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Colombia podría importar hasta 66,8 % de gasolina para 2040
La situación se debe a que la producción nacional de las refinerías no crecerá al mismo ritmo que la demanda de combustible en el país.
Según el diario La Opinión, que cita proyecciones de la Unidad de Planeación Minero-Energética (Upme), las importaciones de gasolina podrían llegar a 127.000 barriles diarios en 2040. En contraste, la producción conjunta de las refinerías de Cartagena y Barrancabermeja aportaría solo 90.000 barriles diarios para esa fecha.
A pesar de una desaceleración temporal en el consumo entre 2023 y 2024 por el alza de precios, la tendencia general de la demanda sigue en ascenso, impulsada por el crecimiento del parque automotor. Esta situación difiere de la del diésel, pues aunque se necesitarán importaciones por 43.000 barriles diarios para 2040, la producción nacional mantendrá un papel predominante.
El informe de la Upme también señala que este aumento en las importaciones, concentradas en la región Caribe, requerirá una ampliación en la capacidad de transporte de hasta 150.000 barriles diarios para garantizar el suministro. A largo plazo, factores como la electrificación vehicular, donde se espera que los eléctricos representen el 50,0% de las ventas de carros nuevos para 2030, podrían moderar estas proyecciones de consumo.
¿Qué gana y qué arriesga Colombia al unirse al megaproyecto chino de la Ruta de la Seda?
- Colombia oficializó en 2025 su ingreso a la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, con expectativas de inversión en infraestructura, comercio y tecnología.
- El acuerdo ofrece oportunidades de financiamiento y modernización, pero también plantea riesgos de endeudamiento, desequilibrios comerciales y tensiones geopolíticas.
- Su impacto en el mercado financiero dependerá de la gestión estatal, la calidad de los proyectos y el equilibrio en las relaciones internacionales.
El 14 de mayo de 2025, Colombia formalizó su ingreso a la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR), un ambicioso plan de integración global liderado por China que busca expandir su influencia mediante infraestructura, comercio e inversión. La reunión entre los presidentes Gustavo Petro y Xi Jinping en Beijing culminó con el anuncio de la adhesión, y marca un cambio de dirección en la política exterior colombiana, históricamente más cercana a Estados Unidos. El acuerdo representa, para algunos sectores, una puerta hacia nuevas fuentes de financiamiento y cooperación tecnológica, mientras que para otros plantea interrogantes sobre sostenibilidad de la deuda, equilibrio geopolítico y efectos estructurales en la economía.
Beneficios
Uno de los beneficios más inmediatos del acuerdo con China es el acceso a nuevas fuentes de financiamiento para obras de infraestructura que históricamente han enfrentado cuellos de botella por falta de recursos. La iniciativa promete créditos preferenciales para proyectos estratégicos como la segunda línea del metro de Bogotá, la modernización de puertos como el de Buenaventura y la expansión de plantas de generación eléctrica. Estos proyectos no solo tienen impacto directo sobre la productividad, sino que también dinamizan el mercado financiero local al movilizar recursos del sistema bancario, asegurar la participación de firmas de seguros y estimular la emisión de instrumentos financieros ligados a la infraestructura. A su vez, la posibilidad de cofinanciar obras a través de bonos temáticos, como los bonos verdes o bonos de impacto social, abre nuevas líneas de negocio para actores institucionales y contribuye a diversificar la oferta en el mercado de capitales colombiano.
En el ámbito comercial, el acuerdo también puede significar una ganancia neta para el país. China es ya el segundo socio comercial de Colombia y su principal origen de importaciones. Con la IFR, se espera una expansión de las exportaciones hacia el gigante asiático, incluyendo productos agrícolas como café, flores y banano, pero también materias primas mineras y, potencialmente, bienes intermedios con algún grado de transformación. Esta diversificación geográfica reduce la dependencia tradicional de Estados Unidos y mejora el perfil de ingresos en divisas del país, lo que se traduce en mayor estabilidad cambiaria. Desde la perspectiva financiera, ello favorece una mejor gestión del riesgo por parte de bancos e inversionistas, estabiliza los flujos internacionales y mejoraría la percepción de riesgo soberano en los mercados internacionales.
