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La leche de búfala ha impulsado la producción de lácteos como mozzarella, burrata y ricota en Colombia. Según el médico veterinario Ricardo Arenas, especialista en el tema, este producto tiene el potencial de posicionarse en mercados internacionales como Estados Unidos, el Caribe y Chile, siempre que se garantice la calidad e inocuidad de la materia prima, según se detalla en un capítulo del Manual Práctico Ganadero elaborado por Fedegán.

De acuerdo con el portal Contexto Ganadero, la leche de búfala contiene un alto porcentaje de grasa (hasta 10,2%) y sólidos totales (20,96%), lo que la hace ideal para la producción de quesos frescos de alta cremosidad y rendimiento industrial. Además, su perfil nutricional, que incluye menor colesterol y mayor digestibilidad, convierte a esta leche en una opción saludable para los consumidores.

El crecimiento de la producción nacional está permitiendo ofrecer productos de alta calidad a precios asequibles en el mercado interno, mientras se avanza en la integración de la cadena láctea para fortalecer la sostenibilidad del sector. Este panorama plantea oportunidades significativas para los ganaderos colombianos, al diversificar su oferta y apuntar a mercados de alto valor agregado.

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  • Un dólar fuerte y políticas arancelarias podrían afectar tanto a exportadores como a empresas que dependen de insumos importados.
  • La propuesta de Trump de gravar las remesas y endurecer las políticas migratorias impactaría el consumo y la estabilidad económica de miles de familias en Colombia.

La reciente victoria electoral de Donald Trump sobre Kamala Harris en los Estados Unidos ha despertado preocupaciones y expectativas en el ámbito económico colombiano. El retorno de una administración republicana, caracterizada por políticas proteccionistas y un enfoque en fortalecer la producción interna, plantea posibles repercusiones para diversos sectores económicos de Colombia. Este escenario genera incertidumbre, especialmente en actividades que dependen de las exportaciones, la inversión extranjera y las remesas.

El fortalecimiento del dólar, característico en la administración de Trump, eleva el tipo de cambio, lo que favorece la competitividad de las exportaciones colombianas en el mercado estadounidense. Sectores como el caficultor y el floricultor podrían beneficiarse, ya que el aumento de la demanda en EE. UU. genera un flujo positivo para los productos colombianos. Sin embargo, también encarece las importaciones, impactando al alza los costos de producción de empresas que dependen de insumos importados.

La propuesta de Trump de incrementar aranceles hasta un 20,0% a las importaciones, especialmente de países con los que EE.UU. tiene déficit comercial, aunque se centra en naciones como China, podría generar fricciones para Colombia. Aunque el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Colombia y EE.UU. limita la imposición de nuevos aranceles, existe la posibilidad de que el nuevo presidente recurra a argumentos de seguridad nacional para justificar barreras en ciertos sectores. En caso de que EE.UU. imponga aranceles adicionales, sectores como el textil y la manufactura podrían enfrentar mayores dificultades para competir en el mercado estadounidense.

La política de “América Primero” puede influir en los flujos de inversión extranjera directa (IED) hacia Colombia. Con un probable incentivo a empresas estadounidenses de invertir dentro del país, sectores colombianos estratégicos como infraestructura y tecnología podrían experimentar una reducción en el ingreso de capital extranjero, afectando proyectos de gran escala. A pesar de la relación histórica de inversión estadounidense en Colombia, los cambios en política podrían reducir la entrada de capitales en el corto plazo. Sin embargo, si Trump intensifica su guerra comercial con China, Colombia podría beneficiarse como una opción atractiva para empresas estadounidenses que buscan mercados confiables en América Latina.

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Estados Unidos es el principal emisor de remesas hacia Colombia, alcanzando un nivel histórico de USD 3.009,7 millones en el primer semestre de 2024. Trump ha propuesto un impuesto del 10,0% sobre las remesas, argumentando que la medida busca combatir actividades ilícitas. De implementarse, esta iniciativa afectaría los ingresos de miles de familias colombianas, disminuyendo su capacidad de consumo y afectando especialmente a las economías locales que dependen en gran medida de estos envíos. Además, un endurecimiento de las políticas migratorias podría generar deportaciones masivas, lo que aumentaría la presión sobre el mercado laboral colombiano y plantearía nuevos desafíos sociales y económicos.

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La reelección de Trump plantea desafíos y oportunidades para Colombia. Los sectores que dependen del mercado estadounidense podrían enfrentar restricciones arancelarias o disminución en el flujo de inversión extranjera directa. A su vez, la volatilidad cambiaria podría traer beneficios para los sectores exportadores, aunque a costa de elevar costos en las importaciones. Colombia, como país dependiente de las remesas provenientes de Estados Unidos, se vería también afectada si el impuesto del 10,0% sobre remesas entra en vigor.

