Procesamiento Frutas, Legumbres, Verduras, Hortalizas y Tubérculos

Procesamiento Frutas, Legumbres, Verduras, Hortalizas y Tubérculos (7)

El fortalecimiento del peso colombiano se consolidó durante 2026 como la principal variable de presión sobre los ingresos del agroexportador nacional. De acuerdo con el comentario económico de ANIF, la Tasa Representativa del Mercado (TRM) pasó de $4.308 el 1 de enero de 2025 a $3.334 el 6 de julio de 2026, una reducción de $974 equivalente a una apreciación del 22,6%. Bajo un ejercicio de sensibilidad que mantiene constante el volumen despachado, el centro de estudios calculó que cada variación de COP$100 en la tasa de cambio genera un impacto de $34.000 millones sobre el valor de las exportaciones cafeteras.

La cifra dimensiona en pesos un fenómeno que hasta ahora se había descrito en términos cualitativos: la rentabilidad del productor depende hoy menos de la cotización internacional del grano que de la conversión de esos dólares a moneda local, en un esquema donde la nómina, los fertilizantes, el transporte interno y los servicios se liquidan íntegramente en pesos colombianos.

El fenómeno también es regional: desde comienzos de 2025, un grupo de divisas latinoamericanas se apreció en promedio un 19,0% frente al dólar. En Costa Rica, donde el colón se fortaleció un 13,0% en ese mismo lapso, la empresa Del Monte anunció en mayo el cierre de cuatro plantaciones bananeras y la desvinculación de 850 trabajadores. La Federación Nacional de Cafeteros (FNC) advirtió a comienzos de julio que la apreciación erosiona la competitividad del país e instó al Gobierno a ampliar las herramientas de cobertura cambiaria y las líneas de crédito disponibles para los productores.

Las cifras gremiales confirman la magnitud del ajuste en los dos cultivos. La FNC reportó que las exportaciones de café sumaron 5,23 millones de sacos de 60 kilogramos durante el primer semestre de 2026, un descenso del 18,0% frente al mismo periodo del año anterior, mientras la producción acumulada cayó un 10,0% hasta 5,58 millones de sacos, pese al repunte del 43,0% registrado en junio.

En el banano, la Asociación de Bananeros de Colombia (Augura) informó que el sector cerró 2025 con exportaciones por US$1.309 millones y el tercer lugar entre los exportadores de América Latina, aunque su presidente, Emerson Aguirre, precisó que la fruta se comercializa mediante contratos anuales que impiden trasladar los sobrecostos al comprador antes de las negociaciones de octubre. La Asociación de Bananeros del Magdalena y La Guajira (Asbama) añadió que el impuesto predial rural, los costos energéticos y las tarifas logísticas aumentaron de forma simultánea durante 2026. En conjunto, las cadenas de café, flores, banano, palma de aceite, azúcar y aguacate exportan US$10.258 millones y sostienen cerca de 2,5 millones de empleos formales, directos e indirectos.

Para Sectorial, el ejercicio de sensibilidad de ANIF traslada la discusión cambiaria a un terreno medible y permite ordenar prioridades. Una elasticidad de $34.000 millones por cada COP$100 de TRM implica que la corrección acumulada de $974 desde enero de 2025 supera cualquier compensación factible por la vía de mejoras marginales de productividad en el corto plazo. El punto crítico es la asimetría de la estructura financiera: el ingreso se indexa al dólar, mientras la nómina, el predial rural y la energía se ajustan por inflación y por salario mínimo local. Esa combinación golpea con mayor fuerza a las explotaciones pequeñas y medianas, que carecen de escala para contratar coberturas financieras y de músculo de caja para absorber un ciclo prolongado. La respuesta estructural no está en esperar una devaluación, sino en tres frentes verificables: ampliar el acceso a instrumentos de cobertura para productores medianos, acelerar la transformación industrial del grano y de la fruta para capturar márgenes fuera del commodity, y diversificar destinos de exportación. Sin esos ajustes, la sostenibilidad del empleo rural formal queda atada al ciclo del dólar.

 

La Asociación Colombiana de Cultivadores de Blueberries (Asocolblue), a través de su Comité de Promoción del Arándano Colombiano, lanzó al mercado el sello distintivo “Arándano Colombiano”. Esta iniciativa tiene como propósito fundamental que los consumidores logren identificar de manera más sencilla el origen nacional de la fruta. Asimismo, busca resaltar las características diferenciales del producto local, tales como su frescura, calidad y la gran intensidad de su sabor, promoviendo al mismo tiempo la vinculación de nuevos productores para expandir el mercado de este cultivo.