Adicionalmente, la dimensión tecnológica del acuerdo incluye compromisos de cooperación en inteligencia artificial, energías limpias, transporte inteligente y salud digital. Este tipo de transferencias puede estimular el surgimiento de nuevos sectores productivos y atraer inversión extranjera directa en industrias de futuro, por lo que, representaría también una oportunidad para que firmas emergentes colombianas accedan a capital de riesgo, y para que el país fortalezca su ecosistema de innovación financiera, especialmente en lo relativo a Fintech y banca digital. Desde esta óptica, la vinculación a la BRI se alinea con los esfuerzos por modernizar la estructura económica nacional, y no se limita únicamente a un intercambio de bienes físicos.
Desventajas
Por otro lado, uno de los principales riesgos del acuerdo está relacionado con el endeudamiento externo. Casos como los de Venezuela, Ecuador o Sri Lanka han sido citados con frecuencia como ejemplos de países atrapados en condiciones crediticias onerosas tras adherirse a la IFR. Aunque las condiciones anunciadas para Colombia parecen ser favorables, no hay garantías de que la deuda contraída no se convierta en una carga fiscal a futuro, especialmente si los proyectos financiados no generan retornos proporcionales. Esto puede comprometer la sostenibilidad de las finanzas públicas, elevar el riesgo país y, en consecuencia, aumentar los costos de financiamiento para el Estado y las empresas privadas. Desde el punto de vista financiero, el impacto se traduce en tasas de interés más altas, mayor presión sobre el tipo de cambio y una eventual contracción del crédito disponible para el sector productivo.
Un segundo punto crítico es el desequilibrio estructural en la balanza comercial con China. Actualmente, Colombia mantiene un déficit superior a los 13 mil millones de dólares con este país, y no está claro que el acuerdo logre revertir esa asimetría. Un incremento descontrolado de las importaciones chinas, especialmente de manufacturas, podría desplazar producción local, generar desempleo en sectores industriales sensibles y aumentar la vulnerabilidad frente a choques externos. Además, una balanza comercial persistentemente negativa puede deteriorar las reservas internacionales y conllevar a presiones cambiarias que afecten la estabilidad macroeconómica.
También deben considerarse las tensiones geopolíticas derivadas de este giro, pues este posicionamiento no está exento de tensiones. Estados Unidos ha manifestado explícitamente su oposición a que se destinen fondos de desarrollo a empresas chinas en Colombia en el marco de la IFR. Esta postura refleja una preocupación más amplia en Washington sobre la creciente influencia china en América Latina, una región que tradicionalmente ha estado bajo su esfera de influencia. En un contexto internacional caracterizado por rivalidades crecientes entre potencias, el alineamiento excesivo con uno de los polos puede traducirse en sanciones, aislamiento diplomático o incluso penalizaciones comerciales, lo cual afectaría directamente los flujos de inversión y la confianza de los mercados.
Además, la participación del capital chino en proyectos de gran escala exige el fortalecimiento de los marcos regulatorios, las capacidades de supervisión y los mecanismos de rendición de cuentas, para evitar que los beneficios económicos se vean eclipsados por impactos sociales o ambientales adversos que deriven en conflictos y litigios. En términos financieros, un entorno de baja gobernanza puede traducirse en mayor incertidumbre jurídica, aumento de primas de riesgo para inversiones, y menor apetito por instrumentos de deuda locales. La percepción de que las reglas pueden ser flexibles o cambiar según conveniencia política deteriora la confianza, y puede tener efectos duraderos sobre la profundidad y eficiencia del mercado financiero colombiano.
En conclusión, la adhesión de Colombia a la Iniciativa de la Franja y la Ruta representa una decisión estratégica con implicaciones profundas para su desarrollo económico y financiero. La posibilidad de acceder a recursos frescos, modernizar infraestructura, diversificar comercio e impulsar sectores de alta tecnología es, sin duda, una oportunidad. Sin embargo, los riesgos asociados a un endeudamiento excesivo, al desequilibrio comercial, a las tensiones geopolíticas y a una ejecución deficiente de los proyectos requieren atención urgente y medidas preventivas. El éxito o fracaso de esta alianza dependerá, en gran medida, de la capacidad del Estado colombiano para negociar con criterio técnico, establecer prioridades claras, fortalecer sus instituciones y mantener una política exterior equilibrada que no comprometa su autonomía. Si se logra ese equilibrio, el acuerdo con China podría convertirse en una palanca para el desarrollo sostenible. Si no, podría derivar en una nueva dependencia, esta vez del gigante asiático.