La crisis financiera que atraviesan las Entidades Prestadoras de Salud (EPS) se ha traducido en un deterioro en los indicadores de satisfacción de los afiliados al sistema de salud. Según información de la Superintendencia Nacional de Salud, entre enero y septiembre de 2024, se presentaron 1’232.262 reclamos en salud, cifra que significó un crecimiento del 14,6% con respecto al mismo periodo de 2023 cuando se presentaron 1’075.433 reclamos.

La negación en la asignación de citas o consultas fue el principal motivo de los reclamos, con 231.263 y una participación del 18,8% del total. El segundo principal motivo estuvo relacionado con la falta de oportunidad en las citas o consultas, que representó el 16,5% de todos los reclamos.

En las EPS del régimen contributivo, Coosalud registra el mayor índice de reclamos, con 396,3 por cada diez mil afiliados, seguida por Comfenalco Valle y Servicio Occidental de Salud (SOS), con 357,6 y 353,9, respectivamente. En el caso de las EPS del régimen subsidiado, el top 3 de entidades con mayores reclamos por cada diez mil personas fueron Capital Salud (322,2), Savia Salud (283,7) y Capresoca (267,3).

El Consejo Privado de Competitividad (CPC) presentó este miércoles su informe anual, destacando la necesidad urgente de mejorar la inversión en la red vial terciaria, esencial para conectar las zonas rurales con mercados y servicios básicos. Según el CPC, solo el 10 % de los 142.284 kilómetros de vías terciarias que reporta el Invías está en buen estado, aunque estimaciones del Departamento Nacional de Planeación elevan la cifra total de vías terciarias a 280.000 kilómetros. De acuerdo con el diario El Espectador, el Consejo enfatiza que el fortalecimiento de estas vías es clave para reducir la pobreza rural, potenciar el acceso a mercados y mejorar la conectividad en las zonas apartadas.

El informe propone la creación de esquemas de cofinanciación entre los entes territoriales y el Gobierno Nacional. Según el organismo, el Ministerio de Transporte debería emitir un decreto que defina niveles de cofinanciación nación-territorio, considerando factores como la autonomía fiscal y la capacidad de gestión de recursos en cada municipio. Además, el CPC sugiere la creación de un mecanismo de priorización de proyectos, orientado a garantizar la transparencia en la ejecución y permitir una conexión más efectiva con las redes viales primarias y secundarias.

También se destacan programas recientes, como “Caminos Comunitarios para la Paz”, que permite a organizaciones locales postular sus proyectos de infraestructura vial, aunque recalca que se debe mejorar la sostenibilidad a largo plazo de estos esfuerzos. Finalmente, el informe propone fortalecer la gestión de recursos de regalías y el uso de “obras por impuestos”, a través del cual ya se han invertido $2,48 billones en infraestructura, con el 45,6 % destinado a vías terciarias y secundarias en municipios ZOMAC y PDET.

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El sector industrial en Colombia finalizará el 2024 con una contracción del 1,7% anual, arrastrado por una caída acumulada del 3,6 % en los primeros trimestres, según un análisis citado por Portafolio. Este descenso pone a la industria como uno de los sectores más golpeados de la economía, junto con la construcción y las comunicaciones, afectando su papel como motor de crecimiento nacional. Camilo Pérez, jefe de investigaciones económicas de Banco de Bogotá, explicó que este año sectores como la industria y la construcción han perdido protagonismo, mientras que el sector público ha sostenido parte del crecimiento.

Por su parte, datos proyectados por Raddar con base en el Indicador de Seguimiento a la Economía a corte de agosto señalan que la industria y la construcción (-1,4 %), información y comunicaciones (-0,4 %) y actividades profesionales y científicas (-0,3 %) cerrarían el año con cifras negativas. Aunque algunos indicadores, como el consumo, han mostrado señales de mejora gracias a la reducción de la inflación y las menores tasas de interés, estas mejoras no compensan la desaceleración que afecta al sector manufacturero. La caída en la inversión sigue limitando la reactivación industrial, subrayando la necesidad de un plan estructural que impulse la productividad y el empleo en el mediano plazo.

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La economía global se está estabilizando al nivel más débil en décadas, por lo que se respira un optimismo cauteloso para el 2025, con oportunidades de crecimiento más afuera que en nuestra región e invitando a pensar a Colombia como un país para el mundo.

En Latinoamérica recomendamos hacer seguimiento con oportunidades a Argentina, si bien es el país más expuesto a choques internacionales pues no posee reservas, se estima que para 2025 saldrá de recesión; y Perú, que, pese a la inestabilidad política, la implementación de programas para simplificar procesos de inversión, la recuperación de la pesca y la industria, le está significando una buena capacidad de crecimiento.

En Colombia, nuestras empresas deben volverse multisectoriales, llevando sus activos a donde las cosas buenas van a pasar, esto se está viendo en los que participan (y sus proveedores) del agro, el entretenimiento, la tecnología, la ganadería avícola y porcina, del turista extranjero, de la minería y el consumo.

