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Los momentos más críticos para las empresas en Colombia se presentaron en 1999 por la crisis hipotecaria, en 2020 por el fenómeno de aislamiento y en 2023 tras los cambios geopolíticos y financieros que trajo una nueva normalidad. Con base en esto, presentamos esta miniserie compuesta por 4 capítulos, en la que queremos compartir los elementos que conllevarán la competitividad de las empresas para poder enfrentar el período 2024 – 2026.

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Informes Sectoriales

Confianza Sectorial a diciembre se ubicó en 32,0 puntos: El 2023 dejó a más de 12 mil empresas en estado de liquidación

Durante el tercer trimestre de 2023, la industria panificadora en Colombia experimentó una contracción del 2% en su PIB, atribuida al aumento de precios en insumos esenciales como harina, huevos y mantequilla. La inflación y la importación de trigo a precios elevados afectaron los costos de producción, reduciendo los márgenes de ganancia y disminuyendo la demanda de productos panificados. A pesar de la disminución en el rendimiento y ventas internas, las exportaciones de productos panificados crecieron un 23,8% anual, destacándose en mercados como Venezuela y Estados Unidos. Las perspectivas futuras incluyen incertidumbre en la cadena de suministro global debido a problemas en el Canal de Panamá y tensiones en el Mar Rojo, lo que podría aumentar la volatilidad de precios y afectar la disponibilidad de productos en el mercado, especialmente la harina de trigo.

  • La informalidad laboral está estrechamente relacionada con la concentración del empleo en microempresas y trabajadores por cuenta propia.
  • La propuesta de reforma laboral enfrenta críticas por parte de los gremios empresariales, quienes consideran que no ofrece suficientes incentivos para la formalización y podría aumentar los costos laborales.
  • Mariano Bosch, asesor económico principal del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), señala que la informalidad es un síntoma de problemas estructurales, como la falta de una economía productiva

La informalidad laboral en Colombia se caracteriza por la prevalencia de empleos remunerados que no cumplen con las regulaciones laborales establecidas, particularmente en lo que respecta al pago de aportes a seguridad social, contribuciones parafiscales y salario. Esta situación genera preocupación, dado que estas regulaciones están diseñadas para proteger a los trabajadores al garantizarles un ingreso mínimo, una pensión para su vejez, acceso a ahorros de cesantías en caso de pérdida del empleo, derechos a vacaciones, primas para periodos especiales y cobertura frente a riesgos laborales. Un claro ejemplo de las consecuencias de la alta informalidad es la baja cobertura del sistema pensional.

Además, la informalidad laboral está estrechamente relacionada con la concentración del empleo en microempresas y trabajadores por cuenta propia. Aunque el trabajo independiente y las pequeñas empresas no son problemáticos per se, la evidencia muestra que estas unidades exhiben, en promedio, niveles de productividad muy bajos, lo que se traduce en ingresos reducidos para sus empleados.

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Este fenómeno plantea tres problemas fundamentales que afectan tanto a los individuos como al desarrollo del país.

En primer lugar, la falta de acceso a servicios y seguros importantes como salud y pensión deja a los trabajadores informales en una situación de vulnerabilidad. Carecen de la protección social necesaria para hacer frente a eventualidades y enfermedades, lo que afecta su calidad de vida y la de sus familias.

En segundo lugar, las empresas y trabajadores informales operan por debajo de los niveles promedio de productividad, lo que limita su contribución al crecimiento económico del país. Lo anterior, se traduce en un menor dinamismo económico y en la pérdida de oportunidades de desarrollo para la sociedad en su conjunto.

Por último, la alta informalidad dificulta la recaudación de impuestos, ya que gran parte de la población se encuentra fuera de los sistemas recaudatorios.

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Mariano Bosch, asesor económico principal del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), señala que la informalidad es un síntoma de problemas estructurales, como la falta de una economía productiva y la ausencia de una protección social adecuada para los trabajadores. Aunque Colombia ha logrado avances significativos en materia de cobertura de salud y pensiones, aún enfrenta desafíos para mejorar el funcionamiento de su mercado laboral.

Cristina Fernández, investigadora sénior de Fedesarrollo, destaca la importancia de las pequeñas empresas en la generación de empleo, pero señala que muchas de ellas operan en la informalidad debido a los altos costos de acceso al capital y a la carga tributaria. Esta situación afecta su productividad y competitividad en comparación con las empresas más grandes, que reciben beneficios fiscales y tienen más facilidades para formalizar su personal.

Según datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), la tasa de informalidad en Colombia se situó en el 55,5% para el trimestre móvil de septiembre a noviembre de 2023. Este fenómeno afecta especialmente a las microempresas, donde el 84,3% de la población ocupada trabaja de manera informal.