Colombia exportará carne de pollo a Emiratos Árabes Unidos, un mercado que importa 280.000 toneladas anuales
Según informa el portal AviNews, la aprobación es el resultado de un proceso técnico y diplomático que se extendió por más de dos años, liderado por el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima) y el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), con el apoyo de la Embajada de Colombia en Dubái.
El proceso incluyó la armonización de requisitos sanitarios y la validación de protocolos de inocuidad entre las autoridades colombianas y su contraparte emiratí. La culminación de este trabajo fue la aprobación del modelo de certificado sanitario, un documento indispensable para formalizar las exportaciones.
Si bien el mercado de los EAU está dominado por grandes exportadores como Brasil y Estados Unidos, el alto consumo per cápita de pollo en ese país, que supera los 45 kg por persona al año, ofrece un gran potencial para los productos colombianos. Con esta, ya son 99 las habilitaciones de mercados internacionales para alimentos de origen colombiano.
Demanda de carga aérea en Latinoamérica creció 3,1 % en mayo de 2025
Las aerolíneas de Latinoamérica experimentaron un aumento del 3,1 % en la demanda de carga aérea durante mayo de 2025, en comparación con el mismo mes del año anterior. Este crecimiento sitúa a la región con el segundo mejor desempeño a nivel global, solo por detrás de las aerolíneas de Medio Oriente.
Según un informe de la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA), citado por el portal Mundo Marítimo, este incremento en la demanda se vio acompañado por un aumento en la capacidad de carga. La capacidad en la región creció un 3,5 % en el mismo periodo. El desempeño positivo de Latinoamérica contrasta con el de otras regiones, como Norteamérica, que registró una de las tasas de crecimiento más débiles. A nivel mundial, la demanda total de carga aérea, medida en toneladas de carga por kilómetro (CTKs), aumentó un 2,2 % en comparación con mayo de 2024.
Willie Walsh, director general de la IATA, señaló que aunque la demanda de carga aérea ha mostrado una tendencia al alza, el entorno empresarial sigue siendo desafiante. Sin embargo, destacó que la reciente moderación de la inflación es una señal positiva para el sector.
Viajes de colombianos al exterior aumentaron 11,1 % en los primeros cinco meses de 2025
Más de 2,1 millones de colombianos viajaron al exterior entre enero y mayo de 2025, lo que representa un incremento del 11,1 % en comparación con el mismo periodo del año anterior. El turismo se consolidó como el principal motivo para salir del país, representando el 75,0 % de los casos.
Según Bloomberg Línea, citando datos de la Asociación Colombiana de Agencias de Viajes (Anato) y de la autoridad migratoria, en promedio, 434.720 colombianos están saliendo del país mensualmente. Enero fue el mes de mayor flujo, con 492.750 viajeros. Estados Unidos y México lideran la lista de los destinos más populares, con una participación del 23,0 % y 7,0 % de los viajeros, respectivamente. La franja de edad que más viajó fue la de 30 a 39 años, con un 26,0 % del total. Este dinamismo se reflejó en las ventas de las agencias de viajes, que aumentaron en promedio un 7,5 % durante el segundo trimestre de 2025.
Paula Cortés Calle, presidenta ejecutiva de Anato, destacó que esta tendencia no solo expande la imagen de Colombia en el mundo, sino que también eleva los estándares de los servicios turísticos internos. Destinos como España y República Dominicana también se destacaron en la comercialización, con una nueva demanda hacia lugares como Japón, Tailandia e Indonesia.