Según El Tiempo, el sector ha mostrado un dinamismo notable en su producción, consolidando un volumen de 12.000 toneladas de arándanos y cerca de 1.000 hectáreas cultivadas en el año 2025. Para este 2026, el gremio proyecta un crecimiento del 20,0% en el área cultivada, lo que permitiría alcanzar aproximadamente las 1.200 hectáreas en el país. El presidente de la junta directiva de Asocolblue, Fredy Cortés, destacó que el territorio nacional posee las condiciones óptimas para ofrecer altos estándares de calidad, un factor clave para responder al incremento de la demanda.

Actualmente, el 95,0% de la producción de arándanos en Colombia se destina al consumo interno, un mercado que también recurrió a las importaciones superando los 10,0 millones de dólares entre enero y septiembre de 2025. En materia de comercio exterior, el país registró la exportación de 574.607 kilogramos de la fruta, lo cual representó un valor estimado entre los 3,0 y 3,5 millones de dólares, teniendo como destino principal el mercado de los Estados Unidos.

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El sector frutícola colombiano proyecta exportaciones superiores a US$2.400,0 millones para 2026, impulsado por el cierre récord de 2025, cuando las ventas externas del sector alcanzaron US$1.273,1 millones, con un crecimiento del 11,3 % frente al año anterior. Este dinamismo ya se refleja en el primer bimestre de 2026, periodo en el que las exportaciones agropecuarias totales sumaron US$2.681,3 millones, un incremento del 17,2 % que consolida al sector agrícola como un pilar de la canasta exportadora no minera del país. Los productos que lideran este crecimiento son el banano, el aguacate Hass, el plátano fresco y el limón Tahití, mientras que frutas como la uchuva, la gulupa y la granadilla ganan participación en mercados internacionales.

Según el portal Agronegocios, el Puerto de Santa Marta se ha posicionado como un punto estratégico para la exportación de frutas frescas, registrando un aumento del 27,0 %. Estos avances en infraestructura han contribuido a mejorar las condiciones de transporte y a extender la vida útil de los productos en los mercados de destino, factores determinantes para la competitividad del sector en mercados cada vez más exigentes.

No obstante, persisten desafíos estructurales que frenan el potencial exportador. Los costos logísticos internos pueden representar hasta el 35,0 % del valor final del producto, afectando directamente los márgenes de los productores. A esto se suman las estrictas exigencias fitosanitarias y certificaciones obligatorias, que actúan como barreras de entrada para los pequeños y medianos productores. Ante este panorama, la tecnificación y la trazabilidad emergen como prioridades para sostener el crecimiento del sector en el mediano plazo.

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El sector frutícola colombiano proyecta exportaciones superiores a US$2.400,0 millones para 2026, impulsado por el cierre récord de 2025, cuando las ventas externas del sector alcanzaron US$1.273,1 millones, con un crecimiento del 11,3 % frente al año anterior. Este dinamismo ya se refleja en el primer bimestre de 2026, periodo en el que las exportaciones agropecuarias totales sumaron US$2.681,3 millones, un incremento del 17,2 % que consolida al sector agrícola como un pilar de la canasta exportadora no minera del país. Los productos que lideran este crecimiento son el banano, el aguacate Hass, el plátano fresco y el limón Tahití, mientras que frutas como la uchuva, la gulupa y la granadilla ganan participación en mercados internacionales.

Según el portal Agronegocios, el Puerto de Santa Marta se ha posicionado como un punto estratégico para la exportación de frutas frescas, registrando un aumento del 27,0 %. Estos avances en infraestructura han contribuido a mejorar las condiciones de transporte y a extender la vida útil de los productos en los mercados de destino, factores determinantes para la competitividad del sector en mercados cada vez más exigentes.

No obstante, persisten desafíos estructurales que frenan el potencial exportador. Los costos logísticos internos pueden representar hasta el 35,0 % del valor final del producto, afectando directamente los márgenes de los productores. A esto se suman las estrictas exigencias fitosanitarias y certificaciones obligatorias, que actúan como barreras de entrada para los pequeños y medianos productores. Ante este panorama, la tecnificación y la trazabilidad emergen como prioridades para sostener el crecimiento del sector en el mediano plazo.

Las ventas externas de uchuva colombiana evidencian una recuperación durante el primer bimestre del 2026. Tras enfrentar una contracción del 9,2% al cierre del ciclo de 2025, donde las exportaciones sumaron US$41,3 millones frente a los US$45,5 millones registrados en el 2024, el mercado reporta un crecimiento inicial del 6,5%. Dicha variación positiva representa ingresos por US$8,5 millones, superando los US$8,0 millones obtenidos en los dos primeros meses del 2025. Simultáneamente, el volumen despachado alcanzó las 1.486 toneladas netas, marcando un incremento del 2,1% en comparación con las 1.455 toneladas comercializadas previamente.