La persistencia de altas tasas de informalidad refleja la ineficacia de las políticas públicas para promover la formalización laboral. A pesar de los esfuerzos realizados durante la reactivación económica post-pandemia, la informalidad sigue siendo un obstáculo para el desarrollo económico y social del país.

La reforma laboral propuesta enfrenta críticas por parte de los gremios empresariales, quienes consideran que no ofrece suficientes incentivos para la formalización y podría aumentar los costos laborales. José Manuel Restrepo, exministro de Hacienda, advierte sobre los riesgos de elevar los costos asociados al trabajo formal, lo que podría incrementar los niveles de informalidad, especialmente en el sector de las microempresas.

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En conclusión, las reformas deben dirigirse hacia una financiación de la seguridad social que sea menos dependiente del costo del trabajo formal. Para lograrlo, se requiere trasladar gradualmente la carga de financiamiento de la seguridad social a la tributación general de personas naturales, en lugar de basarla principalmente en impuestos al trabajo formal. Además, es crucial ajustar las contribuciones a las pensiones de los trabajadores formales de acuerdo con propuestas específicas y rediseñar progresivamente las contribuciones al Fondo de Garantías de Pensión Mínima. También se debe considerar la reformulación del salario mínimo por días u horas, en lugar de establecerlo en una escala mensual, y focalizar las reducciones de costos laborales formales en trabajadores con baja empleabilidad, incluidos los jóvenes.

La energía nuclear representa el 10,4% de la energía global y es una de las alternativas con menores emisiones de carbono.

Colombia cuenta con un reactor nuclear desde hace 60 años, el cual fue donado por Estado Unidos.

Se proyecta que para 2038 se tenga un marco normativo para la incorporación de la energía nuclear en la matriz energética.

De acuerdo con las proyecciones recientes de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), las energías renovables están en camino a convertirse en la principal fuente de generación de electricidad a nivel mundial para principios de 2025, superando al carbón, se espera que su participación alcance el 37% en 2026.

Este cambio en la matriz energética conducirá a una reducción estructural de las emisiones de gases de efecto invernadero. El director ejecutivo de la agencia, Fatih Birol, destaca que el rápido crecimiento de las renovables y la expansión de la energía nuclear están en respuesta al incremento de la demanda mundial de electricidad. Se prevé que la energía nuclear alcance un récord de producción en 2025, superando los 3.000 TWh, gracias a la entrada en servicio de nuevos reactores en varios países. En conjunto, las renovables y la nuclear representarán casi la mitad de la generación eléctrica mundial en 2026, marcando un hito significativo en la transición hacia un sistema energético más sostenible.

Lea también: Energías renovables alcanzarán el 37% de la generación eléctrica en 2026

Colombia cuenta con un reactor nuclear desde hace 60 años, el cual fue donado por Estado Unidos. El objetivo de este era contribuir a la investigación científica en diversos sectores clave como la agricultura, la salud, la geología y la industria. Desde su instalación hasta 1990, el reactor se empleó para irradiar muestras de uranio y para la producción de radioisótopos, materiales radiactivos con aplicaciones en agricultura, procesos industriales y estudios hidrológicos y de minerales.

Inicialmente, el reactor estuvo bajo la administración del Instituto de Ciencias Nucleares y Energías Alternativas (Inea). Sin embargo, tras la liquidación de esta entidad en la década de los noventa, la responsabilidad del reactor fue transferida al Servicio Geológico Colombiano (SGC). En la actualidad, su uso se centra en la realización de estudios geocientíficos, representando una herramienta para la investigación y el avance en áreas relevantes para el desarrollo del país.

Lea también: ¿Cómo está Colombia en Energía Nuclear?

La energía nuclear representa el 10,4% de la energía global y es una de las alternativas con menores emisiones de carbono, lo que la convierte en una opción atractiva en la transición hacia economías descarbonizadas, una meta que Colombia también persigue. En un mundo que busca aumentar la electrificación, construir un sistema híbrido de bajas emisiones se vislumbra como la mejor opción, y la energía nuclear figura como parte importante de esta canasta energética.

Aunque las energías renovables tienen su estacionalidad y dependen de condiciones atmosféricas, la energía nuclear también enfrenta desafíos, como el elevado costo de generación. A pesar de que Colombia es rico en fuentes hidroeléctricas y ha dependido en gran medida de esta fuente de energía, la discusión sobre la energía nuclear ha ganado terreno.

Los avances tecnológicos en la industria nuclear han llevado al desarrollo de reactores más pequeños y modulares, lo que podría hacer que la energía nuclear sea más accesible y adaptable a las necesidades colombianas. Sin embargo, expertos advierten que el camino hacia una industria nuclear en Colombia será largo, especialmente con las limitaciones técnicas y regulatorias actuales.