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Informes Sectoriales

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América Latina se está consolidando como un destino clave para las inversiones en energía solar, y Colombia emerge como uno de los países con mayor potencial en generación distribuida.

De acuerdo con el diario Portafolio, México encabeza la adopción de tecnología fotovoltaica, seguido de países como Brasil, Panamá, Chile y Colombia, donde las inversiones en equipos trifásicos e híbridos con almacenamiento han aumentado significativamente. En Colombia, la expansión de los sistemas solares de generación distribuida responde a la necesidad de diversificar la matriz energética, una estrategia que también impacta positivamente en el comercio y los sectores residenciales, contribuyendo al objetivo de reducir la huella de carbono.

El sector de la energía solar en Colombia se suma a una tendencia regional en la que países como Panamá han alcanzado 112,78 megavatios (MW) de generación distribuida hasta mediados de 2024, con un crecimiento del 78% en los últimos cinco años. Estas inversiones en infraestructura solar no solo fortalecen la competitividad energética en Colombia, sino que también avanzan en los compromisos climáticos globales, vitales para contrarrestar el incremento de más de 1°C en la temperatura del planeta respecto a los niveles preindustriales.

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Colombia enfrenta un desafío en la producción de trigo, ya que, a pesar de ser uno de los países con mayor consumo de pan en América Latina, la producción local es insuficiente para cubrir la demanda interna. Según el más reciente informe, Colombia produce solo 5.000 toneladas de trigo al año, una cifra que no alcanza para abastecer el mercado de pan, que asciende a 22 kilos per cápita, como reveló Fenalco en octubre.

De acuerdo con el portal Agronegocios, para satisfacer las necesidades de consumo, Colombia debe importar aproximadamente 1,9 millones de toneladas de trigo, provenientes de países como Canadá, Estados Unidos, Argentina y Brasil. Estas importaciones se procesan en las 40 plantas molineras del país, que son responsables de producir no solo pan, sino otros productos derivados de este cereal.

La empresa Harinera del Valle lidera las importaciones de trigo en Colombia, con una participación del 15,13% del total de las compras internacionales. Otras compañías relevantes en este sector incluyen la Organización Solarte, que representa el 12,49%, seguida por Noel (7,63%), Molinos del Atlántico (7,42%) y Doria (9,96%).

Este panorama resalta la dependencia del país en cuanto a la importación de trigo para cubrir su demanda interna, especialmente en la producción de pan.

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El sector agropecuario de Colombia continúa mostrando un sólido desempeño, con un crecimiento del 24,7% en el valor de las exportaciones y un aumento del 23,4% en volumen durante septiembre en comparación con el mismo mes de 2023. Según el Ministerio de Agricultura, quien menciona el más reciente informe del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), esta tendencia positiva se ha visto reflejada en un incremento notable en las exportaciones de productos como el banano, el arroz y el aceite de palma.

De acuerdo con la ministra de Agricultura y Desarrollo Rural, Martha Carvajalino, estos resultados son los más altos registrados para un mes de septiembre en términos de valor, gracias a las políticas de fomento agropecuario y comercio exterior impulsadas por la estrategia “Colombia potencia agroalimentaria”. En particular, las exportaciones de banano tuvieron un aumento de USD$41,5 millones, destacándose como uno de los productos más relevantes en este crecimiento.

El informe también reporta que, en total, Colombia exportó 509.089 toneladas de productos agropecuarios y agroindustriales durante septiembre, con un valor de USD$953 millones. Además del banano, otros productos que contribuyeron significativamente al aumento en ventas fueron el café y las flores, con incrementos de USD$49,1 millones y USD$33,4 millones, respectivamente. Colombia continúa avanzando en la diversificación de su comercio exterior, lo que fortalece la competitividad de su sector agroindustrial y contribuye al desarrollo económico en las regiones rurales.

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La inflación es el aumento sostenido de los precios de bienes y servicios, lo que reduce el poder adquisitivo de los consumidores. En Colombia, el Banco de la República ha sido responsable de fijar la meta de inflación desde 1993. A lo largo de los años, la inflación ha mostrado fluctuaciones debido a factores internos y externos, como cambios en los precios de los alimentos, las crisis internacionales y fenómenos climáticos. En 2001, se estableció una meta de inflación de largo plazo del 3,0%, con un rango de 2,0% a 4,0% desde 2002.

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A pesar de las dificultades, como la crisis financiera global de 2008 y el fenómeno de El Niño en 2015, el Banco de la República ha implementado políticas monetarias restrictivas para mantener la estabilidad de precios. En los últimos años, la inflación ha mostrado una tendencia a la baja, aunque aún persisten desafíos derivados de factores externos y el aumento en los costos de bienes esenciales.

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Inflación en colombia (2004-2024), picos inflacionarios del 7,7% en 2008 y 13,1% en 2022 – infografía