, agrega el analista.

En cuanto a las tasas de interés, advierte que se mantendrán elevadas. Al cierre de 2025, se proyectan niveles del 14,5 % en Brasil, 8 % en México, 7,75 % en Colombia, 5 % en Chile y 4,5 % en Perú. En este contexto, se anticipa una tasa de cambio en Colombia de $4.559 por dólar al cierre de 2025 y $4.348 al final de 2026.

En 2024, el comercio exterior colombiano siguió concentrado en un reducido grupo de países que, aunque son esenciales para el flujo de bienes, revelan una preocupante asimetría en la balanza comercial. Estados Unidos se mantuvo como el mayor socio comercial, aunque con un déficit de USD 2.129 millones para Colombia, principalmente por la importación de maíz, gasolina y derivados de soya, frente a exportaciones como crudo, café y flores. Más crítica aún es la relación con China, con la que se registró un déficit de USD 13.558 millones, debido a un volumen considerable de importaciones de insumos industriales, acero y plásticos, frente a exportaciones centradas en petróleo y carbón.

Por el contrario, países como Panamá, Brasil y los Países Bajos representaron relaciones con superávit comercial, favorecidas por exportaciones energéticas, agrícolas y minerales. En el caso de Panamá, el superávit fue de USD 4.280 millones, impulsado por el petróleo y combustibles refinados.

En la estimación de la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya (FENALCE) del primer semestre de 2025, el sector de cereales en Colombia presentará un repunte significativo en la producción, con un aumento del 14,1 % respecto al mismo periodo de 2024. Este crecimiento estará impulsado principalmente por el sorgo (119,1 %) y el maíz (20,4 %). La superficie cultivada también crecerá un 8,5 %, alcanzando las 866.702 toneladas de producción total, con un rendimiento promedio de 3,6 toneladas por hectárea (t/ha), los departamentos del Meta (Altillanura), Córdoba y Sucre concentrarán el 53,6 % del área sembrada y el 47,1 % de la producción. No obstante, algunos cultivos como el trigo (-28,3 %) y la cebada (-14,2 %) sufrieron caídas en producción. La situación refleja una pérdida de competitividad, motivada por la falta de semillas resistentes, tecnología adecuada, infraestructura de almacenamiento, sistemas de riego y apoyo gubernamental.

En el ámbito comercial, entre enero y marzo de 2025, las exportaciones aumentaron 163,8 % en volumen, pero disminuyeron 44,4 % en valor, principalmente, por la caída de precios internacionales. Las importaciones crecieron 2,7 % en valor en el mismo periodo, reflejando la alta dependencia externa, especialmente del maíz estadounidense (99 % del maíz amarillo importado).

En el país, el consumo de maíz sigue en aumento debido a la creciente demanda del sector avícola y porcino, que representa el 82 % del gasto total de maíz. Se proyecta que la demanda alcance 8,4 millones de toneladas en 2025/2026, mientras que la producción nacional crecería solo un 3,3 %, manteniendo la brecha entre oferta y demanda.

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