Lea también: Energía nuclear en Colombia: ¿Por qué no?

El Plan Energético Nacional (PEN) establece la implementación gradual de generación nuclear en respuesta al crecimiento de la demanda de energía y la necesidad de expandir la capacidad de generación con bajas emisiones. Se proyecta que hacia 2038 se tenga un marco normativo para la incorporación de la energía nuclear en la matriz energética, comenzando con la implementación de reactores modulares pequeños.

La discusión legislativa en torno a la energía nuclear en Colombia avanza en la construcción de una ley nuclear que promueva su aplicación en áreas como la salud, el medio ambiente y la seguridad alimentaria. Sin embargo, aún se enfrentan obstáculos como la falta de claridad en la regulación y las dificultades técnicas para obtener licencias ambientales.

De esta manera, aunque la energía nuclear se presenta como una opción prometedora para diversificar la matriz energética de Colombia y reducir las emisiones de carbono, su implementación enfrenta desafíos significativos. El país deberá superar barreras regulatorias, técnicas y políticas para hacer realidad el potencial de la energía nuclear en su transición hacia un futuro energético más sostenible y seguro.

Lea tambiénPor Fenómeno de El Niño, MinMinas y CREG Anuncian Medidas de Flexibilización para Contratación de Energía

Durante el tercer trimestre de 2023, la industria panificadora en Colombia experimentó una contracción del 2% en su PIB, atribuida al aumento de precios en insumos esenciales como harina, huevos y mantequilla. La inflación y la importación de trigo a precios elevados afectaron los costos de producción, reduciendo los márgenes de ganancia y disminuyendo la demanda de productos panificados. A pesar de la disminución en el rendimiento y ventas internas, las exportaciones de productos panificados crecieron un 23,8% anual, destacándose en mercados como Venezuela y Estados Unidos. Las perspectivas futuras incluyen incertidumbre en la cadena de suministro global debido a problemas en el Canal de Panamá y tensiones en el Mar Rojo, lo que podría aumentar la volatilidad de precios y afectar la disponibilidad de productos en el mercado, especialmente la harina de trigo.

La agroindustria de la caña de azúcar en el norte del Cauca enfrenta desafíos con la invasión de tierras y el aumento de los costos de producción afectando negativamente la actividad. A nivel internacional, el país presenta un superávit comercial, aunque los precios de importación y exportación experimentaron aumentos en los primeros diez meses de 2023.

El cultivo de caña de azúcar se mantiene como una parte importante de la agricultura colombiana, ocupando el 51,4% del área sembrada. El Valle del Cauca lidera la siembra a nivel nacional, seguido por Cauca, Cundinamarca, Antioquia y Chocó. En el ámbito de comercio exterior, las importaciones de azúcar y panela han experimentado un aumento en volumen con Brasil consolidándose como el principal proveedor. Las exportaciones, por otro lado, muestran un crecimiento con Estados Unidos como el principal destino. Los principales productos exportados provienen de la elaboración y refinación de azúcar y la elaboración de panela.

La energía nuclear representa el 10,4% de la energía global y es una de las alternativas con menores emisiones de carbono.

Colombia cuenta con un reactor nuclear desde hace 60 años, el cual fue donado por Estado Unidos.

Se proyecta que para 2038 se tenga un marco normativo para la incorporación de la energía nuclear en la matriz energética.

De acuerdo con las proyecciones recientes de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), las energías renovables están en camino a convertirse en la principal fuente de generación de electricidad a nivel mundial para principios de 2025, superando al carbón, se espera que su participación alcance el 37% en 2026.

Este cambio en la matriz energética conducirá a una reducción estructural de las emisiones de gases de efecto invernadero. El director ejecutivo de la agencia, Fatih Birol, destaca que el rápido crecimiento de las renovables y la expansión de la energía nuclear están en respuesta al incremento de la demanda mundial de electricidad. Se prevé que la energía nuclear alcance un récord de producción en 2025, superando los 3.000 TWh, gracias a la entrada en servicio de nuevos reactores en varios países. En conjunto, las renovables y la nuclear representarán casi la mitad de la generación eléctrica mundial en 2026, marcando un hito significativo en la transición hacia un sistema energético más sostenible.

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Colombia cuenta con un reactor nuclear desde hace 60 años, el cual fue donado por Estado Unidos. El objetivo de este era contribuir a la investigación científica en diversos sectores clave como la agricultura, la salud, la geología y la industria. Desde su instalación hasta 1990, el reactor se empleó para irradiar muestras de uranio y para la producción de radioisótopos, materiales radiactivos con aplicaciones en agricultura, procesos industriales y estudios hidrológicos y de minerales.