Sostenibilidad y tecnología, claves para mejorar el sector bananero
El sector bananero enfrentó un 2024 con retos y dificultades; por un lado, el factor climático, acompañado de problemas logísticos y un precio internacional muy por debajo de lo esperado por los productores. También se presentaron problemas fitosanitarios relacionados con el hongo Fusarium Raza 4 Tropical, el cual ha sido causante de la erradicación de hectáreas para el cultivo del banano. Estos factores han impactado negativamente el área sembrada, causando que en el 2024 se redujera un 6,1% al compararlo con el año anterior, haciendo así que la producción sufriera una de las caídas más grandes de los últimos 5 años, reportando una disminución anual de 8,2% en el 2024. En el mediano plazo, el sector se orienta hacia la sostenibilidad, apoyándose en la tecnología para monitorear las dificultades climáticas y realizar estudios del suelo. Este enfoque busca incrementar la productividad, proyectada a superar el 5,0% en 2025. Se espera que este crecimiento se vea impulsado por la mejora en los precios internacionales, especialmente en el mercado europeo, que representa más del 69,7% del total de las exportaciones.
Analistas pronostican crecimiento económico para Colombia del 2,5 % en 2025 y del 2,6 % en 2026
- Los excesos de producción global de petróleo y el retiro de apoyos de USAID, sumados a la coyuntura global, explicarían el moderado crecimiento del país.
Un débil panorama global, la caída de precios de materias primas y el retiro de inversión estadounidense impactarán las proyecciones económicas de la región, en la que destacan India, Argentina y Perú como excepciones al bajo dinamismo.
Analistas de Sectorial.co comparten nuevas proyecciones de crecimiento económico global para 2025 y 2026, años marcados por un optimismo cauteloso. De acuerdo con Alejandro Escobar, gerente estratégico de la firma, “Estados Unidos lidera una tendencia hacia el proteccionismo, alejándose de la expansión de la globalización, lo que ha llevado a que el crecimiento mundial se estime en 2,8 % para 2025 y 3 % para 2026”.
En este escenario, las economías avanzadas como Estados Unidos y la zona euro tendrán desempeños modestos, con proyecciones de entre 1,4 % y 1,8 % en el caso de EE. UU. y apenas 0,6 % para Europa. Incluso China ralentizaría su expansión al 4 %. Por el contrario, se prevé que India supere el 6,2 % y las economías emergentes de Asia mantengan un ritmo superior al 4,5 %.
Por su parte, la región latinoamericana enfrentará mayores retos debido al débil dinamismo económico, el exceso de oferta de petróleo que presionará a la baja los precios de las materias primas y el retiro de inversiones clave como las de USAID, que en Colombia pasaron de USD 453 millones en 2023 a USD 253 millones en 2024. Las economías con matrices productivas poco diversificadas serán las más afectadas.
“Factores estructurales como el crimen organizado, la desigualdad, la pobreza y las deficiencias del mercado laboral continúan limitando la productividad de la región. La proyección para América Latina es de un crecimiento de 2 % en 2025 y 2,4 % en 2026. Se destacan Argentina, que saldría de la recesión con una expansión de 5,5 % en 2025, y Perú con 2,8 %”, señala Escobar.
Para Colombia, se estima un crecimiento de 2,5 % en 2025 y 2,6 % en 2026. Sin embargo, el país enfrenta un entorno fiscal desafiante. Organismos como el Comité Autónomo de la Regla Fiscal (CARF) advierten que el país podría acumular seis años consecutivos con déficits superiores al 4 %, y que uno de cada tres pesos recaudados en 2025 se destinará al pago de deuda, lo que restringirá recursos para inversión pública.
A nivel inflacionario, el FMI advierte que las tensiones comerciales podrían frenar el descenso de la inflación. “A pesar de una posible caída del 12,4 % en los precios de materias primas en 2025 y un 4,8 % adicional en 2026, las metas inflacionarias se postergarán hasta ese último año”, agrega el analista.
En cuanto a las tasas de interés, advierte que se mantendrán elevadas. Al cierre de 2025, se proyectan niveles del 14,5 % en Brasil, 8 % en México, 7,75 % en Colombia, 5 % en Chile y 4,5 % en Perú. En este contexto, se anticipa una tasa de cambio en Colombia de $4.559 por dólar al cierre de 2025 y $4.348 al final de 2026.