Frutas Tropicales y Subtropicales: análisis y cifras

Según la Asociación Nacional de Comercio Exterior (ANALDEX), la dinámica regional de la comercialización internacional muestra una marcada concentración productiva. Cundinamarca lidera ampliamente la canasta exportadora al generar US$21,5 millones, cubriendo una participación del 52,3 % y logrando un crecimiento del 31,3 %. Por el contrario, la capital del país experimentó caída del 62,2 %, reduciendo su cuota al 17,4 % con ingresos de US$7,2 millones. Antioquia ocupa la tercera posición al aportar US$6,8 millones, equivalentes al 16,6 % del total nacional, tras registrar un avance del 30,6 %.

A nivel internacional, los Países Bajos se consolidan como el principal destino de la fruta nacional. Durante el arranque del año, dicho mercado adquirió producto por US$5,4 millones, concentrando el 64,5 % de la participación total y evidenciando un aumento del 22,3 %. En segundo lugar, se ubica Estados Unidos con una cuota del 11,1 %, aunque reportando una contracción del 15,6 % al sumar compras por US$940.313,0. Los líderes gremiales proyectan que la demanda externa mantendrá una tendencia favorable, impulsando el crecimiento general de las agroexportaciones colombianas hacia diferentes destinos comerciales.

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El Gobierno Nacional radicó oficialmente un expediente técnico y científico ante la Unión Europea para solicitar la autorización de comercializar harina de cacay bajo la categoría de nuevos alimentos. Dicho fruto, originario de las regiones de la Amazonía y la Orinoquía, destaca por sus excepcionales propiedades nutricionales. La semilla contiene hasta un 60,0 % de aceite rico en grasas insaturadas, mientras que el polvo obtenido tras la extracción oleosa logra aportar hasta un 40,0 % de proteína y altos niveles de fibra, convirtiéndolo en un ingrediente de alto valor agregado para la industria gastronómica internacional.

Según el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, el hito regulatorio culmina una fase técnica de alta exigencia iniciada en 2024. Tras superar la etapa administrativa actual, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria dispondrá de un periodo de hasta nueve meses para evaluar la inocuidad y trazabilidad del producto. El documento presentado demuestra un consumo histórico seguro durante al menos 25 años, integrando evidencia sobre los procesos productivos sostenibles. La iniciativa contó con el respaldo estratégico del sector empresarial, el cual aportó información vital para garantizar el suministro de materia prima y validar el escalamiento industrial.

Más allá de los atributos alimenticios, el cultivo del cacay genera un impacto territorial al promover la conservación de la biodiversidad mediante sistemas agroforestales que restauran tierras degradadas. Actualmente, la cadena productiva involucra a más de 500 familias campesinas e indígenas, dinamizando las economías locales bajo los principios del comercio justo. De obtener el aval europeo, el país lograría diversificar su canasta exportadora y consolidaría un modelo de bioeconomía replicable, demostrando la viabilidad de transformar la riqueza natural en un desarrollo socioeconómico con altos estándares globales.

Principalmente el frijol verde se ha consolidado como uno de los rubros que más presiona la canasta familiar. Esto ocurre tras registrar un incremento sostenido en su valor comercial dentro de los principales mercados mayoristas del país. Dicho fenómeno inflacionario obedece a una compleja combinación de factores técnicos y logísticos. Entre ellos están la disminución en los volúmenes de cosecha disponibles y el encarecimiento de los fletes por el precio del combustible. Así, estas razones han restringido la oferta en las centrales de abasto. Tal desajuste entre la disponibilidad del grano y la demanda genera un ajuste inmediato en las tarifas. Finalmente, este aumento termina asumiéndolo el comprador final.

Según el Diario del Sur, esta situación golpea con mayor severidad a los hogares de recursos limitados. Para estas familias, las legumbres representan una fuente esencial de proteína vegetal frente a los altos costos de la carne. En consecuencia, miles de familias se han visto forzadas a racionalizar su consumo o priorizar otros alimentos. Además, los comerciantes de barrio ya perciben este cambio a través de una mayor cautela en las compras diarias. Lo anterior refleja cómo la volatilidad de los precios agrícolas altera la calidad nutricional y la planificación financiera de la población vulnerable.

Los analistas económicos advierten que este tipo de alzas, cuando coinciden con otros incrementos en alimentos básicos, generan un efecto acumulativo difícil de mitigar para la economía doméstica. De cara a las próximas semanas, la evolución del mercado dependerá de la recuperación de los ciclos productivos y los costos de transporte. Sin embargo, existe incertidumbre dado que los factores estructurales podrían impedir una corrección rápida de los precios. Así, el frijol verde se mantiene como un termómetro de los retos logísticos y climáticos. Estos factores impiden la estabilidad alimentaria en el territorio nacional.