Inicialmente, el reactor estuvo bajo la administración del Instituto de Ciencias Nucleares y Energías Alternativas (Inea). Sin embargo, tras la liquidación de esta entidad en la década de los noventa, la responsabilidad del reactor fue transferida al Servicio Geológico Colombiano (SGC). En la actualidad, su uso se centra en la realización de estudios geocientíficos, representando una herramienta para la investigación y el avance en áreas relevantes para el desarrollo del país.

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La energía nuclear representa el 10,4% de la energía global y es una de las alternativas con menores emisiones de carbono, lo que la convierte en una opción atractiva en la transición hacia economías descarbonizadas, una meta que Colombia también persigue. En un mundo que busca aumentar la electrificación, construir un sistema híbrido de bajas emisiones se vislumbra como la mejor opción, y la energía nuclear figura como parte importante de esta canasta energética.

Aunque las energías renovables tienen su estacionalidad y dependen de condiciones atmosféricas, la energía nuclear también enfrenta desafíos, como el elevado costo de generación. A pesar de que Colombia es rico en fuentes hidroeléctricas y ha dependido en gran medida de esta fuente de energía, la discusión sobre la energía nuclear ha ganado terreno.

Los avances tecnológicos en la industria nuclear han llevado al desarrollo de reactores más pequeños y modulares, lo que podría hacer que la energía nuclear sea más accesible y adaptable a las necesidades colombianas. Sin embargo, expertos advierten que el camino hacia una industria nuclear en Colombia será largo, especialmente con las limitaciones técnicas y regulatorias actuales.

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El Plan Energético Nacional (PEN) establece la implementación gradual de generación nuclear en respuesta al crecimiento de la demanda de energía y la necesidad de expandir la capacidad de generación con bajas emisiones. Se proyecta que hacia 2038 se tenga un marco normativo para la incorporación de la energía nuclear en la matriz energética, comenzando con la implementación de reactores modulares pequeños.

La discusión legislativa en torno a la energía nuclear en Colombia avanza en la construcción de una ley nuclear que promueva su aplicación en áreas como la salud, el medio ambiente y la seguridad alimentaria. Sin embargo, aún se enfrentan obstáculos como la falta de claridad en la regulación y las dificultades técnicas para obtener licencias ambientales.

De esta manera, aunque la energía nuclear se presenta como una opción prometedora para diversificar la matriz energética de Colombia y reducir las emisiones de carbono, su implementación enfrenta desafíos significativos. El país deberá superar barreras regulatorias, técnicas y políticas para hacer realidad el potencial de la energía nuclear en su transición hacia un futuro energético más sostenible y seguro.

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Tres reformas son la insignia del denominado gobierno del cambio; la pensional, la laboral y la de salud. Tras 18 meses de haber asumido el liderazgo del país, el presidente Gustavo Petro, analizamos el estado en el que se encuentran las citadas reformas.

La reforma más avanzada es la de salud, pues el texto definitivo, tras su aprobación en la Plenaria de la Cámara, avanzará hacia la Comisión Séptima del Senado de la República, donde iniciará su tercer debate, siendo este el tercero de los cuatro requeridos en total.

Por su parte, en la reforma pensional, aunque se han presentado tres ponencias desde septiembre de 2023, el segundo debate en la Plenaria de Senado aún no ha sido agendado. Esta demora se debe a la falta de consenso en torno a la iniciativa, según lo han expresado varios miembros del Congreso. La discusión de este tema está programada para febrero de 2024, una vez que se reanuden las sesiones ordinarias.

La reforma que ha tenido menos avance ha sido la laboral, la cual se hundió en la primera legislatura de 2023 y volvió a ser radicada en agosto de 2023, hasta el momento no ha tenido el primero de cuatro debates y se estima que se presente en febrero de 2024.

La agroindustria de la caña de azúcar en el norte del Cauca enfrenta desafíos con la invasión de tierras y el aumento de los costos de producción afectando negativamente la actividad. A nivel internacional, el país presenta un superávit comercial, aunque los precios de importación y exportación experimentaron aumentos en los primeros diez meses de 2023.

El cultivo de caña de azúcar se mantiene como una parte importante de la agricultura colombiana, ocupando el 51,4% del área sembrada. El Valle del Cauca lidera la siembra a nivel nacional, seguido por Cauca, Cundinamarca, Antioquia y Chocó. En el ámbito de comercio exterior, las importaciones de azúcar y panela han experimentado un aumento en volumen con Brasil consolidándose como el principal proveedor. Las exportaciones, por otro lado, muestran un crecimiento con Estados Unidos como el principal destino. Los principales productos exportados provienen de la elaboración y refinación de azúcar y la elaboración de panela.

Los sectores con mayores alertas fueron: agrícola, transporte y logística, y petróleo. 

El sector con mayores oportunidades fue: turismo

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