81,0 % de las personas espera experiencias memorables, clave para el nuevo consumo digital
El futuro del consumo digital no dependerá únicamente del análisis de datos, sino de la capacidad de las marcas para crear conexiones emocionales con sus audiencias. En un entorno saturado de información, el 81,0 % de los consumidores espera experiencias memorables. Por ello, el éxito radicará en utilizar los datos para generar experiencias significativas y humanas que logren conmover.
Según el Diario del Sur, la simple recolección y procesamiento de datos ya no es suficiente para garantizar la lealtad del cliente. Las empresas deben evolucionar hacia un enfoque donde la tecnología sirva como un puente para entender las emociones y motivaciones profundas de las personas, transformando interacciones transaccionales en relaciones duraderas.
Esta nueva visión del marketing digital implica ir más allá de la segmentación demográfica para centrarse en la creación de narrativas y contenidos que resuenen a un nivel personal. La clave está en interpretar la información para ofrecer valor real, anticipar necesidades y comunicar de una manera auténtica y empática que genere confianza. En este contexto, las herramientas de inteligencia artificial y el análisis de datos se convierten en aliados para identificar patrones de comportamiento que revelen oportunidades para conectar emocionalmente.
Bogotá se consolida como la capital de la publicación científica del país
Bogotá se ha consolidado como la principal región de Colombia en la producción de revistas científicas con alta visibilidad internacional, liderando tanto en el puntaje total como en el desempeño promedio de sus publicaciones. La Universidad Nacional, sede Bogotá, se destacó como la institución con el mayor número de revistas clasificadas.
Según el diario Portafolio, en los resultados del Ranking Rev-Sapiens 2025, la capital del país obtuvo el primer lugar en la medición que evalúa la presencia de las revistas académicas en bases de datos y sistemas de evaluación científica. Este ranking es elaborado por la firma especializada Sapiens Research, alcanzando un puntaje total de 136,3, derivado de la suma ponderada de variables como el índice de presencia internacional (Px) y el índice compuesto de visibilidad (ICDS), con ponderaciones de 0,40 y 0,60, respectivamente.
En el listado por número de publicaciones, a Bogotá le siguen regiones como Antioquia, con 49 revistas, y Atlántico, con 26. Instituciones como la Universidad de Antioquia y la Pontificia Universidad Javeriana también figuran entre las más prolíficas. A nivel de máxima calidad, tres revistas alcanzaron la categoría más alta de visibilidad internacional: la Revista Latinoamericana de Psicología, Biomédica y Colombia Médica. El análisis subraya que las instituciones que lideran esta clasificación también son reconocidas internacionalmente por su producción científica general, lo que demuestra una fuerte correlación entre una gestión editorial de alta calidad y el avance de la investigación en el país.
Nuevo sistema de salud colombiano 2026 – 2030 (Video y Podcast)
El diagnóstico es claro, los sistemas de salud que buscan la universalidad de la cobertura no son sostenibles financieramente, eso lo han sabido todos los gobiernos, la diferencia es que los anteriores han tenido voluntad de trabajar la situación y el actual no le ha prestado atención. De esta forma según la Vicepresidencia de Salud de la ANDI, de 2021 a 2024 se ha acumulado un déficit de $20 billones.
Las consecuencias se evidencian en que los prestadores están sobreviviendo con el día a día, las EPS no están garantizando los tratamientos integrales, los pacientes sufren, el gasto de las familias en salud es lo que más está creciendo. Aquí entra una frase clave de Diana Cárdenas, exviceministra de Protección Social, “todos tenemos derecho a la salud sin empobrecernos”.
Entendiendo la situación actual, debemos pensar en las soluciones, y estas, con base en la Vicepresidencia de Salud de la ANDI, están en fijar las bases para el Plan Nacional de Desarrollo de 2026 – 2030; donde en los primeros cien días se implementen mecanismos de pago por disponibilidad para parar el cierre de servicios, redireccionar fondos que no se están yendo a salud, estabilizar las EPS intervenidas y estructurar un fondo para la operación corriente.
Logrando la estabilización, reformular el funcionamiento del sistema: regionalización, reprivatización, ajustar el componente de inspección – vigilancia – control, indicadores de habilitación basados en riesgos, disminuir el pago por evento, incentivar nuevas formas de contratación a lo largo de la cadena de valor, pagos por resultados. Al final, establecer la salud como motor para el crecimiento económico sostenible.